Los aspirantes y la campaña permanente

Esta es mi más reciente colaboración para CNN México.

¿A qué clase de políticos benefician las excesivas reglas electorales?

De acuerdo a la más reciente encuesta nacional de El Universal, levantada por Buendía y Laredo S. C. entre el 29 de julio y el 3 de agosto, si las elecciones para Presidente fueran el día de hoy, 40% de la población en condiciones de votar se inclinaría por el PRI, 24% favorecería al PAN, mientras que 11% lo haría por el PRD y 21% no lo sabe aún o no contestó. Al incluir nombres de candidatos, las preferencias por Enrique Peña Nieto son de 47%, por Andrés Manuel López Obrador de 15 y por Santiago Creel o Josefina Vázquez Mota de 16 o 17%. Los resultados de Consulta Mitofsky para este período son similares.

¿A qué se pueden deber las diferencias entre preferencias partidistas y aquellas que contrastan candidatos hipotéticos? Dependiendo de sus niveles de conocimiento entre la población y sus atributos personales, las preferencias por un candidato pueden ser mayores o menores que las preferencias por sus respectivos partidos: hoy por hoy, Peña y López Obrador pesan más que la etiqueta de sus propios partidos, mientras que Creel o Vázquez Mota pesan menos.

Las encuestas realizadas antes del período oficial de campaña capturan sobre todo la identidad partidista de los ciudadanos, o bien la popularidad de los aspirantes. Aunque haya un claro puntero, las tendencias a estas alturas del calendario electoral deben tomarse con cuidado. Baste recordar que en las encuestas de octubre de 2005 el PRD era el puntero y el PAN aparecía en tercer lugar de las preferencias: Roberto Madrazo sonreía confiado. Una vez definidos los candidatos oficiales y que da inicio la campaña oficial, las intenciones de voto pueden cambiar fácilmente: en febrero de 2006 el que invitaba a sonreír era López Obrador. Al final ganó Felipe Calderón, el menos popular de los candidatos al arranque del proceso oficial.

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