Desastres naturales

Aquí mi columna semanal para Excélsior, “Voto razonado” (21 septiembre 2013), donde discuto la economía política de la respuesta a los desastres naturales.

Desastres naturales

Los políticos no pueden impedir que los desastres naturales ocurran, pero sí pueden prevenir y mitigar sus daños económicos y sociales mediante políticas públicas adecuadas. Por diversas razones, los ciudadanos no siempre invierten suficientes recursos para protegerse de posibles desastres naturales. El gobierno, que en principio cuenta con más recursos, información oportuna y un mandato legal para prevenir y responder ante los desastres naturales, enfrenta otro tipo de problemas.

Los costos de un desastre natural dependen de la magnitud del mismo, de la riqueza y densidad poblacional del área afectada y, en tercer lugar, de la infraestructura física disponible para mitigar sus efectos. La evidencia de las últimas décadas sugiere que los desastres naturales ocurren por igual en países desarrollados y no desarrollados, pero el número de muertes es menor en los primeros: el desarrollo económico permite proteger a la sociedad de los imprevisibles embates de la naturaleza. Por otro lado, los desastres naturales producen un menor número de víctimas en los países democráticos que en los no democráticos y hay que entender por qué.

En un país democrático, los gobernantes requieren del apoyo de un amplio grupo de votantes para llegar y permanecer en el poder. En la medida en que los votantes perciban que corresponde al gobierno el proveer infraestructura para enfrentar desastres naturales, les exigirán cuentas: si este produce muchas víctimas, los votantes castigarán a los gobernantes en las urnas. Por ello no debe sorprendernos que una respuesta típica de los políticos en el poder sea culpar a la imprevisible naturaleza de las consecuencias de su incompetencia presente o pasada: es una forma de evadir su responsabilidad. Si bien la ubicación o intensidad específica de un terremoto o huracán puede ser imprevisible, los niveles de riesgo o vulnerabilidad de diferentes zonas del país no lo son.

En un régimen autoritario, o con instituciones menos democráticas, los gobernantes requieren del apoyo de un grupo mucho menor de personas que en una democracia consolidada. En este caso, la provisión de bienes públicos tales como la infraestructura para paliar desastres naturales es relativamente menos importante para que aquellos permanezcan en el poder.

En todo caso, un desastre natural de grandes proporciones puede tener consecuencias políticas importantes y que van desde un fuerte voto de castigo hasta detonar protestas en contra del gobierno. Los políticos lo saben  y actúan en consecuencia. Quizá por ello otra respuesta típica de los políticos en el poder sea acudir a las zonas más dañadas a pronunciar discursos y realizar actos simbólicos de diversa índole: tienen que demostrarle a la ciudadanía que se preocupan y están tomando cartas en un asunto urgente.

Los medios de información también tienen un papel fundamental en la conducta de los gobernantes: una cobertura noticiosa crítica, oportuna y libre de censura permite que la sociedad exija más y mejor atención de sus gobernantes frente a un desastre natural. Por ello es preocupante que algunos comunicadores sugieran que los desastres naturales son del todo imprevisibles y que sus costos sociales afecten por igual a todos cuando éste no es el caso: la pérdida de vidas humanas o del patrimonio de miles de familias es más grave que la afectación temporal de los turistas, por ejemplo.

Por último, y más allá de los esfuerzos voluntarios de un gran número de ciudadanos, a la sociedad también le toca hacer su parte. La vulnerabilidad de diversas regiones del país ante desastres como los ocurridos esta semana tiene que ver con carencias importantes que van desde una infraestructura pobre —carreteras y puentes de mala calidad, sistemas de drenaje insuficientes, calles no pavimentadas— hasta malas políticas públicas tales como permitir asentamientos humanos en zonas de alto riesgo. Pues bien, estas carencias no se pueden resolver sin una mayor recaudación de impuestos y un mejor gasto público.

Lecturas relacionadas:

Advertisements