Representación proporcional

Mis últimas dos columnas para Excelsior han tratado sobre los sistemas de representación proporcional y las ventajas o desventajas de los legisladores plurinominales, un tema que Javier Márquez y yo hemos analizado previamente en el libro Debatiendo la Reforma Política (CIDE, 2010). Aquí están ambas columnas y una gráfica ilustrativa de nuestro argumento.

Congreso2012Hipotetico

Plurinominales (23 agosto 2014)

Hace más de cuatro años, legisladores del PAN y el PRI propusieron en sendas iniciativas reducir el número de diputados plurinominales. Al final, el asunto no transitó, como dicen por allá. En los debates sobre la reforma política del año pasado ninguno de los principales partidos puso el tema en la mesa. Esta semana, sorpresivamente, César Camacho, presidente del PRI, retomó el tema al anunciar que su partido impulsará una consulta popular para reducir de 200 a 100 los diputados plurinominales y eliminar los 32 senadores de representación proporcional.

Por hoy dejaré de lado si esta propuesta es seria o si se trata sólo de una estrategia para hacerle sombra a las consultas ciudadanas sobre la Reforma Energética y salarios mínimos, impulsadas por los partidos de izquierda y el PAN, respectivamente. Por otro lado, las consecuencias de esta propuesta son relativamente fáciles de evaluar. Veamos.

¿Tenemos un Congreso demasiado grande? Depende. Estados Unidos, un país mucho más grande que el nuestro, tiene una cámara de 435 representantes, mientras que los parlamentos de Alemania e Italia, países más pequeños, tienen más de 600 asientos. En México tenemos un diputado por cada 240 mil habitantes. ¿Es mucho o es poco? No lo sé, pero lo cierto es que, en principio, una Cámara con 100 curules es menos representativa que una de 500. Quizás el tamaño del Congreso no importa tanto como el desempeño de sus integrantes —y esto depende de las reglas con las que son elegidos—.

Hay quien dice que la ciudadanía detesta a los plurinominales porque “nadie votó por ellos”. De hecho, sí votamos por ellos pero de manera indirecta: detrás de cada boleta electoral para diputados de mayoría relativa hay una lista de plurinominales. El problema es que, si hay dos formas de elegir diputados, deberíamos tener dos boletas en vez de una.

También se dice que “los pluris no responden a nadie (más que a sus líderes de partido)”. Resulta que, en un mundo sin reelección, esto es tan cierto para los pluris como para los uninominales. Es un hecho que los ciudadanos desconfían de los políticos en general y de los legisladores en particular. Desconozco si desconfían más de los pluris que de los legisladores de mayoría relativa.

“Pero es que no hacen ni sirven de nada”. De hecho, los plurinominales tienden a ser políticos más experimentados que los uninominales. Si alguien lo duda, basta ver quiénes tienden a presidir las comisiones legislativas más importantes y quién ocupa más a menudo la tribuna. Pero hay más, la mayoría de los regímenes parlamentarios sólo tienen pluris. De algo han de servir.

Es cierto, los votantes no tenemos mucho que decir sobre quién llega a las listas de pluris. Eso se remediaría con permitir votar por los integrantes de cada lista en vez de votar por una lista cerrada y bloqueada. Curiosamente, ningún partido lo ha propuesto.

También se dice que reducir el tamaño del Congreso ayudaría a la formación de mayorías y a la negociación de acuerdos. Esto es falso. El Senado es más pequeño que la Cámara de Diputados y los acuerdos o la parálisis son similares en ambas cámaras. En el libro Debatiendo la Reforma Política (CIDE, 2010), Javier Márquez y yo estimamos el impacto de pasar de 200 a 100 diputados plurinominales y encontramos que el impacto es trivial. Hoy las bancadas del PRI, PAN y PRD tienen 41.4, 22.8 y 20% de la Cámara de Diputados, respectivamente. Hipotéticamente, si sólo hubiera 100 pluris y los porcentajes de votos hubieran sido los mismos, estas tres bancadas serían de 41.5, 22.5 y 20.7%. En resumen, 100 o 200 pluris producen el mismo tipo de Congresos.

La función principal de los diputados de representación proporcional es ayudar a que el porcentaje de votos emitido en las urnas se parezca al porcentaje de asientos que recibe cada partido: proporcionalidad. Si no existieran pluris, hoy el PRI tendría 54% de la Cámara de Diputados con sólo 32% de los votos para diputados. Eso se llama sobrerrepresentación y es una de las claves para entender nuestro pasado autoritario. Cuidado.

Proporcionalidad (30 agosto 2014)

¿Cuál es la mejor forma de elegir a nuestros representantes? Responder que mediante elecciones y el voto popular es una respuesta insuficiente porque hay muchas formas de agregar las preferencias del electorado y decidir quién debe ocupar un cargo de elección popular.

Si el cargo es unipersonal, como en el caso de un gobernador, un Presidente, una elección de mayoría relativa parecería ser la opción más sencilla y sensata. Pero ¿qué hacer si ninguno de los candidatos consigue la mayoría absoluta de votos? Se podría convocar a una segunda vuelta entre los dos punteros, como de hecho ocurre en muchos países latinoamericanos. ¿Por qué nosotros no lo hacemos?

¿Cómo elegir a los integrantes de un Congreso? En este caso se trata de elegir a un conjunto de representantes y la cosa es más complicada. Una forma sencilla de hacerlo es mediante un sistema de mayoría relativa, tal y como se hace en Estados Unidos, Inglaterra, o como se hacía en México hasta 1977. Se fija un número específico de distritos y el ganador por mayoría de votos en cada demarcación será el representante de todos sus habitantes. Este mecanismo privilegia la representación geográfica o poblacional y facilita la rendición de cuentas: aunque las decisiones se toman mediante coaliciones legislativas, cada votante sabe con facilidad quién lo representa en el Congreso y lo puede premiar o castigar según su desempeño.

Pero aquí comienzan los problemas. Sucede que cualquier sistema electoral de mayoría relativa produce sobrerrepresentación. En principio, es posible que una fuerza política que consiga el apoyo de la mitad, más uno de los votantes en la mitad, más uno de los distritos —es decir, poco más de 25% del electorado— tenga la mayoría absoluta en el Congreso, mientras que el resto resulta subrrepresentado.

Es por ello que en muchos países se recurre a reglas electorales de representación proporcional. La forma más sencilla de hacer esto es que cada partido ofrezca una lista de candidatos (las famosas listas plurinominales) y que lleguen al Congreso tantos representantes como votos tuvo cada partido. Este mecanismo privilegia la proporcionalidad o similitud entre el porcentaje de votos y el porcentaje de asientos a costa de diluir la rendición de cuentas de cada legislador en lo individual: los votantes saben que su partido tiene tanta fuerza como votos tuvo, pero no tienen claro quién en particular representa sus intereses locales.

¿Qué principio debe predominar? No es sencillo saberlo. En Estados Unidos hay serios problemas con la subrrepresentación de las minorías hispana y afroamericana, por ejemplo, mientras que en España hay serios problemas con sus diputados plurinominales. Quizá por ello existe un número creciente de países que optan por un sistema electoral mixto —con distritos de mayoría y distritos plurinominales— tal y como ocurre en Alemania o México desde 1977.

¿Cómo luciría el Congreso en México si no existieran legisladores plurinominales? En julio de 2012 el PRI, PAN y PRD obtuvieron, respectivamente, 31.9, 25.9 y 18.4% de los votos válidos para diputados. Con tales votos obtuvieron 52.7, 17.3 y 18.7% de los distritos de mayoría relativa de modo que, sin plurinominales, el Congreso sobrerrepresentaría al PRI en más de 20 puntos porcentuales.

Al echar mano del tope de sobrerrepresentación de 8% entre votos y asientos y 200 diputados plurinominales, las bancadas de los tres principales partidos finalmente fueron de 41.4, 22.8 y 20%, respectivamente. Como se aprecia, la Cámara de Diputados sigue teniendo un sesgo mayoritario, a pesar de contar con 200 pluris. Como dijimos antes aquí, este sesgo sería prácticamente  el mismo si contáramos sólo con 100 pluris porque antes de repartir tales curules se aplica el tope de 8 por ciento.

No es cuestión sencilla: por cada diputado plurinominal que no desquita su sueldo, quizás haya al menos un diputado de mayoría relativa que tiene más ganas de ser alcalde que en legislar por el interés general de su partido o su país.

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