Capos y violencia

Por razones obvias, de un tiempo a esta parte ha habido un creciente debate sobre la causalidad entre los operativos federales–“la caída de capos”–y los niveles de homicidios en diferentes regiones del país. La versión oficial sugiere que los operativos llegan a donde se han detectado severos problemas de violencia e inseguridad: el bombero va al fuego. Versiones alternativas sugieren diferentes mecanismos mediante los cuales los operativos mismos pueden producir aumentos en la violencia.

Trágico como es, el tema es un claro ejemplo de lo difícil que resulta inferir causalidad a partir de datos no experimentales: o la violencia causa a los operativos, o los operativos mismos causan más violencia, o ambos son causados por un tercer factor no identificado aún. En términos  metodológicos hay un problema de endogeneidad que no permite identificar plenamente el sentido de la causalidad con los datos disponibles a la fecha.

De hecho, si impartiera un curso de diseño de investigación, lo iniciaría precisamente con este debate. He aquí algunas lecturas obligadas:


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One thought on “Capos y violencia

  1. En todo este debate me sorprende que las críticas a la base de datos de Presidencia y la exigencia de transparencia en su reporte aún sean mínimas (que es otra parte fundamental de todo buen diseño de investigación). El trabajo de Eduardo Guerrero y José Merino son grandes pasos hacia adelante en este sentido. Sin embargo, quisiera hacer énfasis en una de las líneas de Guerrero en su artículo “el análisis de Poiré y Martínez se basa en información sobre homicidios desagregada semanalmente, cuando la que está disponible públicamente está desagregada sólo por mes”. A esto agregaría que además del acceso público a sus datos, necesitamos mucho más que la desagregación temporal. Para hacer una evaluación crítica de la estrategia de seguridad del gobierno federal y sus implicaciones necesitamos saber de los eventos de violencia más allá de los asesinatos (porque ese no ha sido el único resultado de la guerra contra el narco; ¿en dónde ponemos a los desaparecidos, presumiblemente reclutados como consecuencia de las bajas en sus filas?) y necesitamos saber la identidad de los agresores y de las víctimas. Es indignante que en la sección de preguntas más frecuentes de la base de datos de fallecimientos de Presidencia digan que no “clasifican a las personas fallecidas por su pertenencia a alguna organización criminal, las fuerzas armadas, policías o aquellos ajenos al conflicto” porque “la función de esta base de datos es describir un fenómeno, no realizar tareas de administración o impartición de justicia” (http://bit.ly/iqxtmE). Más allá de que me indigna la respuesta y me parece una respuesta fácil e insultante, es ilógica su justificación, así como que su definición de “descripción del fenómeno” no incluya identidades. Probablemente sabemos por qué es así y por qué los análisis que ha ofrecido el Secretario de Seguridad dejan mucho qué desear. Si eliges estratégicamente los casos, si seleccionas sobre la variable dependiente e independiente (Geddes 101), y encima de todo si omites variables fundamentales de control (Aparicio 101), los signos y las estrellitas serán los esperados.

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