Gasolina y desilusión fiscal

Este año comienza, una vez más, con los precios de la gasolina en las primeras planas. Entre enero 2015 y enero 2017 he escrito columnas sobre los precios de la gasolina desde diferentes ángulos. En el centro del debate hay una importante transición, de una política fiscal basada en la “renta petrolera”, a uno en el que los impuestos a las gasolinas son una renovada fuente de recaudación. Aquí un recuento de ellas, en orden cronológico.

Gasolina injusta (3 enero 2015).

Veneros del diablo (10 enero 2015)

¿Gasolina barata? (2 enero 2016)

Desde hace varias semanas el gobierno federal ha anunciado con bombo y platillo que, a partir del inicio de este 2016, la gasolina bajará de precio—lo cual es un hecho inédito en muchos años. Si bien es cierto que es de aplaudirse que el gobierno anuncie que dejará que los precios de la gasolina fluctúen en cierta sintonía con los precios internacionales, vale la pena poner esta nueva política en perspectiva.

Vayamos por partes. Si el anuncio es tan buena noticia, entonces ¿a quién protegía el control de precios de las gasolinas del pasado? Durante muchos años, gobiernos de diferentes colores adujeron que una de las ventajas de “que el pretróleo fuera nuestro” y de que contáramos con un monopolio público para la venta de gasolinas era que esto permitía proteger a la población de la indeseable volatilidad de los precios de mercado (no olvidemos que, en la retórica de muchas políticas públicas, el gobierno es bueno y el mercado es malo, claro está).

Lo cierto es que, durante los últimos veinticinco años, la norma fue que Pemex (el monopolio estatal que administró por décadas ese petróleo que “era nuestro”) nos vendiera gasolinas a precios mayores que los del mercado internacional. Al hacerlo, el gobierno federal cobraba un impuesto implícito a los consumidores de combustibles. Y cuando los precios internacionales del petróleo fueron muy altos, como sucedió entre 2007 y 2012, ocurrió justo lo contrario: Pemex nos vendió gasolinas a precios inferiores a los del mercado internacional. Al hacerlo, el gobierno federal otorgó un subsidio implícito (y de miles de millones de pesos) a los consumidores de gasolinas. Continue reading

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Gasolina y petróleo

¿Si somos un país rico en petróleo y su explotación la administra exclusivamente el estado, por qué la gasolina cuesta más cara en México que en Estados Unidos o en la frontera? ¿Cuánto afecta a México la caída en el precio del petróleo? Estas son las preguntas que discuto en dos columnas recientes para Excélsior, “Voto razonado” (3 y 10 enero 2015).

Gasolina injusta (3 enero 2015)

A partir del primero de enero de este año, el gobierno federal cambió la política de precios de las gasolinas. En vez de tener aumentos mensuales, habrá un ajuste al inicio del año con la promesa de que no habrá mayores aumentos a lo largo del mismo. Como eventualmente habrá competencia en la oferta de gasolinas, a partir de ahora el gobierno fijará precios máximos en vez de un precio único.

Así, a partir de esta semana el litro de gasolina magna costará 13.57 y la premium 14.38. Estos precios serán válidos en la mayor parte del país, salvo en la región fronteriza con Estados Unidos, donde los precios fluctúan con los precios “del otro lado”. Continue reading

Organización industrial

¿Qué es la organización industrial y en qué medida pueden aplicarse estas teorías a la política?  De eso trata mi columna de esta semana para Excélsior, “Voto razonado” (18 octubre 2014).

Organización industrial

El 13 de octubre pasado, la Real Academia de Ciencias de Suecia anunció que el académico francés Jean Tirole recibirá el premio Nobel de Economía  de este año por sus contribuciones al “análisis del poder de mercado y la regulación”. El trabajo de Tirole —más teórico y matemático que aplicado—, enfatiza la importancia de comprender la organización de una industria como un necesario primer paso para diseñar posibles mecanismos regulatorios. Así, sus análisis permiten comprender mejor por qué ciertas regulaciones funcionan y otras no tanto. La teoría de la organización industrial, justamente, trata de analizar cómo funcionan los mercados dominados ya sea por una o por muy pocas empresas: los llamados monopolios, duopolios u oligopolios. Continue reading

Mala regulación

En mi columna semanal para Excélsior, “Voto razonado” (5 julio 2014) discuto algunos aspectos de la economía política de la regulación en telecomunicaciones.

Mala regulación

Esta semana se aprobó en comisiones y en el pleno del Senado la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión. La reforma toca diversos servicios de dos importantes sectores económicos del país, tales como radio y televisión abierta —el llamado sector radiodifusión—, por un lado, y la telefonía fija, telefonía móvil, internet y televisión de paga –el llamado sector telecomunicaciones.

Desde un punto de vista legislativo, la reforma no tendrá muchos problemas en ser aprobada. Los legisladores del PRI, PVEM y Nueva Alianza cuentan con mayoría simple en la Cámara de Diputados y sólo requieren tres votos más en el pleno del Senado para aprobar esta ley, mismos que pueden provenir tanto de algún senador del PAN como del PRD que no tenga inconveniente en apoyar al PRI en este tema. Por esta razón, tampoco deberá sorprender que las bancadas del PAN o PRD voten de manera dividida. Continue reading

Salarios máximos

En mi columna semanal para Excélsior, “Voto razonado” (31 mayo 2014) discuto los salarios de los políticos y la alta burocracia en nuestro país. Por cierto, hace unas semanas discutí el otro lado de la moneda: los salarios mínimos.

Salarios máximos

Una de las sorpresas de la más reciente Reforma Electoral fue la creación del “haber de retiro” para magistrados del Tribunal Electoral, una figura equivalente a la pensión vitalicia a la que tienen derecho los ministros de la Suprema Corte. Al tratarse de pensiones millonarias, el tema causó revuelo e indignación entre muchos, incluidos los mismos legisladores: en la Cámara de Diputados dijeron que ese tema no había sido acordado previamente y han prometido removerlo de la ley cuanto antes, mientras que en el Senado nadie se acuerda quién introdujo la figura en el dictamen de la reforma. Por último, en el Tribunal dicen que ellos, aunque lo merecerían, tampoco lo pidieron ni lo aceptarán. Todo un misterio, pues.

La efervescencia sobre este tema devino en una muy necesaria discusión sobre las pensiones de jueces y magistrados y, a su vez, sobre cuán razonables o justificables son los sueldos y compensaciones de la alta burocracia en México. Es un hecho que los políticos, jueces y secretarios de estado mexicanos perciben sueldos y prestaciones muy superiores a los de sus pares en países más ricos y más aún con los de otros países latinoamericanos. Continue reading

Salarios mínimos

En mi columna de esta semana (10 mayo 2014) discuto el tema de los salarios mínimos en México, así como la teoría económica y evidencia al respecto. El argumento, en breve, es que cualquier discusión del salario mínimo debe considerar su posible impacto en: A) la distribución del resto de los salarios, B) el desempleo por sectores y/o grupos sociodemográficos y C) la inflación. Al pie del artículo encontrarán alguns lecturas sugeridas sobre el tema.

Salarios mínimos

La semana pasada, durante los eventos conmemorativos del Día del Trabajo, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, convocó a tener un debate nacional sobre los salarios mínimos en México.

En primer lugar, consideremos algunos datos para poner el debate en contexto. El salario mínimo vigente a partir de enero de 2014 es de 67.29 pesos diarios, equivalentes a dos mil 018.70 pesos mensuales. ¿Podría usted vivir con ese ingreso mensual? ¿Conoce a alguien que lo haga?

Según datos del INEGI para 2013, 13.7% de la población ocupada, casi siete millones de personas, reciben ingresos de hasta un salario mínimo, y otro 23.3% percibe ingresos de entre uno y dos salarios mínimos. Por otro lado, el salario promedio de los trabajadores asegurados en el IMSS en marzo pasado fue de 291.64 pesos diarios, ocho mil 749.20 pesos al mes.

En América Latina, solamente Haití tiene un salario mínimo menor al de México. Por otro lado, en Estados Unidos el salario mínimo federal es de 7.25 dólares por hora, mientras que Alemania y Suiza no tienen un salario mínimo establecido en la ley. Continue reading

TLCAN: 20 años después

Esta es mi última columna del año para Excélsior, “Voto razonado” (28 diciembre 2013).

20 años después

La próxima semana el Tratado de Libre Comercio de América del Norte cumplirá 20 años de haber entrado en vigor. Como país, ¿estaríamos mejor o peor de no haberse firmado el TLCAN? Para muchos, el tratado era una idea buena o mala desde el comienzo; para otros, seguirá siéndolo así, independientemente de 20 años de evidencia. Lo cierto es que se trata de una pregunta (contrafactual) de difícil respuesta, puesto que resulta imposible observar a México con y sin Tratado. Lo único que podemos observar es a México antes y después del TLCAN y comparar su desempeño con el de otros países, tratando de distinguir lo que ocurrió gracias al Tratado y lo que de todos modos hubiera ocurrido sin él.

El comercio es benéfico para los países en general y para los individuos en particular. Después de todo, si el intercambio voluntario de bienes y servicios entre dos partes no fuera mutuamente conveniente, difícilmente ocurrirían tales transacciones. Sin embargo, no es lo mismo hablar de las “ganancias del comercio”, las cuales casi siempre son positivas, que de la “distribución de las ganancias del comercio”, misma que depende de muchos factores. Lo que incomoda a muchos críticos del comercio es la distribución inequitativa de sus ganancias. Es por ello que detrás del TLCAN hay un potencial conflicto distributivo. Continue reading

El modelo chino: ¿milagro económico?

Mi blog de esta semana en Animal Político, Covarianzas, discute algunos problemas del “modelo chino” y la difícil relación entre democracia y desarrollo.

El modelo chino: orita no, gracias.

Con la visita del presidente chino a México, Xi Jinping, no se han hecho esperar las discusiones sobre las ventajas y desventajas del “modelo chino” de desarrollo. Para algunos comentaristas, el rápido crecimiento de la economía china es evidencia suficiente de que el “modelo chino” es superior al “decadente capitalismo de occidente”. Para otros observadores más cuidadosos, la experiencia reciente de China y otros países asiáticos es un verdadero reto ante la creencia común de que “sin democracia no hay desarrollo”. En este blog discutiré algunas ideas sobre ambos temas: el modelo chino vs. el capitalismo occidental, y la difícil relación entre democracia y desarrollo.

Los admiradores del modelo chino enfatizan su impresionante récord de crecimiento: el PIB de China ha crecido, en promedio, a una tasa anual de 10% en los últimos 30 años (1981-2011, para ser más precisos). Todo un milagro económico. Por otro lado, la superpotencia Estados Unidos ha promediado tasas de crecimiento de sólo 2.7% en el mismo período. Entretanto, en México este promedio ha sido de un mediocre 2.5% anual. Visto así, vaya que hay que deprimirnos: el partido comunista chino descubrió una receta que ni Salinas, Calderón, Reagan u Obama han encontrado.

El crecimiento económico es quizá la mejor receta para combatir la pobreza: 680 millones de chinos dejaron de ser pobres entre 1980 y 2010. Tras el milagro chino, y otro tanto en la India, el mundo hoy es menos pobre y menos desigual que hace 30 años. Pero nada es gratis: se estima que la desigualdad del ingreso ha aumentado tanto en China como en India. Y para combatir la desigualdad hacen falta políticas públicas redistributivas como las que esperan y exigen los votantes de casi todas las democracias más o menos funcionales.

A menudo se dice que el PIB per cápita no lo es todo, pero lo cierto es que casi cualquier indicador de bienestar social tiene una fuerte asociación con el ingreso per cápita: escolaridad, expectativa de vida, acceso a internet, etc. La siguiente gráfica ilustra la evolución del PIB per cápita en seis países selectos entre 1960 y 2011 (con base en datos del Banco Mundial): China, India, Brasil, México, Estados Unidos y Japón (como en los chistes: 2 ricos, 2 latinos y 3 asiáticos). En 2011: el PIB per cápita de China fue de 5,400 dólares, el de México 10 mil y el de Estados Unidos 48 mil. Es claro que China aún tiene un largo camino por recorrer (y lo está corriendo rápido).

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Chávez o el costo social de una terquedad

Blog de esta semana en Animal Político / Covarianzas.

Hugo Chávez o el costo social de una terquedad (13 marzo 2013)

Hace una semana falleció Hugo Chávez y las reacciones sobre su legado no se han hecho esperar. Para unos el comandante era el líder revolucionario que no sólo Venezuela sino toda América Latina esperaba. Para otros, no fue otra cosa que un caudillo más de una larga serie de líderes que, populares o no, carismáticos o no, casi siempre acaba mal.

Mucho se ha dicho de su carisma –que sin duda lo tenía, gajes pintorescos no faltan–, del liderazgo que representó para países de la región –a menudo necesitados de caridad petrolera–, o del heroísmo implícito en enfrentar al imperio yanqui con toda la fuerza de una retórica revolucionaria, mesiánica, bolivariana y socialista. Por desgracia, como ni el carisma ni la retórica producen bienestar, en este blog me concentraré en una pregunta más aburrida: Tras 14 años en el poder ¿Chávez dejó una democracia más consolidada y una economía más próspera? No.

Entre los ingredientes necesarios para una democracia están los siguientes: sostener elecciones periódicas, libres y justas mediante un sufragio lo más incluyente posible, en un ambiente donde ciudadanos y contendientes puedan expresarse con la mayor libertad posible. Es algo más que simples elecciones, y algo menos que la igualdad absoluta en todos los ámbitos. Cuando menos, se espera que en una democracia los políticos en el poder enfrenten una posibilidad real de perderlo. Cuando más, se espera una rendición de cuentas tanto vertical (voto de castigo) como horizontal (pesos y contrapesos). Cuando faltan estos ingredientes tenemos un régimen autoritario o una simulación: un autoritarismo con fachada electoral.

PetroleoMxVenBra

Lean la nota completa aquí.

Lecturas sugeridas:

  • Javier Corrales y Michael Penfold.”Dragon in the Tropics: Hugo Chávez and the Political Economy of Revolution in Venezuela”, 2011.
  • Manuel Hidalgo. Hugo Chávez’s “Petro-Socialism” | Journal of Democracy http://t.co/5hAZYfLjm8
  • “The Price of Political Opposition: Evidence from Venezuela’s Maisanta” / El precio de la oposición política en Venezuela (el caso Maisanta) http://t.co/Rw5ZyI15
  • Resultados electorales (y referéndum) en Venezuela 2000-2010 http://t.co/zGw9QHZ2
  • Desproporcionalidad del sistema electoral Venezolano: Análisis de las elecciones parlamentarias 2010 http://t.co/DLe3TxZO
  • Venezuela: el legado autoritario de Chávez | Human Rights Watch http://t.co/hIN6GPJu1U 

Regulación laboral

El otro día escuché a un experto (es un decir) analista/comentarista (esto sí me consta) decir en la radio que “la verdad no hay evidencia sobre el impacto de la regulación laboral”. (Es el viejo truco de afirmar que “no sabemos bien lo que sí funciona y lo que no, así que mejor dejemos las cosas como están hasta que haya-una-propuesta-integral”, en vez de “la verdad no conozco el tema-a-chorear del día y mejor me guardo mi opinión”.)

Por fortuna, sí hay evidencia y no es poca. Por desgracia, urge una bibliografía comentada por algún experto en economía del trabajo porque, al parecer, muchos analistas no tienen acceso a google scholar. Van aquí algunas referencias bibliográficas sobre los efectos de la regulación laboral en diversos países que me he topado en días recientes. La gran mayoría son papers de labor economics y no fueron seleccionados por un experto.

Referencias bibliográficas sobre regulación laboral

  • Derecho y (des)empleo: lecciones de América Latina y el Caribe. Heckman & Pagés (eds) http://t.co/8EhxmuBo
  • “Se buscan buenos empleos: los mercados laborales de América Latina” | IPES 2004: Good Jobs Wanted | IADB http://t.co/mNIhmKIu
  • “Labor market policy in developing countries: a selective review of the literature”, by Gary Fields http://t.co/8kAh6VxE
  • (In)Formal and (Un)Productive: The Productivity Costs of Excessive Informality in Mexico – IADB http://t.co/JneJHhFH
  • Regulación laboral y calidad de empleos: México en el contexto Latinoamericano. Por Graciela Bensusán / CEPAL http://t.co/rabAgknA Continue reading

Reforma laboral – colección de tuits

No soy experto en economía del trabajo (labor economics) pero el tema de la reforma laboral es importante y me ha provocado muchas reacciones (long story here). Como siempre, nunca hay suficiente tiempo para elaborar un buen blog post. A falta de algo mejor, y para no repetirme tanto en los 30 días que faltan al proceso de reforma, he aquí una colección de mis tuits recientes sobre reforma laboral, más o menos en orden cronológico o temático.

Lo que ves y lo que no ves. 26sep2012

  • Lo que ves: escasos empleos formales y muchos informales. Lo que no ves: los empleos que no se crean por la rigidez de una ley obsoleta.
  • Lo que ves: el conflicto distributivo empleados vs empleadores. Lo que no ves: aquel entre jóvenes sin empleo/adultos con.
  • Lo que ves: el conflicto distributivo empleados vs empleadores. Lo que no ves: aquel entre empleados con vs sin prestaciones.
  • Si quieres hablar de LFT y “justicia social”, toma en cuenta todas las disyuntivas relevantes, no sólo las que quieres ver.
  • Lo que ves: el poder de negociación de sindicatos públicos. Lo que no ves: la nula representación de desempleados o empleados informales.
  • Lo que ves: las prestaciones (¿conquistas?) del empleado público. Lo que no ves: el nulo apoyo para un nini o empleado informal.

Costos de transacción. 28sep2012

  • A. Si los trámites para comprar o vender una casa son costosos, afectas el mercado de casas (y rentas): se compran y venden menos casas.
  • B. Si los trámites para contratar o despedir a alguien son costosos, afectas el mercado laboral (y el informal): se emplea menos gente.
  • C. Esto es elemental. “Ah pero el trabajo es diferente, es especial”. No, un contrato es un contrato. Sin romanticismo es más fácil entenderlo. Continue reading

El costo social de los sindicatos

En la discusión pública reciente sobre reforma laboral han salido a flote confusiones comunes sobre el papel de los sindicatos y los empleadores en el mercado laboral. Según la narrativa más simplista, los patrones son malos y, por defecto, los sindicatos son buenos. Y como la iniciativa de reforma laboral afecta a los sindicatos, seguramente es mala también. ¿Será?

¿Cuál es el costo social de los sindicatos? Vayamos por partes. Existe una amplia literatura al respecto (por ejemplo, aquíaquí y aquí). En principio, un sindicato permite conseguir mayores salarios o prestaciones para sus agremiados (“las conquistas”). Pero nada es gratis: los mayores salarios de los trabajadores sindicalizados afectan los salarios de los trabajadores no sindicalizados y el nivel total de empleo. Las conquistas salariales de unos, son las rigideces y el desempleo enfrentados por otros.

Vamos con peras y manzanas. La siguiente figura ilustra el impacto de los sindicatos en un mercado laboral simple (figura tomada de este paper, págs. 26-27).

La gráfica muestra la demanda por mano de obra de empresas con sindicato (línea roja) y sin sindicato (línea azul). El eje vertical mide salarios, y el eje horizontal mide la cantidad de mano de obra contratada: a mayor salario, menos mano de obra demandada y viceversa. Ambas demandas se grafican como un espejo: o te contrata una empresa roja o una azul. Ambas demandas suman 0.9, la proporción de mano de obra no calificada respecto de la fuerza laboral total.

En un mercado laboral competitivo sin sindicatos, las empresas rojas contratarían 42% de la mano de obra con el salario w_c. Tras la entrada de sindicatos, el salario sube hasta u (con una prima salarial de 15%). Como consecuencia, las empresas sindicalizadas reducen sus contrataciones de 42% a 32%. Esto produce una pérdida de bienestar denotada por el área acde: los trabajadores rojos ganan más que antes, pero hay menos trabajadores contratados en esas empresas. 

En un mercado competitivo, la mano de obra desplazada por los sindicatos será absorbida por las empresas azules (que no tienen sindicatos) pero con salarios w menores a w_c: Al enfrentar una mayor oferta de mano de obra, las empresas azules contratan más empleados pero a menores salarios que antes. Este aumento en empleo genera una ganancia de bienestar denotada por el área cdeb: las empresas no sindicalizadas contratan más gente, pero con menores salarios.

Con la introducción del sindicato en las empresas rojas, unos empleados ganaran mayores salarios pero los empleados azules recibirán menos. Esto no es una mera transferencia de excedentes: el triángulo acb denota la pérdida neta de bienestar social tras la introducción de sindicatos en la economía.

En el mundo real, el tamaño del triángulo acb, el costo social de los sindicatos, depende de muchos otros factores pero este ejemplo sencillo ayuda a ilustrar varios puntos adicionales estudiados en la economía del sector laboral:

  1. Como los trabajadores sindicalizados reciben salarios mayores que los demás, los sindicatos pueden crear desigualdad en la distribución del ingreso de todos los trabajadores. No sólo existe un conflicto distributivo entre patrones y empleados, sino otro más entre empleados sindicalizados y el resto.
  2. Las conquistas del sindicato implican mayores costos laborales para las empresas rojas. Frente a mayores costos para contratar o despedir empleados, la empresa con sindicato puede acabar discriminando a trabajadores más jóvenes o menos capacitados que los protegidos.
  3. En este modelo, los sindicatos desplazan trabajadores a otras empresas con menores salarios, pero si las empresas azules no los contratan, entonces el sindicato puede inducir desempleo.
  4. La solución tampoco es que por ley “todas las empresas tengan sindicatos”: hacerlo produciría desempleo o bien un mercado laboral informal (o ambas cosas).

Es por ello que a menudo se dice que los sindicatos producen distorsiones en el mercado laboral. Distorsión es una de esas palabrejas neoliberales que irritan a muchos. En este caso simple, las distorsiones quieren decir desigualdad, discriminación o desempleo.

En realidad, ni todas las industrias ni todos los sindicatos son iguales. Mientras más competitiva sea la industria, o mientras más competencia entre sindicatos haya, menores serán las distorsiones. El diablo está en los detalles pero este ejemplo simple sirve para ilustrar algunas de las implicaciones más obvias de los sindicatos. Vale la pena entender cómo funcionan los mercados laborales para poner la indignación (y la atención) donde más falta hace.

Nota al pie: se siente bien escribir un blog post de microeconomía luego de tantos años.

Social science humor

Via Monkey Cage, a selection of humorous quotes on Social Science, “all collected or concocted by the irrepressible A. Wuffle. If you like this sort of thing, then stay tuned for the soon-to-be-released Wit and Humor of Political Science (Sigelman, Newton, Meier, and Grofman, eds., which is slated for publication in January)”:

Thou shalt not commit a Social Science. — W. H. Auden

God gave all the easy problems to the physicists. – James March

In the social sciences, waiting for Newton is like waiting for Godot. — Lee Cronbach and Philip Converse

To avoid the problem of scientific validity, three strategies are commonly followed in the social sciences: (a) eschewing falsifiable statements; (b) denying the possibility of objective truth, and (c) writing in French or German. The combination of these three strategies has been shown to be virtually irresistible, even to strong minds. Statements which on the face of it are unintelligible gibberish can always be blamed on a bad translation. — A Wuffle

An economist is one who observes something that works in practice and wonders if it will work in theory. — As told to Bernard Nelson by Victor Fuchs

If you put all the economists in the country end to end, they’d still point in different directions. — Harry S. Truman

The Economist’s Motto: To err is human, to be paid for it divine. — Victor Fuchs

Those who do not know the past are condemned to repeat History 101. — Anon.

I dropped out of American Studies after the first exam, when I found out that the correct answer to all four questions was “hegemony.” — Emily Polsby

If you can understand an article in the APSR then something must have gone wrong in the refereeing process. – A Wuffle

Sociology is the branch of science with the most methods and the least results. – Henri Poincare, circa 1909-10

The economic point of view

By accident, I ran into a commencement address by Chicago Economist Kevin M. Murphy: “Seeing the World through the Economic Lens” (June 11, 2006).  It’s not about poetic remarks but about equilibrium, incentives and cost-benefit analysis. These are the final paragraphs of the address:

“So don’t forget the concepts of equilibrium, such as there’s no free lunch. And if it looks too good to be true, it probably is. But that doesn’t mean you shouldn’t push forward. Just be cautious and be humble, because most likely you are going to turn out to be wrong.

On the incentives side, remember that incentives matter. You give people incentives to do good things, and they will do good things. You give people incentives to do bad things, and they will do bad things. And remember incentives apply in all contexts. So, for example, a common response to a public policy problem is to say that the solution is to get the government to do it. But does the government have the incentive to do it right? What incentive do they have? Their incentives often are not to do it right. Their incentive is to do it with a lot of people at a lot of expense, because that’s how they define success in their business. So it’s not that the people in government are bad or evil but rather that they are subject to the same incentives as you and me. You just have to recognize what those incentives are. And when faced with a problem, use the principles of cost-benefit analysis. Think about the true goals, identify the goals, and, most importantly, identify the options and make comparisons between benefits and costs of one option versus another.”

In the same year, Austan Goolsbee gave a very entertaining address: “Why People Hate Economists (and Why We Don’t Care)“:

(Economics is) about a way of thinking about the world. It starts from the basic theory that, for the most part, people try to do better for themselves. If this is true, they will respond to incentives so that, in most cases, competition will drive them to be more efficient. That theory then says: Let’s get the data and think hard about causality, because we don’t have much in the way of controlled experiments. And let’s see how far that will take us.

But that simplicity of purpose is quite a large part of why people hate us. We really don’t deal with the loftiest ideals of humanity. We deal with humans at their most mundane. We aren’t about narratives and inspiration or how people would behave in their finest hours. We are about how people behave in the everyday marketplace. I think we are especially hated because of the nagging fear on the part of idealists that we might be right about people.

(…) But that’s the problem with economics. It’s always taking the fun out of everything. As I like to say, economics is frequently hated but seldom wrong.

Also related, a previous post on Nirvana fallacies, according to Harold Demsetz; and another one on Economic Imperialism, according to Ed Lazear.  So, yes, this maybe a favorite or recurring topic of mine :-).  This is from Ed Lazear:

It is the ability to abstract that allows us to answer questions about a complicated world. As economists, however, we believe in comparative advantage. I have argued elsewhere that the strength of economic theory is that it is rigorous and analytic. But the weakness of economics is that to be rigorous simplifying assumptions must be made that constrain the analysis and narrow the focus of the researcher. It is for this reason that the broader thinking sociologists, anthropologists and perhaps psychologists may be better at identifying issues, but worse at providing answers. Our narrowness allows us to provide concrete solutions, but sometimes prevents us from thinking about the larger features of the problem. This specialization is not a flaw; much can be learned from other social scientists who observe phenomena that we often overlook. But the parsimony of our method and ability to provide specific, well-reasoned answers gives us a major advantage in analysis.

Seasons matter

The Wall Street Journal reports on an important paper:

Children born in the winter months already have a few strikes against them. Study after study has shown that they test poorly, don’t get as far in school, earn less, are less healthy, and don’t live as long as children born at other times of year. Researchers have spent years documenting the effect and trying to understand it. But economists Kasey Buckles and Daniel Hungerman at the University of Notre Dame may have uncovered an overlooked explanation for why season of birth matters.

This is the paper and abstract:

Season of Birth and Later Outcomes: Old Questions, New Answers
Kasey Buckles and Daniel M. Hungerman (University of Notre Dame).
NBER Working Paper No. 14573 / December 2008

Research has found that season of birth is associated with later health and professional outcomes; what drives this association remains unclear. In this paper we consider a new explanation: that children born at different times in the year are conceived by women with different socioeconomic characteristics. We document large seasonal changes in the characteristics of women giving birth throughout the year in the United States. Children born in the winter are disproportionally born to women who are more likely to be teenagers and less likely to be married or have a high school degree.

We show that controls for family background characteristics can explain up to half of the relationship between season of birth and adult outcomes. We then discuss the implications of this result for using season of birth as an instrumental variable; our findings suggest that, though popular, season-of-birth instruments may produce inconsistent estimates. Finally, we find that some of the seasonality in maternal characteristics is due to summer weather differentially affecting fertility patterns across socioeconomic groups.

And this is what the evidence looks like:

SeasonalBirths