Proselitismo oficial y competencia desleal

El IFE y un amplio número de analistas se han pronunciado en contra del anuncio foxista de que dedicará tiempo y esfuerzo en apoyar la campaña del candidato panista a la presidencia. El llamado va a otros líderes políticos, por si acaso. Hasta donde entiendo, el argumento es que si un oficial electo hace proselitismo en favor de los candidatos de su partido estaría abusando de recursos públicos, como su imagen y sus choferes, para hacer “competencia desleal” que, además de ilegítima, haría menos equilibrada y competitiva la elección presidencial, estatal o distrital. Mis reacciones:

1. ¿Qué es o cómo se come la competencia desleal o ilegítima? Si no es delito que Fox apoye a Creel, o Montiel a Peña, o AMLO a Polevnsky o a Ebrard, ¿por qué estamos tan mortificados? ¿Acaso no es este mismo activismo de Madrazo, Fox y AMLO, lo que desde ahora nos garantiza una elección competitiva como nunca?

2. Existe el argumento de que la democracia mexicana es una niña inocente, que proviene de un autoritarismo donde un partido oficial se las ganaba de todas todas por medios ilegítimos, por lo que sería un retroceso que un (ahora legítimo) gobernante se ponga a hacer proselitismo. Pero, ¿qué tal que un gobernante quiere usar su legitimidad o popularidad para comprarle unos votos a su candidato favorito? ¿Por qué no dejamos que el electorado decida donde ponerle raya a los candidatos y sus campañas? Si ya tenemos tres partidos fuertes, ¿por qué le seguimos teniendo miedo al lobo?

3. Entiendo que el IFE y otros actores “tienen que decir” todo esto, a costa de perder legitimidad como árbitros u observadores neutrales. Pero ya en serio, ¿de verdad alguien cree que algún gobernador de cualquier partido se atará las manos en el 2006? Me queda claro, eso sí, que el IFE tiene que afilar lo más que pueda sus pocos dientes y su maquinaria fiscalizadora.

4. Las democracias modernas tienen una característica llamada “incumbency advantage”, cuyo origen y fuerza, aunque incómoda para algunos politólogos, es bastante normal. Aún antes de que comience alguna precampaña o campaña, los suspirantes tienen condiciones iniciales diferentes: resulta casi imposible que un jefe de gobierno del D.F. o un gobernador electo tenga igual o menos reconocimiento entre el electorado que un misterioso diputado o un prohombre del norte o sur. ¿Pero qué le hacemos? ¿Le cobramos impuestos a los candidatos populares para subsidiar a los desconocidos?

5. La competencia electoral “on a level playing field” es un mito que confunde a muchos. La única forma de conseguir que todos los candidatos tuvieran la misma probabilidad de ganar sería hacer un sorteo entre todo el padrón elegible. Según entiendo, la normalidad democrática consiste en un conjunto de reglas claras y parejas para todos los contendientes, no de oportunidades o resultados igualmente probables. Si con mucho más adversidades ya sacamos al PRI de Los Pinos, ¿por qué tanto miedo a que llegue al poder un candidato ilegítimo X y que nunca lo podamos volver a sacar?

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