Género, elecciones locales y congreso

Aquí mi columna semanal para Excélsior, “Voto razonado” (8 junio 2013).

Mujeres y elecciones

El jueves 6 de junio se llevó a cabo en el Senado el Foro “Iniciativa 6×60”, con el objetivo de establecer una agenda de seis propuestas de reforma para lograr la igualdad política en México. Tuve el gusto de participar en el evento para hablar sobre el desempeño de las cuotas de género en elecciones legislativas federales en México.

Desde 2002, el Cofipe preveía que las candidaturas a diputados y senadores de cada partido no podrían incluir más de 70% de candidatos propietarios de un mismo género. En 2007, este umbral se redujo a 60 por ciento. En la práctica, sin embargo, ni la cuota inicial de 30% ni la vigente de 40% han logrado traducirse en la misma proporción de asientos para mujeres en ambas Cámaras.

Es obvio que, incluso contando con 40% de candidatas al Congreso, no todas conseguirán el triunfo con certeza: eso depende de los votantes. Sin embargo, la situación en México se complica porque la cuota de género tiene, por ley, excepciones importantes que han sido explotadas por los partidos políticos en detrimento de la igualdad de género en elecciones legislativas.

En 2009, 31% de las candidaturas de mayoría relativa fueron para mujeres (635 de 2028) y consiguieron 17.7% de los asientos de mayoría relativa de San Lázaro (53 de 300). En 2012, gracias a una importante sentencia del TEPJF, 41% de candidaturas fueron para mujeres y consiguieron 30% de los asientos de mayoría relativa (91 de 300). Al incluir 94 diputadas de representación proporcional, en total 185 mujeres llegaron al Congreso en 2012, 37% de la Cámara baja.

Resulta evidente que las mujeres enfrentan mayores dificultades para ganar en distritos de mayoría relativa que en las listas de representación proporcional. Esto puede deberse, al menos, a tres posibilidades que no necesariamente se excluyen entre sí: los líderes partidistas pueden imponer diferentes tipos de barreras a la entrada de potenciales candidatas. Por otro lado, quizá los partidos no postulen más candidatas porque anticipan cierto prejuicio por parte de los votantes; recordemos que la mayoría de los votantes son mujeres y que las mujeres votan más que los hombres. Por último, cabe la posibilidad de que los partidos no cuenten con suficientes precandidatas con la experiencia previa necesaria para ganar una elección federal.

Los líderes partidistas pueden limitar las posibilidades de triunfo de sus candidatas si, por ejemplo, las postulan en distritos relativamente débiles o si les ofrecen escasos recursos para apoyar sus campañas. Incluso una vez obtenido el triunfo, muchas legisladoras acusan ser excluidas de las comisiones legislativas clave: “Aquí donde nos ven, nos regatean todo”, dijo la senadoraDiva Gastélum en el foro.

La evidencia de 2009 y 2012 que mi colega Joy Langston y yo hemos analizado en el CIDE sugiere que, de hecho, más de dos tercios de las candidatas de mayoría relativa del PRI, PAN y PRD fueron nominadas en distritos relativamente débiles: por ello no sorprende tanto la diferencia entre el porcentaje de candidatas y el de triunfos mencionado antes.

¿Qué hace falta para salir de esta trampa? Las candidatas con experiencia previa —ya sea como diputadas locales, alcaldesas o en gabinetes estatales— tienen mucho mayores posibilidades de conseguir una nominación en un distrito competitivo, consiguen más votos y, por ende, tienen mayores probabilidades de ganar una elección por mayoría relativa. La evidencia también sugiere que los votantes valoran por igual la experiencia previa de candidatos de ambos sexos.

El problema es que existe una clara brecha de género en los cargos locales: hoy día, sólo hay 166 alcaldesas en los 2457 municipios del país. Sólo seis capitales estatales son gobernadas por mujeres: Aguascalientes, Campeche, La Paz, Monterrey, Toluca, y Xalapa. Algo similar ocurre con las diputadas locales y gabinetes estatales. La transición democrática mexicana comenzó en las elecciones locales como las que tendremos en unas semanas más. La batalla por la igualdad de las mujeres en cargos de elección popular también debe iniciar allí. Habrá que darla.

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