Para entender las cuotas de género

Mi blog de esta semana en Animal Político, Covarianzas, discute algunos pros y contras de las cuotas de género en general, así como los resultados recientes para México en particular.

Para entender las cuotas de género

Este jueves 17 de octubre se conmemoran 60 años del reconocimiento constitucional de las mujeres mexicanas como ciudadanas con derecho a votar y ser votadas. El viernes 11 de octubre, el presidente Enrique Peña Nieto firmó una iniciativa de reforma al COFIPE para que, del total de candidaturas a diputados o  senadores que presenten los partidos políticos o coaliciones ante el IFE, éstas se integren con “con un 50% de candidatos propietarios y suplentes de un mismo género y el 50% restante con candidatos del género opuesto”. La iniciativa presidencial de contar con una paridad de sexos en las candidaturas legislativas ha detonado una renovada discusión sobre las ventajas y desventajas de las cuotas de géneroEn esta entrada de blog comentaré algunas de ellas.

Cuotas de género: ventajas y desventajas

En México como en otros países, las cuotas de género han demostrado ser una forma eficaz de aumentar la presencia de mujeres en cargos de elección popular. Sin embargo, las cuotas no están libres de controversia.

Entre los argumentos en contra están los siguientes. Hay quien afirma que las cuotas de género violan ciertos principios democráticos puesto que corresponde a los  votantes decidir quién debe conseguir una candidatura o un cargo de elección popular. Otro problema es que las cuotas pueden violar la igualdad de oportunidades al discriminar a potenciales candidatos en favor de potenciales candidatas. En tercer lugar, las cuotas asumen que el género es una categoría más importante que otras cualidades de los potenciales candidatos o candidatas, tales como la capacidad o experiencia. O quizá las cuotas de género implican que la representación de las mujeres es más importante que la de otros grupos socialmente marginados (como minorías étnicas o religiosas, por ejemplo). Por último, hay quien critica a las cuotas por asumir que las mujeres legisladoras representan o legislan de manera sustantivamente diferente, y mejor, que sus contrapartes hombres.

Por otro lado, los argumentos a favor de las cuotas de género tampoco son escasos. En primer lugar, dado que las mujeres constituyen la mitad o más de la población en muchos países, es natural y justo que tengan derecho a una proporción similar de representantes en las asambleas o congresos. Este argumento consiste en una noción descriptiva de representación: la proporción de legisladoras debe ser similar a la proporción de mujeres en la población.

En segundo lugar, puede decirse que las cuotas de género no son muy distintas a otras restricciones comúnmente aceptadas en otros regímenes democráticos. Los sistemas electorales imponen distintas restricciones a los potenciales candidatos tales como los límites geográficos –por ejemplo, los distritos de una cámara y otra son de diferente tamaño–, o bien límites importantes a derechos políticos clave tales como el derecho a la reelección o a una candidatura independiente.

Las cuotas de género no vulneran el derecho de los votantes a elegir a sus representantes, puesto que el veredicto final sobre cualquier candidato o candidata estará en las urnas. Si aceptamos que son los líderes de partidos políticos, y no los votantes, quienes controlan de manera más inmediata el registro de candidaturas, resulta que las cuotas simplemente facilitan la llegada de más mujeres a la boleta electoral, lo cual no es poco en un contexto en que en las cúpulas partidistas discriminan a potenciales candidatas.

En tercer lugar, se puede decir que las cuotas de género no discriminan contra los hombres toda vez que son una medida compensatoria, dadas las barreras y discriminación que históricamente han padecido las mujeres. De manera más sustantiva, en la medida en que los intereses, percepciones e ideas de hombres y mujeres no siempre coinciden, los hombres no pueden representar de igual manera los intereses de las mujeres que ellas mismas: si la diversidad partidista e ideológica de un congreso es defendible, también lo es su diversidad en cuanto a género.

Muchos pensaban que bastaba con otorgar a las mujeres el derecho al voto para conseguir una representación más equitativa en cargos de elección popular. Pero sin suficientes mujeres en las boletas electorales esto no ha ocurrido tan fácilmente. Las cuotas de género buscan remediar o ayudar a acelerar este proceso así sea de manera transitoria.

Cuotas de género en México

A partir del trabajo en coautoría con mi colega Joy Langston, en otros espacios he comentado la evolución de la legislación en materia de cuotas de género en México, así como los resultados obtenidos en años recientes. La legislación vigente en materia de cuotas de género para diputados y senadores señala que al menos 40% de los candidatos propietarios deberán ser de un mismo género. Sin embargo, quedan exceptuadas las candidaturas de mayoría relativa obtenidas mediante un “proceso de elección democrático”. Esta excepción, existente desde 2002, ha permitido a los partidos políticos postular menos de 40% de candidatas de mayoría relativa. Para la elección de 2012, gracias a una sentencia del TEPJF, esta excepción quedó sin efecto y por primera vez observamos a los partidos postular al menos 120 candidatas de mayoría relativa para la Cámara y 26 para el Senado.

Las siguientes gráficas ilustran el impacto de esta sentencia, y nos ayudan a anticipar los posibles efectos de una cuota 50/50 como la que propone el presidente.

En 2009, 31% de las candidaturas de mayoría relativa fueron para mujeres pero solo 17.3% de los 300 asientos de mayoría relativa fueron ganados por mujeres (52 diputadas). Por otro lado, en aquel año 48.6% de las candidaturas plurinominales fueron para mujeres y 44% de los 200 asientos de representación proporcional fueron para mujeres (88 diputadas). Basta recordar que para las listas de representación proporcional, la ley vigente señala que hombres y mujeres deben aparecer de manera alternada, lo cual se traduce en los hechos en una cuota cercana al 50/50 para diputados plurinominales.  En total, en  2009 hubo 140 diputadas por ambos principios, equivalentes al 28% de la Cámara.

Tres años después, las cosas cambiaron de manera radical sobre todo en las candidaturas de mayoría relativa. En 2012, 41.4% de las candidaturas de mayoría relativa fueron para mujeres y 30.3% de los 300 asientos uninominales fueron ganados por mujeres (91 diputadas). Por otro lado, 49.6% de las candidaturas plurinominales fueron para mujeres y 47% de los asientos de representación proporcional fueron para mujeres (94 diputadas). En total, en 2012 hubo 185 diputadas por ambos principios, 37% de la Cámara: 45 diputadas más y 9% más mujeres que en 2009.

La propuesta presidencial no afectaría de mayor manera la pista plurinominal, excepto que casos como los de “las Juanitas” ya no serían posibles puesto que tanto candidatos propietarios como suplentes serían de un mismo género. El principal cambio ocurriría por el principio de mayoría relativa. Los resultados de 2009 y 2012 sugieren que entre 55 y 75% de las candidatas uninominales lograron el triunfo, respectivamente. Haciendo una extrapolación simple, si cada partido postulara 150 candidatas de mayoría relativa, podría esperarse que entre 82 y 112 de ellas consiguieran el triunfo.  Al añadir poco más de 90 diputadas plurinominales, la paridad en candidaturas podría ayudar a tener, por primera vez, más de 40% de diputadas en la Cámara de Diputados. Mientras no tengamos un Congreso verdaderamente funcional –con reelección legislativa– no nos vendría nada mal tener uno más equitativo en términos de género.

Lecturas adicionales:

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