Pruebas del acido para casillas atipicas

Se ha dicho que el criterio de “determinancia” usado por el TEPFJ, consistente
en anular sólo las casillas con errores mayores al margen entre 1o y 2o lugar
en cada casilla, le hizo pasar por alto una serie de irregularidades
importantes. ¿Qué pasaría si aplicamos, de manera hipotética, criterios más
estrictos?

ELIMINAR CASILLAS CON ALTA PARTICIPACION
Como sabemos, el nivel de participación promedio fue de 58% a lo largo del país.
¿Es posible que el resultado final haya sido determinado por casillas con
participación inusualmente elevada?

Si eliminamos del cómputo todas las casillas con participación mayor al 75% de
la lista nominal (alrededor de 4,555 casillas, 3.5% del total) Felipe Calderón
continúa arriba.

ELIMINAR LAS CASILLAS CON ERRORES ARITMETICOS
Como se dijo antes, los errores aritméticos están distribuidos de manera casi
uniforme o aleatoria a lo largo del país. ¿Es posible que el resultado de la
elección haya sido determinado por casillas con errores aritméticos?

Si eliminamos del cómputo todas las casillas con más o menos votos que el número
de ciudadanos que votaron de acuerdo al padrón (alrededor de 54,111 actas,
41.3% del total) Felipe Calderón ganaría por 494 mil votos—lo cual sugiere que
hubo un poco más de errores en casillas ganadas por la Coalición.

Lo mismo sucede si eliminamos del cómputo todas las casillas donde las boletas
recibidas menos las sobrantes es diferente del voto total (56,702 actas, 43.3%
del total).

CONCLUSION
De modo que el resultado electoral del 2 de julio es robusto a la eliminación de
casillas con alta participación, así como a la eliminación de casillas con
errores aritméticos.

Claramente, el TEPJF no puede aplicar criterios como estos pues al final de
cuentas su misión es garantizar la integridad del sufragio de los ciudadanos en
la medida de lo posible, a menos de que cuente con pruebas en contrario.

Nulidad abstracta vs. 41 millones de votos

Es probable que los magistrados hagan una larga serie de juicios de valor cualitativos antes de calificar la elección presidencial.
Por un lado, quizá el presidente Fox, el apoyo de la CCE, y los spots negativos restaron votos a AMLO. Además, el escándalo Hildebrando, los spots del FOBAPROA, quizá también restó votos a FC. Pero al mismo tiempo quizá la campaña a ras de tierra, el cállate chachalaca, no asistir al primer debate, el discurso clasista, y la lenta respuesta a la campaña negativa de FC también restaron votos a AMLO.
¿Cómo ponderar los errores de campaña de AMLO (¿algún perredista acaso los menciona?) contra los éxitos relativos de la campaña de FC. ¿Cómo calcular el impacto de todos estos factores en la decisión ciudadana de ir o no a las urnas y por qué candidato votar? ¿De verdad hace falta que alguien le diga al electorado qué mensajes debió o no debió escuchar antes de decidir su voto?

Algunos analistas dicen que más vale anular la elección que exacerbar la crisis política. ¿De verdad la opinión de un experto analista vale más que la decisión de más de 40 millones de ciudadanos?

Entre tantas incógnitas quizá sea mejor darle el privilegio de la duda a la ciudadanía: ¿pueden o no pueden tomar una decisión sensata y respetable dada la información que tuvieron disponible durante una larga campaña?

Errores de calculo

La estrategia de AMLO comete varios errores de cálculo: Uno, atacar a un presidente medio bonachón e ineficaz pero al fin y al cabo popular, al tiempo que mantienen secuestrada la capital, es sumamente impopular. Dos, el contradictorio argumento original de que la elección fue “fraudulenta y/o inequitativa”, según convenga, tampoco tiene un consenso mayoritario entre la población. Tres, que los casi 15 millones de mexicanos que votaron por él el 2 de julio están dispuestos a seguirlo en su arriesgada aventura por “purificar la república”: la población en general quizá acepta líderes carísmáticos pero no parece querer más héroes revolucionarios en sus libros de texto gratuito.

Durante su campaña, mediante un reclamo legítimo de atender la pobreza / desigualdad / corrupción, AMLO consiguió gran fuerza y representatividad—y casi gana la elección. Con su nueva estrategia, reclamando un fraude improbable, sitiando la ciudad y llamando a derruir las instituciones (arrebata la mesa, lincha al árbitro y de plano rompe con las reglas del juego), AMLO consigue menos fuerza, menos representatividad y menor apoyo… en resumen, menos legitimidad.

Una simple prueba del ácido: Si toda la elección se anulara y de inmediato tuviéramos nuevas elecciones, AMLO perdería contundentemente y el PRD volvería a su acostumbrado tercer lugar en las cámaras.

En el largo plazo, la estrategia de AMLO quizá le permita sobrevivir como líder de su partido (o de un nuevo partido convencionista) y llegar al 2012. Pero los riesgos y costos iniciales son enormes. Un AMLO alternativo bien podría haber dado una mejor pelea legal hasta que el TEPJF fallará y, de inmediato, cambiar su discurso por un moderado reconocimiento de su derrota y una creíble promesa de “continuar luchando desde cualquier trinchera por el proyecto alternativo de nación”–no hacía falta quemar las naves ni hacer que su bancada se inmolara.