¿Habrá reforma política?

Mañana se votará en el pleno del Senado una versión modificada del “Dictamen de las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales, de Reforma del Estado y de Estudios Legislativos con Proyecto de Decreto que reforma y adiciona diversos artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de reforma política.”

Aunque todo parece indicar que la reforma será aprobada en el pleno del Senado, ignoro si ésta sobrevivirá a la cámara revisora. Aunque la cobertura noticiosa no lo indique, ni los mismos senadores quieran anunciarlo con bombo y platillo, el aspecto fundamental de la reforma consiste en permitir la reelección legislativa a partir de 2015. Otras medidas destacadas pero, en mi opinión, de menor impacto en el mediano y largo plazo, son la iniciativa preferente para el Ejecutivo y las candidaturas independientes o ciudadanas. Otras buenas ideas, como la segunda vuelta, han quedado en el camino.

De último minuto, el dictamen del Senado se modificó mediante un voto particular para permitir las candidaturas independientes desde 2012, mientras que el dictamen original las planteaba hasta el 2015 (ver pág. 50). Si bien las candidaturas independientes son normativa y positivamente deseables, su implementación requiere profundas revisiones al COFIPE.  Entre otras cosas, la regulación electoral vigente en México está diseñada para proteger y subsidiar, directa e indirectamente, a los partidos políticos y sus candidatos. Por ejemplo, tan sólo revisar el financiamiento y acceso a medios para candidatos independientes bastaría para poner en serios aprietos el diseño actual del COFIPE. Más allá de estas dificultades, resulta dificil imaginar que Peña Nieto y/o los diputados del PRI quieran modificar las reglas electorales a estas alturas del juego (o quizá sí, pero ya no hay tiempo suficiente). Es por ello que este tema puede convertirse en la “píldora venenosa” (poison pill, en el argot legislativo) de la reforma política en general.

Así las cosas, si la propuesta de reforma llega a la Cámara de Diputados con candidaturas independientes para el 2012, es posible que, ante el reto de realizar al vapor una reforma al COFIPE antes de que inicie el proceso electoral 2011-12, la cámara revisora prefiera a) rechazar la propuesta del Senado, dándole fin al tema por lo que resta de este sexenio, o bien b) modificarla sustantivamente, lo cual obligaría a reenviarla al Senado para una nueva votación para la cual tampoco hay mucho tiempo.

Con esto no quiero decir que, como la implementación de candidaturas ciudadanas es “complicada”, entonces es una mala idea. Pero si el asunto de las candidaturas ciudadanas en 2012 se vuelve el meollo del debate en San Lázaro, se puede poner en peligro la aprobación de la reforma en general. Y esto sería lamentable pues la reelección urge mucho más que las candidaturas ciudadanas.

Tampoco hay que olvidar, por cierto, que a los líderes partidistas no les gusta mucho ninguno de estos temas pues ambos debilitan su poder relativo. En enero de 2010 dije que la reforma política tenía menos de 10% de probabilidad de prosperar. Ojalá me haya equivocado y lo que queda de la reforma sea aprobado en este período legislativo.

He aquí algunas notas previas sobre la reforma política, composición del congresoreelección y candidaturas independientes. Y, por cierto, les recomiendo comprar este libro antes de que se agote el tiraje (o el tema).

Update 28 de abrilMinuta del Senado enviada a la Cámara de Diputados el Jueves 28 de abril de 2011. Este mismo día, el diputado mexiquense Alfonso Navarrete Prida opinó que “no da tiempo” de revisarla en este período y que, vaya sorpresa, las candidaturas ciudadanas son un peligro.

Posner on pundits

Quote of the day, from Judge Richard Posner: “Ordinary people can say stupid things. Brilliant people do it brilliantly.”

(…) Foner and Laqueur are not representative—except in their willingness to make fools of themselves in public by writing precipitately about matters outside their area of professional specialization. That willingness has become widespread among academics.

(…) Academics are smart and fast, and, in nonscientific fields such as law and history, they can be glib. They are able to supply plausible commentary at short notice on pretty much any subject that engages the interest of the public. The greater that interest, the greater the outpouring of instant commentary. But when academics speak off the cuff, especially about matters outside their areas of expertise, quality tends to go to hell. And there is no accountability for their pratfalls. A tenured professor who makes a fool of himself in the media can always retreat to the security of the academy.

Also related, Robin Hanson: Social scientists know lots (“but most public talk by social experts reflects little social science.”)