A un mes de la elección

He aquí mi tercera entrega para El Universal sobre las campañas federales de 2009. Nada nuevo, pero la copio “for the record”.

“Para la mayoría de los votantes resulta lógico y natural no prestar mucha atención al
proceso político-electoral hasta que se acerca el momento de tomar dos
decisiones clave: acudir a votar o no y, en caso de hacerlo, qué opción elegir,
y como no se requiere una gran cantidad de información para tomar estas poco
costosas decisiones, basta hacer caso omiso del ruido electoral hasta unos días
antes de la elección.

Antes de este periodo las intenciones de voto reflejan principalmente la llamada afinidad partidista y existe una gran incertidumbre de hacia dónde se inclinarán los votantes indecisos o independientes —si acaso votan, claro está.

Las elecciones intermedias tienden a generar poco interés por parte del electorado: es una contienda con muchos candidatos (baste ver la lluvia de nombres y rostros en los pendones y bardas de cada pueblo o colonia), de quienes poco se sabe y poco se espera, toda vez que casi nadie conoce las funciones de un legislador. El Congreso es un poder colectivo sin nombre propio en el que la atribución de responsabilidad se diluye fácilmente: todo lo malo de la política se debe a la “bancada de enfrente”.

(…)

“Por último, existen ciertas voces a favor de anular el voto este 5 de julio. El argumento, al parecer, estriba en dar una señal fuerte a los partidos políticos del descontento e indiferencia que generan entre un grupo de ciudadanos. Tomarse el esfuerzo de acudir a las urnas y anular el voto resulta una intención acaso encomiable, como lo es el acto cívico de votar por quien sea, pero poco útil en cuanto a sus consecuencias reales. El porcentaje de votos es lo único que importa en una elección, y un voto por un partido rival es mucho más doloroso para cualquier partido que un voto nulo o una abstención.”

La columna completa está aquí

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