Votar donde duele

Mucho se ha hablado del voto nulo como herramienta de castigo “a los partidos”. Más allá del valor expresivo (feel good value) de tomarse la molestia de ir a votar… por nadie, vale la pena comentar sobre los efectos observables del voto nulo en México.

El voto nulo cuenta para la tasa de participación (turnout) y para calcular la tasa de votación necesaria para que un partido mantenga su registro de un partido nacional (en México, 2%), pero no cuenta para determinar la asignación de curules por representación proporcional (RP). Esto implica que los votos nulos producen efectos encontrados en la probabilidad de supervivencia de un partido pequeño, por un lado, y en el tamaño de su bancada, si acaso mantiene el registro, por otro.

Veamos un ejemplo con peras y manzanas para ilustrar estos efectos. Consideremos un caso extremo. Si hubiera 10 millones de votos, y 2 millones de votos nulos (20%, una señal fuerte como pocas), cada partido debería conseguir al menos 200 mil votos para mantenerse con vida. Por lo tanto, mientras mayor sea el número de votos nulos, más difícil será librar el umbral mínimo del 2% para cada partido–llamemos a esto efecto umbral.

Sin embargo, una vez superado este umbral, los votos nulos (y los de candidatos no registrados) se restan de la votación total para poder asignar las curules RP entre los partidos “con registro” (como es obvio, los votos nulos no pueden conseguir curules).

Siguiendo con el ejemplo extremo, ¿cuántas curules conseguiría un partido pequeño X–de esos que tanto decepcionan a muchos– de haber conseguido 300 mil votos (y con ello más del 2% requerido para sobrevivir)?

Restemos 2 millones de nulos y asumamos que cero votos para candidatos “no registrados”. Ahora el voto total válido es de 8 millones, y al partido X le corresponderían 3.75% de curules RP, algo así como 7 u 8 curules. Pero, de no haber habido 8 sino 10 millondes de votos válidos (asumamos que ninguno de estos nulos se inclinaría por X), el partido X sólo hubiera recibido 3% de votos y 6 curules RP. Llamemos a esto efecto RP.

Las cifras de este ejemplo son algo exageradas pero el punto central se mantiene: a mayor número de votos nulos, más votos serán necesarios para que cualquier partido sobreviva (a mayor número de nulos, mayor efecto umbral). Sin embargo, aquellos partidos chicos que superen el umbral de 2% de la votación total, acabarán recibiendo más curules RP con relación a las que obtendrían sin los votos nulos (a mayor número de nulos, mayor efecto RP).

El efecto umbral hace la vida difícil a los partidos pequeños. Pero el efecto RP les da más curules a los partidos que sobreviven. Para niveles de voto nulo más realistas, digamos de entre 2 o 3% de la votación total –como los que hemos observado en elecciones pasadas– el efecto umbral y el efecto RP son muy pequeños y practicamente se cancelan mutuamente. Por eso algunos insistimos con necedad instrumental: ¿de qué sirve anular el voto si, aunque te haga sentir como un gran ciudadano castigador en realidad no lastima a (casi) nadie? Mejor hay que votar donde duele.

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5 thoughts on “Votar donde duele

  1. Mierda! Le vamos a dar más votos al PANAL a cambio del matar el PSD?

  2. Pingback: Elección 2009: corte de caja « Javier Aparicio / Public Economics

  3. Pingback: Voto nulo ¿otra vez? | Javier Aparicio dot net

  4. Pingback: Elecciones en España 2011 | Javier Aparicio dot net

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