¿Basta un referéndum para Grecia?

¿Bastaba un referéndum para que Grecia saliera de su crisis? En estos días ha habido un gran debate en redes sociales y blogs sobre Grecia, su deuda y “el referéndum”. Van unas notas al vuelo y desde un punto de vista no experto, conste.

1. Por un lado, leo a politólogos –y a otras voces que simpatizan con la democracia directa– argumentando que la “banca perversa” merece perder y “los griegos” ganar, y que es una gran cosa es que el pueblo griego decida si paga o no paga las deudas incurridas por su gobierno.

2. Por otro lado, leo a economistas famosos como Krugman argumentar que “la democracia vale más que un arreglo monetario”, a Piketty acusar a Alemania de carecer de autoridad moral para cobrar puesto que “nunca pagó sus deudas” con Europa tras la segunda guerra. Por su parte, Stiglitz se desgarra vestiduras al decir que los acreedores “ni necesitan” el dinero que exigen a Grecia. Y muchos otros más repitiendo que no sería la primera ni la única vez que hay que perdonar deudas a un país (digo, un gobierno) en aprietos.

3. Por desgracia, me temo que a muchas de esas voces les sobra romanticismo y les falta realismo. (Por fortuna, tampoco son escasos los economistas y politólogos –griegos y no– que lamentan todo esto y urgen al gobierno a negociar responsablemente: es decir, hay más debate sustancial que la aparente postura buena onda de apoyar al deudor contra el acreedor abusivo).

4. En efecto, la simple idea de someter a referéndum la negociación de una deuda soberana pone a prueba muchos supuestos de una democracia representativa, pero también cuestiona muchos supuestos sobre quién y cómo debe decidirse la política monetaria y fiscal de un país. ¿Qué pasaría si hubiera un referéndum en Alemania o el resto de Europa para decidir si salvan o no a Grecia? ¿Sería tan reluciente como el “greferendum”? ¿Le prestarías dinero a alguien que someterá a referéndum el futuro pago de sus obligaciones? ¿Cómo negociarías con un deudor que te llama terrorista?

5. Reality check. Sea cual fuere el resultado del referéndum, las deudas y déficits del estado Griego siguen allí; sea cual fuere el resultado del referéndum, la capacidad de pago, de implementar reformas o no, y los términos básicos de la negociación con “la troika” siguen allí.

6. Buenos vs. malos. A quienes compran la narrativa facilona de que los “banqueros alemanes y los tecnócratas troikos son unos abusivos” –la cual puede ser cierta–, les pediría considerar así sea solo por un momento la posiblidad –que también puede ser cierta– de que Tsipras es un gobernante entre populista e irresponsable, y que quizá el referéndum fue una artimaña política para fortalecerse al interior de cara a una crisis ineludible: la salida de Grecia del euro.

¿Irresponsable Tsipras? Lo irresponsable está en prometer hacia adentro y afuera un arreglo casi imposible y entonces convocar a un referéndum no vinculante sobre un acuerdo que ya no estaba en la mesa. De todas las formas en que puedes “renegociar una deuda”, usar una vía que implica cerrar bancos y confiscar depósitos de imprevisto y convocar a un referéndum magnánimo sin explicar clara y públicamente las consecuencias del SI o NO –¿cuál es el plan si gana el Sí, y si gana el No?–, me parece arriesgado y, de nuevo, irresponsable. Pero ya veremos.

7. Tragedias recurrentes. No será la primera vez que un gobiernos endeuda a su población más allá de su capacidad de pago. No sería la primera vez que otros gobiernos se la perdonan. Tampoco sería la primera vez que la sociedad (griega y no griega) acaba pagando los platos rotos de gobiernos (acreedores y deudores) irresponsables.

8. Have you no mercy? Sí. Por si acaso de algo sirve, expreso toda mi solidaridad con el pueblo griego (después de todo, aquí también hemos padecido déficits y crisis recurrentes–y políticos farsantes, también). Pero veo con desconfianza cualquier narrativa facilona en la que Tsipras es el héroe rebelde que Grecia (o Europa misma) esperaban mientras gran parte de su población ignora si podrá cobrar su próxima quincena o pensión, o si podrá pagar su hipoteca de varios años más.

9. El problema es el euro. Quizá. Pero de todas las formas posibles en que un país como Grecia podría salirse del euro, y de todas las formas posibles en que vale la pena revisar el esquema euro en toda Europa, esta me parece de las más desafortunadas e injustas con los griegos y la comunidad europea en general.

UPDATE. Pocos días después de este rant, dediqué mi columna semanal en Excélsior al mismo tema (11 julio 2015):

El Greferéndum 

Hace tan sólo una semana hubo un importante referéndum en Grecia. La pregunta era: si las propuestas de los acreedores de Grecia debían ser aceptadas o no. El “No” obtuvo una abrumadora mayoría de 61.3%, con una tasa de participación muy similar (62.5%).

En enero pasado, el partido de Tsipras obtuvo 36.3% de votos y 149 de 300 asientos del parlamento griego. Su principal promesa era dar marcha atrás a los exigentes programas de austeridad impuestos por la comunidad europea a cambio de recibir mayores transferencias y subsidios.

Sin lugar a dudas, el resultado del referéndum fortaleció el mandato popular del gobierno griego. Por desgracia, ni el referéndum ni su resultado fortaleció el poder de negociación del gobierno y, muy posiblemente, lo debilitó frente a la llamada Troika: la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

¿Bastaba un referéndum para que Grecia saliera de su crisis? Hay quien dice que el problema es que faltan más y más profundas reformas estructurales y, sí, más austeridad. Hay quien dice que, al contrario, la austeridad es ahora una de las causas de la crisis. Dejaré de lado el difícil problema de cómo resolver la crisis económica de Grecia —acuso ignorancia—, para discutir otra menos difícil: ¿tiene sentido someter a referéndum la negociación de una deuda?

Las lecturas más simplistas del asunto simpatizaron de inmediato con el referéndum y su resultado. Después de todo: ¿quién podría estar en contra de que el pueblo decidiera si debía pagar o no sus deudas? ¿Quién podría estar en contra de un pueblo que exige un “No” rotundo? Por desgracia, con o sin referéndum y sea cual fuere su resultado, las deudas y déficits del estado griego siguen allí, y los términos básicos de la negociación con la Troika siguen allí.

La simple idea de someter a referéndum la negociación de una deuda soberana pone a prueba muchos supuestos de una democracia representativa: si el votante es soberano, ¿por qué no podría hacerlo? Por otro lado, el referéndum mismo también cuestiona muchos supuestos sobre la mejor forma de decidir —quién, cómo y cuándo— la política monetaria y fiscal de un país. ¿Qué pasaría si hubiera un referéndum en Alemania o el resto de Europa para decidir si salvan o no a Grecia? ¿Sería tan reluciente su resultado como el griego?

Pensemos ahora en la negociación entre cualquier gobierno y la banca internacional: ¿tiene sentido prestar dinero a alguien que someterá a referéndum el pago de sus obligaciones? ¿Tendría sentido negociar un rescate bancario con un interlocutor que quizá lo someterá a referéndum?

Entre los economistas el debate no ha sido menos agitado. Hay quien argumenta que no sería la primera ni la única vez en que vale la pena perdonar las deudas a un país en aprietos. Por otro lado, tampoco son escasos los economistas que lamentan todo esto y urgen al gobierno a negociar responsablemente para impedir una catástrofe. Si Tsipras aceptaba la propuesta de la Troika, de inmediato tendría que hacer un ajuste. Pero si no lo aceptaba, detonaría una crisis ante la cual tendría que hacer un ajuste aún mayor: más austeridad. Entre dos opciones malas había que minimizar el costo social.

Es una historia demasiado familiar. No será la primera vez que un gobierno endeuda a su población más allá de su capacidad de pago. No sería la primera vez que otros gobiernos lo condonan. Tampoco sería la primera vez que la sociedad acaba pagando los platos rotos de gobiernos irresponsables. Herbert Stein alguna vez dijo que: “Si algo no puede durar para siempre, no lo hará”. Y no.

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