Aquí mi columna semanal para Excélsior, “Voto razonado” (3 agosto 2013), donde discuto los pros y contras de las empresas públicas y privadas, los monopolios y la inversión.
Alrededor de la discusión pública sobre la reforma energética en México existen una serie de mitos que merecen ser discutidos de manera más general. A menudo escuchamos al gobierno federal celebrar cifras de creciente inversión extranjera en diversos sectores industriales o manufactureros. Incluso algunos gobernadores provenientes de partidos de izquierda presumen cifras de inversión, la creación de nuevas empresas y/o empleos en el sector privado. Si lo dudan, basta revisar la prensa local de las entidades en que se anuncia la llegada de una nueva planta automotriz, por ejemplo. En cierto nivel, muchos aceptan el impacto positivo de la inversión privada. Esto no debe sorprendernos: la inversión privada es un factor clave para producir crecimiento económico y mejoras de diversa índole en la calidad de vida de la población. No es el único factor, por supuesto, pero sin duda es uno de los más importantes.
Al mismo tiempo, cada vez que se habla del tema energético, ya sea explotación del petróleo o generación de electricidad, algo parece cambiar en la percepción y el discurso de algunos, y nos alertan de los múltiples peligros de la inversión privada, sobre todo si es extranjera: si las nuevas empresas producen ganancias, éstas seguramente saldrán del país; si se crean empleos, quizá ni sean para trabajadores nacionales, o quizá no sean bien pagados, o quizá una nueva empresa produzca el cierre de otra menos eficiente o productiva. Continue reading