Los gobernadores de Michoacán y Guerrero han pedido licencia. ¿Para qué sirven las “licencias” en México? ¿Son renuncias a cambio de impunidad? Aquí mi columna de esta semana para Excélsior, “Voto razonado” (25 octubre 2014).
Casi un mes después de la tragedia del 26 de septiembre, Ángel Aguirre solicitó licencia al cargo de gobernador (es un decir) de Guerrero. No es el primer guerrerense que lo hace. Tras la masacre de Aguas Blancas, Rubén Figueroa pidió licencia en 1996 y fue Aguirre quien tomó su lugar como gobernador interino. En Michoacán, Fausto Vallejo pidió licencia para dejar su lugar a Jesús Reyna y, a la postre, ambos resultaron involucrados con el crimen organizado. ¿Hay un patrón en estos hechos?
Muchas voces —ya sea al interior de su propio partido como en múltiples manifestaciones públicas— habían exigido esto como una respuesta mínima ante los atroces hechos que no acaban de aclararse todavía. Queda, sin embargo, la sensación de que las solicitudes de licencia no son necesariamente una buena señal para la impartición de justicia o la rendición de cuentas en nuestro país. ¿Deberían haberse quedado entonces? Continue reading