Gasolina y petróleo

¿Si somos un país rico en petróleo y su explotación la administra exclusivamente el estado, por qué la gasolina cuesta más cara en México que en Estados Unidos o en la frontera? ¿Cuánto afecta a México la caída en el precio del petróleo? Estas son las preguntas que discuto en dos columnas recientes para Excélsior, “Voto razonado” (3 y 10 enero 2015).

Gasolina injusta (3 enero 2015)

A partir del primero de enero de este año, el gobierno federal cambió la política de precios de las gasolinas. En vez de tener aumentos mensuales, habrá un ajuste al inicio del año con la promesa de que no habrá mayores aumentos a lo largo del mismo. Como eventualmente habrá competencia en la oferta de gasolinas, a partir de ahora el gobierno fijará precios máximos en vez de un precio único.

Así, a partir de esta semana el litro de gasolina magna costará 13.57 y la premium 14.38. Estos precios serán válidos en la mayor parte del país, salvo en la región fronteriza con Estados Unidos, donde los precios fluctúan con los precios “del otro lado”.

La retórica nacionalista en torno a los hidrocarburos de nuestro país sugeriría que, dada la abundancia relativa del petróleo y su papel estratégico en la cadena productiva, es buena idea reservar al estado la  explotación de esta “riqueza nacional”. Un supuesto detrás de este argumento es, aparentemente, que el estado hará un mejor uso de estos recursos —es decir, en beneficio de la sociedad— que el mercado privado. ¿Será?

En Estados Unidos los precios de la gasolina dependen del mercado, por lo que fluctúan entre una región y otra, entre una temporada y otra, y entre un proveedor y otro: es decir, como los jitomates, la tortilla, el huevo o los dólares. Hay quien dice que la administración estatal de los recursos petrolíferos permite al Estado proteger a los consumidores de estas fluctuaciones en los precios. ¿Será?

Al día de ayer, el precio promedio de la gasolina regular en los Estados Unidos fue de 2.22 dólares por galón, es decir, 59 centavos de dólar por litro. Al tipo de cambio de ayer (14.82 pesos por dólar), este precio promedio equivale a 8.69 pesos por litro. En las ciudades donde está más cara, como Los Ángeles o Nueva York, ésta no rebasa los 11 pesos por litro.

Los precios de la gasolina en Estados Unidos están muy relacionados con los precios internacionales del petróleo, mismos que han estado en declive desde hace varios meses. ¿Se tratará entonces de un fenómeno reciente? No. Hace un año, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos (usando el tipo de cambio de aquel entonces) fue de 11.45 pesos por litro, mientras que en México el precio de la gasolina magna era de 12.32. De hecho, desde 1990 a la fecha, la norma ha sido que la gasolina sea más cara en México que en Estados Unidos. La excepción fueron los años entre 2007 y 2012 en que la gasolina era, en promedio, más barata aquí que allá.

¿Un país rico en petróleo debe subsidiar la gasolina a los consumidores domésticos? No necesariamente. Un subsidio al precio de la gasolina, como el que tuvimos entre 2007 y 2012, favorece relativamente más a quienes más gasolina consumen, como los dueños de automóviles y quienes representan menos de un tercio de la población en México.

Aunque suene bonito en los discursos, no es socialmente deseable que el gobierno pretenda “proteger a los consumidores” de las fluctuaciones de precios. La razón es muy simple: no existe un “precio justo” de la gasolina (como tampoco lo existe para los jitomates o el bacalao, por cierto). Si el gobierno federal decide subsidiar la gasolina —vendiéndola más barata aquí de lo que podría exportarla—, está decidiendo beneficiar relativamente a ciertos consumidores por encima de otros.

Por la misma razón, si el gobierno decide vender gasolina más cara en México de lo que cuesta en el mercado internacional, está decidiendo perjudicar a ciertos consumidores por encima de otros. ¿Acaso los residentes del interior del país merecen pagar gasolina más cara que los de la frontera por la simple razón de que no tienen un proveedor distinto a Pemex a su alcance? ¿Si mucha de la gasolina que se consume aquí es importada, por qué Pemex la vende tan cara? Si así cuida el gobierno federal los intereses de la población, mejor que no ayude tanto.

Veneros del diablo (10 enero 2015)

En los últimos seis meses, el precio internacional del petróleo ha caído en más de 50 por ciento. Apenas el verano pasado el precio de referencia de un barril de petróleo estaba por arriba de los 100 dólares y ahora está por debajo de los 50. Los países “ricos en petróleo” hoy son más pobres que antes y sus monedas se han devaluado. Por su parte, los grandes consumidores de petróleo hoy son relativamente más ricos.

El precio de las diferentes mezclas de petróleo depende de la oferta y demanda internacionales. En los últimos diez años la demanda había crecido más rápido que la oferta y los precios iban al alza. El país donde más había aumentado la demanda era China. En el último año, la oferta fue mayor a la demanda y los precios se han desplomado. El país donde más ha aumentado la oferta, por cierto, es Estados Unidos.

A decir de los expertos, lo que estamos presenciando en estos meses es una “guerra de precios” entre los tres principales países productores de petróleo: Rusia, Arabia Saudita y Estados Unidos. Arabia tiene las mayores reservas y es el actor clave de la OPEP, Estados Unidos tiene menos reservas, pero mejor tecnología y mayores inversiones en exploraciones profundas. Rusia y Venezuela, por su parte, son los dos grandes productores con mayor dependencia de la renta petrolera para balancear sus finanzas públicas: el desplome del petróleo puede arrastrar consigo a sus líderes políticos.

El precio del petróleo es clave para México puesto que somos un país exportador de crudo y, sobre todo, para el erario: tres de cada diez pesos de los ingresos del gobierno federal provienen de la venta de petróleo. El Presupuesto de Egresos de la Federación para 2015 consideró un precio de 79 dólares por barril. La mezcla mexicana se vendió en poco más de 40 dólares esta semana.

A pesar de ello, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, ha afirmado recientemente que la caída en los precios del petróleo no debe preocuparnos, puesto que el gobierno cuenta con coberturas financieras para compensar la diferencia entre lo presupuestado y los precios contratados a lo largo del año. Si los ingresos públicos disminuyen aun más, podría haber un recorte en el gasto público. Pero como es año electoral, esto lo sabremos hasta después de junio.

Lo que no nos ha dicho el gobierno federal es qué pasará con las finanzas públicas y la economía del país si los precios del petróleo no se recuperan en el mediano plazo. ¿Qué pasará si en 2016 o 2017 el petróleo sigue por debajo de los 80 dólares? ¿Qué pasará con la gran apuesta de la Reforma Energética por atraer inversiones privadas si los precios del petróleo no se recuperan pronto?

Al tratarse de un recurso natural limitado y no renovable, los precios del petróleo eventualmente tendrán que recuperarse pero, a decir verdad, es muy difícil saber cuánto tiempo tardará en ocurrir esto.

La última vez que hubo un desplome similar en los precios del petróleo fue en 2008, poco después de la crisis financiera mundial que produjo una fuerte recesión en México. Para 2010, el petróleo recuperó su tendencia a la alza.

A finales de los años setenta el petróleo también cotizaba muy cerca de los 100 dólares por barril y en México se nos prometía administrar la abundancia. Poco después, el precio del petróleo cayó durante cinco años consecutivos —entre 1981 y 1985— y no rebasaría los 50 dólares, sino hasta 20 años después.

A diferencia de los años ochenta, la economía mexicana ya no depende tanto de las exportaciones de petróleo: somos una economía diversificada. Sin embargo, al igual que en aquellos años, las finanzas públicas siguen dependiendo de manera importante de la renta petrolera.

Quien afirme que la economía mexicana está blindada ante la caída de los precios del petróleo miente: el gobierno federal está compensando la menor rentabilidad de las exportaciones petroleras con una mayor rentabilidad de la venta de gasolinas en México (que se importa barata y se nos vende cara). Son los consumidores nacionales quienes rescatan una vez más al erario.

Advertisements