About Javier Aparicio

Profesor de la División de Estudios Políticos del CIDE, en México. (Assistant professor in the Political Studies Division at CIDE).

Bovero sobre Elecciones Cuestionadas

Este es Michelangelo Bovero disertando, en Excelsior, sobre elecciones competidas en sistemas parlamentarios y presidencialistas. (copio algunas secciones particularmente relevantes a nuestro caso):
(…)
II. Cuando el resultado electoral es cuestionado, plantea –para los contendientes, los estudiosos, los observadores y los ciudadanos– dos tipos de problemas. En primer lugar: ¿cómo se puede y cómo se debe establecer con certeza quién ha sido el verdadero vencedor de las elecciones? En segundo lugar: acaso el vencedor, quien quiera que éste sea ¿triunfó realmente? Y dado que sólo representa a la mitad del país, ¿cómo puede pretender imponer su política a la otra mitad? Digamos de una vez por todas que esta última pregunta, en el plano formal, de la legitimidad jurídica y política, carece de sentido. Aquel candidato y/o coalición política que haya prevalecido, aunque sólo sea por un voto, tiene el derecho-deber de gobernar, esto es, de ejercer el poder de iniciativa y orientación política y además de asumir las competencias que las diversas constituciones atribuyen a los titulares de la máxima función ejecutiva. Lo que no equivale sin más a imponer la propia política. No obstante, la pregunta conserva sentido en el plano sustancial, cuando perduran las condiciones de un conflicto radical: por ejemplo, si uno de los dos contendientes rechaza de cualquier modo y obstinadamente el reconocimiento de la victoria del otro.
III. Así se hace más urgente y apremiante responder a la primera pregunta: ¿cómo se determina quién fue el vencedor? Errores de cálculo, imprecisiones en la transmisión de los datos, pero también controversias en torno a la asignación de numerosos votos, en particular a las boletas nulas, se verifican en cualquier procedimiento electoral. Es verdad que éstos y otros factores pueden ganar importancia cuando el margen es estrecho. No obstante, la experiencia enseña que afectan en una medida casi igual a todas las partes. Es, más bien, la radicalización del conflicto la que lleva a evocar (con razón o sin ella) el fantasma de la conspiración, de los fraudes. Pero, sobre éstos, como sobre los otros elementos cuestionables, ciertamente no es la presunta víctima la que tiene el poder de juzgar. Nemo iudex in causa sua. Cualquier ordenamiento constitucional democrático prevé normas para la solución de las controversias electorales y atribuye a un órgano institucional, con rango de magistratura, el poder de decidir sobre el mérito del asunto apoyándose en dichas normas. La legislación en la materia puede ser más o menos completa o con lagunas, más o menos adecuada o mediocre. Pero a un juez –quienquiera que sea– no se le puede y no se le debe pedir otra cosa sino aplicarla. Ciertamente, no se le debe pedir que la viole. Mucho menos que invente normas inexistentes, pues será eventualmente tarea de la nueva legislatura mejorar las leyes en vigor. Y menos admisible todavía, además de insensato, es pedirle al juez que decida a condición de que lo haga de un modo determinado, porque eso sería como decirle “me someto a tu juicio si me das la razón”. Lo que equivale indudablemente, sin más, a desautorizar a dicho juez.
(…)
en las elecciones estadunidenses de 2000, la controversia estalló precisamente por el resultado numérico de la votación. Es probable que el candidato declarado perdedor, Al Gore, haya conservado la firme convicción de haber obtenido mayores apoyos que su adversario. Pero, frente al pronunciamiento de las autoridades competentes, se retiró de la contienda, en buena lid. Ciertamente ni siquiera acarició la idea de organizar una protesta popular. La democracia de Estados Unidos es muy imperfecta; más aún, en mi opinión, es insuficientemente democrática. Pero las instituciones son sólidas. Y fuera de las instituciones constitucionales, o peor aún, en contra de ellas, sólo puede existir una caricatura de democracia.
En Italia, hace pocos meses, en presencia de una ventaja reducidísima de votos a favor de la coalición de centro-izquierda, el líder de la coalición de centro-derecha, el premier saliente, Berlusconi, héroe emblemático del neopopulismo mediático, príncipe de la antipolítica posmoderna, denunció la conjura y habló de fraudes. Declaró haber sufrido “el robo de una victoria limpia”, levantando la sospecha de decenas o centenas de miles de votos arrebatados fraudulentamente por la izquierda, y de innumerables boletas a su favor injustamente anuladas. Afirmó que iba a “exigir” el recuento total de los votos. Lo que, sencillamente, no está permitido por la ley. Amenazó con llenar las plazas (alternando las acusaciones y las amenazas con propuestas de “gran coalición” al estilo alemán, mas la coherencia no es una virtud de los demagogos). Pero luego, después de la sentencia de la magistratura competente que confirmaba la victoria del centro-izquierda, mientras continuaba ocasionalmente con sus amenazas, se fue adaptando más o menos al papel de jefe de la oposición, persiguiendo un objetivo bien preciso: aprovechar cada ocasión para hacer caer al gobierno de Prodi, objetivamente débil en el ámbito parlamentario.
¿Y México? Hasta donde logro recabar informaciones periodísticas, me parece que se puede decir (y corríjanme si me equivoco) que López Obrador ha realizado, al menos en parte y a su modo, lo que Berlusconi sólo había amenazado. Ha convocado a sus seguidores a llevar a cabo una protesta masiva, que ha adquirido también el significado de una presión pública sobre el Tribunal Electoral. Me pregunto si ésta no es una típica estrategia antipolítica: el pueblo frente al poder, la plaza frente al palacio. No se me malentienda: la protesta colectiva corresponde perfectamente a la dialéctica de la vida democrática, sólo que bajo ciertas condiciones. Y no siempre, aun cuando sea formalmente legítima, una protesta tiene motivaciones y fines aceptables desde un punto de vista democrático. A veces puede representar un peligro para la salud de la democracia.
No me permito disertar de lejos sobre una cuestión tan delicada. Pero algo debe decirse acerca de la forma en que López Obrador (hasta donde estoy enterado) ha manejado hasta ahora su relación con la masa, presentándola como un ejercicio de “democracia directa”. La decisión de una multitud que responde a las preguntas del líder con un sí o con un no, o que aprueba levantando la mano, no es una decisión democrática. Es más bien equiparable a la aclamación, que constituye (según decía Bobbio) precisamente la antítesis de la democracia, porque los eventuales disidentes no cuentan para nada ni tienen una verdadera manera para expresarse y además sufren la presión, por lo menos psicológica, de quien está junto a ellos. Se puede definir democrática la decisión de una asamblea sólo si cada uno de sus miembros tiene la misma posibilidad de discutir las propuestas de los demás y de presentar y argumentar propuestas alternativas. Esto sucedía en la democracia directa ateniense y es también lo que ocurre, toda diferencia guardada, en un parlamento bien ordenado. No tengo la intención de ofender a nadie, quisiera solamente despertar de manera modesta y serena una interrogante en el ánimo de quienes estuviesen demasiado seguros de encontrar la democracia en la multitud, pasando por encima de las instituciones. Pero a quien conoce la historia del siglo XX italiano la imagen de una multitud que responde “¡Sííí!” a la pregunta del líder: “¿Estamos de acuerdo en eso?”, evoca terribles recuerdos.
En el caso mexicano, en suma, tal parece que el rechazo radical al resultado de las elecciones se relaciona con una forma particularmente acentuada de liderismo: expresiones exacerbadas, ambas –el rechazo al resultado y el liderismo–, por un lado, de la interpretación conflictual de la política como duelo y, por el otro, de la concepción verticalizada y personalizada del poder. Son una exaltación extrema de las mismas patologías degenerativas a las que tiende, por su naturaleza, el régimen presidencial.
Desde hace tiempo vengo afirmando que en América Latina es necesario mover el eje del poder desde el gobierno presidencial hacia el parlamento. ¿Qué piensa el parlamento recién electo en México? ¿En particular aquellos legisladores que fueron elegidos en la misma coalición política de López Obrador? Me gustaría saberlo.

Pruebas del acido para casillas atipicas

Se ha dicho que el criterio de “determinancia” usado por el TEPFJ, consistente
en anular sólo las casillas con errores mayores al margen entre 1o y 2o lugar
en cada casilla, le hizo pasar por alto una serie de irregularidades
importantes. ¿Qué pasaría si aplicamos, de manera hipotética, criterios más
estrictos?

ELIMINAR CASILLAS CON ALTA PARTICIPACION
Como sabemos, el nivel de participación promedio fue de 58% a lo largo del país.
¿Es posible que el resultado final haya sido determinado por casillas con
participación inusualmente elevada?

Si eliminamos del cómputo todas las casillas con participación mayor al 75% de
la lista nominal (alrededor de 4,555 casillas, 3.5% del total) Felipe Calderón
continúa arriba.

ELIMINAR LAS CASILLAS CON ERRORES ARITMETICOS
Como se dijo antes, los errores aritméticos están distribuidos de manera casi
uniforme o aleatoria a lo largo del país. ¿Es posible que el resultado de la
elección haya sido determinado por casillas con errores aritméticos?

Si eliminamos del cómputo todas las casillas con más o menos votos que el número
de ciudadanos que votaron de acuerdo al padrón (alrededor de 54,111 actas,
41.3% del total) Felipe Calderón ganaría por 494 mil votos—lo cual sugiere que
hubo un poco más de errores en casillas ganadas por la Coalición.

Lo mismo sucede si eliminamos del cómputo todas las casillas donde las boletas
recibidas menos las sobrantes es diferente del voto total (56,702 actas, 43.3%
del total).

CONCLUSION
De modo que el resultado electoral del 2 de julio es robusto a la eliminación de
casillas con alta participación, así como a la eliminación de casillas con
errores aritméticos.

Claramente, el TEPJF no puede aplicar criterios como estos pues al final de
cuentas su misión es garantizar la integridad del sufragio de los ciudadanos en
la medida de lo posible, a menos de que cuente con pruebas en contrario.

Nulidad abstracta vs. 41 millones de votos

Es probable que los magistrados hagan una larga serie de juicios de valor cualitativos antes de calificar la elección presidencial.
Por un lado, quizá el presidente Fox, el apoyo de la CCE, y los spots negativos restaron votos a AMLO. Además, el escándalo Hildebrando, los spots del FOBAPROA, quizá también restó votos a FC. Pero al mismo tiempo quizá la campaña a ras de tierra, el cállate chachalaca, no asistir al primer debate, el discurso clasista, y la lenta respuesta a la campaña negativa de FC también restaron votos a AMLO.
¿Cómo ponderar los errores de campaña de AMLO (¿algún perredista acaso los menciona?) contra los éxitos relativos de la campaña de FC. ¿Cómo calcular el impacto de todos estos factores en la decisión ciudadana de ir o no a las urnas y por qué candidato votar? ¿De verdad hace falta que alguien le diga al electorado qué mensajes debió o no debió escuchar antes de decidir su voto?

Algunos analistas dicen que más vale anular la elección que exacerbar la crisis política. ¿De verdad la opinión de un experto analista vale más que la decisión de más de 40 millones de ciudadanos?

Entre tantas incógnitas quizá sea mejor darle el privilegio de la duda a la ciudadanía: ¿pueden o no pueden tomar una decisión sensata y respetable dada la información que tuvieron disponible durante una larga campaña?

Errores de calculo

La estrategia de AMLO comete varios errores de cálculo: Uno, atacar a un presidente medio bonachón e ineficaz pero al fin y al cabo popular, al tiempo que mantienen secuestrada la capital, es sumamente impopular. Dos, el contradictorio argumento original de que la elección fue “fraudulenta y/o inequitativa”, según convenga, tampoco tiene un consenso mayoritario entre la población. Tres, que los casi 15 millones de mexicanos que votaron por él el 2 de julio están dispuestos a seguirlo en su arriesgada aventura por “purificar la república”: la población en general quizá acepta líderes carísmáticos pero no parece querer más héroes revolucionarios en sus libros de texto gratuito.

Durante su campaña, mediante un reclamo legítimo de atender la pobreza / desigualdad / corrupción, AMLO consiguió gran fuerza y representatividad—y casi gana la elección. Con su nueva estrategia, reclamando un fraude improbable, sitiando la ciudad y llamando a derruir las instituciones (arrebata la mesa, lincha al árbitro y de plano rompe con las reglas del juego), AMLO consigue menos fuerza, menos representatividad y menor apoyo… en resumen, menos legitimidad.

Una simple prueba del ácido: Si toda la elección se anulara y de inmediato tuviéramos nuevas elecciones, AMLO perdería contundentemente y el PRD volvería a su acostumbrado tercer lugar en las cámaras.

En el largo plazo, la estrategia de AMLO quizá le permita sobrevivir como líder de su partido (o de un nuevo partido convencionista) y llegar al 2012. Pero los riesgos y costos iniciales son enormes. Un AMLO alternativo bien podría haber dado una mejor pelea legal hasta que el TEPJF fallará y, de inmediato, cambiar su discurso por un moderado reconocimiento de su derrota y una creíble promesa de “continuar luchando desde cualquier trinchera por el proyecto alternativo de nación”–no hacía falta quemar las naves ni hacer que su bancada se inmolara.

El error de medición (no muestral) de una elección

En esta elección presidencial la ventaja de FC sobre AMLO es de 1.8 votos por casilla y tiene un error estándar de 0.20–este es el error muestral, por asi decirlo, y nos dice que FC está a casi diez errores estándar de distancia de AMLO: estadísticamente AMLO está lejísimos de su rival.

En su columna de hoy, José Antonio Crespo se refiere a lo que también se conoce como “error de medición” o “error no muestral”: una encuesta puede tener una muestra suficiente pero aún así está el error de no respuesta, respuesta  malinterpretada o mal capturada, etc.  Para el caso de una elección escrutada por ciudadanos elegidos al azar lo que preocupa no es el error muestral (130 mil casillas son una muestra igual al universo) sino el error de medición.

Estadísticamente, si el error muestral es mínimo y el margen FC-AMLO es pequeño tenemos que fijarnos en el error de medición que proviene de errores de escrutinio o llenado de actas.  Este error fluctúa entre 1 y 1.5% de las votos de cada casilla (aunque es una medición muy tentativa con datos limitados, ojo).  ¿Es mucho o poco?  Todo depende de cómo está distribuido: si está distribuido de manera aleatoria a lo largo del país, aún si el error de medicion fuese de 5% o 10%, no tendemos mucho problema: todo mundo perdió o ganó un poquito en cada casilla y los errores se cancelan mutuamente.  Pero si el error de medición está sesgado hacia algún lado, tenemos un problema serio.

El TEPJF, a petición de parte, ordenó recontar una muestra muy sesgada de casillas (90% panistas).  Independientemente de lo allí encontrado, de esa muestra sólo podemos inferir el error de medición en cierto tipo de casillas panistas, y no más. Por su parte, la coalición hace cuentas entre alegres con estos errores aduciendo que evidencian irregularidades insoslayables. El problema aquí es que la única forma de saber si este error de medición es alto, bajo o insesgado es comparándolo con una muestra equivalente de casillas perredistas (ie, un grupo de control). Es decir, de un recuento sesgado, como fue el ordenado por el TEPJF, sólo pueden salir inferencias sesgadas.

Algunos juristas  dicen que el TEPJF no extrapolará nada más allá de la evidencia del recuento de casi 12 mil casillas por las mismas razones que no extrapoló los alegatos de AMLO hacia un recuento total–y por tanto no abrirá niguna casilla más… De ser así, un nuevo problema es que en la práctica el TEPJF le estaría dando argumentos al PRD para hacer extrapolaciones sesgadas, que pueden ser falsas, pero sin darle a un observador imparcial elementos para confirmar o desmentir tales extrapolaciones.  Noten que si el PRD lográ anular 4,000 casillas bien seleccionadas (3% del total nacional), la elección se voltearía en favor de AMLO.

Viendo los datos parciales disponibles a la fecha, parece que los errores de medición son tan aleatorios como los errores aritméticos de las actas: pero sin evidencias claras difícilmente el público lo creerá. Curiosamente, las cosas se perfilan hacia que el PAN sea ahora el interesado en un recuento muestral y representativo.  Una vía sencilla de resolver estas dudas sería que el TEPJF recontará una muestra representativa de casillas–como la del conteo rápido del IFE–para verificar si los errores humanos de medición de la elección tuvieron algún sesgo o no.  De no encontrarlo, la coalición difícilmente podría seguir alegando un fraude sistemático en su contra.

El margen de error de la elección presidencial

Como sabemos, las últimas encuestas presidenciales, las encuestas de salida y los conteos rápidos del 2 de julio nos daban un “empate técnico” porque los intervalos de confianza de cada candidato se traslapaban.  Esto sucede cuando el error estándar de una medición es relativamente alto, como es el caso de muestras menores a 1500 observaciones (tipicas de encuestas), o incluso 7636 observaciones (como las del conteo rápido del IFE).

Un ejercicio interesante es ver a la elección presidencial como una “gran encuesta” levantada sobre una muestra de 130,777 casillas donde 40 millones de ciudadanos decidieron manifestar sus preferencias. Bajo esta perspectiva, usando los cómputos distritales del IFE, tenemos:

·         El pan tuvo 114.7 votos promedio por casilla, con error de 0.20 y un intervalo de confianza al 95% de 114.30 a 115.099.

·         El pbt tuvo 112.8 votos promedio por casilla, con error de 0.19 y un intervalo de confianza de 112.44 a 113.22.

·         El margen PAN-PBT promedio por casilla fue 1.86, con error de 0.31 y un IC de 1.26 a 2.47 votos.

·         Estas diferencias se mantienen significativas incluso al 99% de confianza.

 

. ttest pan=pbt

Paired t test

——————————————————————————
Variable |     Obs        Mean    Std. Err.  
Std. Dev.   [95% Conf. Interval]
———+——————————————————————–
     pan |  130777    114.7012    .2029188    73.38175    114.3035     115.099
     pbt |  130777     112.836    .1997381    72.23151    112.4445    113.2275
———+——————————————————————–
    diff |  130777    1.865267    .3098232    112.0417    1.258019    2.472515
——————————————————————————

. gen marginv = pan – pbt

. ttest marginv ==0

One-sample t test

——————————————————————————
Variable |     Obs        Mean    Std. Err.  
Std. Dev.   [95% Conf. Interval]
———+——————————————————————–
 marginv |  130777    1.865267    .3098232    112.0417    1.258019    2.472515
——————————————————————————
Degrees of freedom: 130776

 

¿Qué impacto puede tener un recuento parcial de votos?

Durante el cómputo distrital se abrieron y recontaron 2,864 paquetes electorales, produciendo un ajuste en la votación de todos los rubros y una ligera mejoría en el margen entre PAN y PBT (de 0.58 a 0.583%).

El resultado de este recuento no es representativo de tendencias a nivel nacional, pero sí ofrece indicios del tipo de ajustes que pueden darse en un recuento adicional. Sin ser representativas de diferencias a nivel nacional, los paquetes recontados ofrecen evidencia indirecta sobre el ajuste de votos que puede obtenerse al recontar casillas en zonas panistas o perredistas.

Se trató de una muestra sesgada y no representativa de casillas pues fueron factores políticos y las inconsistencias de las actas los que produjeron su apertura y recuento: 62 y 66% de los 2,864 paquetes recontados fueron de estados y distritos panistas, respectivamente, y en ellos FC tuvo un margen de 5.17% sobre AMLO.

Sin embargo, al clasificar los paquetes por la filiación partidista de sus distritos surgen asimetrías significativas. En casillas de distritos perredistas, el ajuste promedio fue de 13.3 votos menos para AMLO, y de 1.9 votos menos en distritos panistas. Por otro lado, en casillas de distritos panistas, el ajuste promedio fue de 4.7 votos menos para FC, y de 5.8 votos menos en distritos perredistas. Esto resultó en que el margen de votos FC-AMLO disminuyó en 2.9 votos promedio en distritos panistas, pero aumentó en 7.5 votos en distritos perredistas.

De nuevo, al no ser una muestra representativa, NO se puede afirmar que estas tendencias se reproducirían en un recuento a nivel nacional. Pero SI se puede decir que dentro de la muestra de casillas recontadas, las casillas “azules” tuvieron un ajuste distinto al de las “amarillas”.

La moraleja es que si se hace un recuento sesgado, el ajuste obtenido también será sesgado. El sesgo puede provenir de recontar casillas de cierta región, urbanidad o filiación política particulares. Un recuento de una muestra aleatoria y representativa de casillas ayudaría a dilucidar tales sesgos y descubrir si hubo erroreres o diferencias sistemáticas durante la elección.

Si el recuento muestral es legalmente injustificable (poco construible, dicen) entonces los resultados de un recuento parcial deben tomarse con cautela. Si se encuentra un ajuste de +/- 2 votos en una muestra sesgada de casillas, no podemos generalizarlo y decir que si abrimos más casillas seguiremos encontrando el mismo ajuste. De hecho, la evidencia de las 2864 casillas apunta a que, dependiendo del tipo de distrito recontado, será el ajuste hallado.

Es muy probable que existan errores de conteo en múltiples casillas. Siempre los ha habido pero es hasta ahora que se ponen bajo la lupa. También es probable que el error sea aleatorio y se cancele entre unas y otras casillas a nivel nacional. Pero puede ocurrir que el error no sea aleatorio y no se cancele mutuamente a nivel regional.

Los resultados de este análsis preliminar están aqui:
http://www.cide.edu/investigadores/aparicio/elecciones/recuento.ppt

Representantes de casilla y voto presidencial

En los últimos días se ha dicho que una evidencia adicional de irregularidades durante la elección es el hecho de que en zonas donde AMLO no tuvo representantes de casilla, sus votos fueron inusualmente bajos.

Hice un análisis preliminar con datos a nivel estatal y distrital y resulta que lo dicho por la Coalición es parcialmente cierto… pero no sólo para AMLO sino también para Felipe Calderón y Roberto Madrazo: El voto de AMLO, FC y RM es menor en zonas donde tuvieron menos representantes de casilla. Y si esto sucedió a los tres principales candidatos deja de ser una anomalía y se vuelve una regularidad empírica.

¿De donde proviene la relación entre representantes de casilla y niveles de voto presidencial?

Resulta que tanto los representantes de casilla como los votos obtenidos por un partido son proxies de un mismo fenómeno: la fuerza electoral de un partido a nivel local. Si un partido tiene presencia importante en un estado o distrito, seguramente tendrá no sólo votos sino también simpatizantes suficientes para fungir como representates de casilla. Y viceversa, si un partido no tiene presencia en un estado o distrito, seguramente tendrá pocos votos y le será aún más difícil conseguir representantes de casilla.

Así, RC y votos son variables endógenas. En estudios empíricos, decimos que dos variables son endógenas cuando una causa a la otra y viceversa, o bien cuando ambas variables están determinadas simultáneamente por un tercer factor. Matemáticamente estaríamos hablando de un sistema de ecuaciones.

También se dijo que donde había pocos RC había más votos nulos de lo normal. De nuevo, usando datos a nivel estatal y distrital vemos que la relación entre RC y porcentaje de votos nulos es, valga la redundancia, nula (estadísticamente indistinguible de cero, decimos). Un muy buen predictor de votos nulos, en cambio, es el porcentaje de casillas rurales en un distrito: el 60% de los votos nulos provienen de casillas rurales. Por qué ocurre esto es una pregunta importante a futuro.

Pueden ver estos resultados aqui:
http://www.cide.edu/investigadores/aparicio/elecciones/repcasillas.ppt

Analisis del PREP y Computo Distrital

Circulan por internet y en los medios diversos estudios y rumores sobre supuestas anomalías en el flujo de datos del PREP y el cómputo distrital. Usando los datos casilla por casilla del IFE, hice un análisis estadístico (nada sofisticado, ojo) que espero despeje algunas dudas.

Las conclusiones son simples pero merecen recalcarse: el sesgo urbano explica el flujo de datos del PREP, y el sesgo partidista explica el cómputo distrital.

Pueden verlo en esta liga:
http://www.cide.edu/investigadores/aparicio/elecciones/

Si les parece interesante, ojalá puedan difundirlo a sus contactos.

Addendum: la presentación ha sido actualizada (25-julio-2006)

The secret to wisdom: Strong opinions, weakly held

Some words of wisdom from management-guru Bob Sutton:

“…virtues of wise people – those who have the courage to act on their knowledge, but the humility to doubt what they know – is one of the main themes in Hard Facts. (…) Perhaps the best description I’ve ever seen of how wise people act comes from the amazing folks at Palo Alto’s Institute for the Future.

A couple years ago, I was talking the Institute’s Bob Johansen about wisdom, and he explained that – to deal with an uncertain future and still move forward – they advise people to have “strong opinions, which are weakly held.” They’ve been giving this advice for years, and I understand that it was first developed by Instituite Director Paul Saffo. Bob explained that weak opinions are problematic because people aren’t inspired to develop the best arguments possible for them, or to put forth the energy required to test them. Bob explained that it was just as important, however, to not be too attached to what you believe because, otherwise, it undermines your ability to “see” and “hear” evidence that clashes with your opinions. This is what psychologists sometimes call the problem of “confirmation bias.”

Here’s a somewhat more elegant variation: “Fierce opinions, briefly held, quietly disowned.”

Especulaciones sobre PREP y Conteo Distrital

Circulan en internet diversos análisis sobre las supuestas anomalías del PREP y del conteo distrital. Sin hacer un juicio sumario sobre la calidad de estos estudios, la mayoría de ellos han sido usados como argumentos para sustentar la hipótesis del fraude cibernético. Celebro estos análisis que explotan la transparencia (a veces tardía, pero transparencia al fin) y los datos divulgados por el IFE. Lo malo del asunto es que ni los medios ni los ciudadanos comunes saben mucho de estadística y entonces es fácil que unos y otros se vayan con la finta… Otro problema no menor es que aún los expertos pueden ver moros con tranchete si parten de supuestos equivocados. Veamos.

¿Anomalías o sesgo urbano y partidista?
Dos hipótesis sugeridas por muchos pero que casi nadie ha puesto a prueba, o de plano la descartan prima facie, es 1) el sesgo urbano en el flujo de datos del PREP y 2) el sesgo partidista en el conteo distrital.

Los datos planos del PREP, hechos disponibles recientemente por el IFE, incluyen una variable donde distinguen entre casillas rurales y urbanas. El PAN aventajó en zonas urbanas y no tanto en las rurales. Ex-post, tambien sabemos en qué estados o distritos ganó FC y en cuáles AMLO. Con tales datos se pueden hacer fácilmente las siguientes pruebas:

  1. Comparar medias de votos PAN/PRD/PRI en casillas rurales y urbanas
  2. Ritmo y velocidad de captura en PREP en casillas rurales y urbanas
  3. Velocidad de captura en CDA en estados donde gano AMLO vs. FC.

Mi pronostico es que los flujos iniciales del PREP provinieron de casillas urbanas, donde se favoreció a FC. El margen sobre AMLO disminuyó paulatinamente conforme llegaron datos mas típicos del resto del país… pero luego volvió a aumentar un poco al llegar las boletas del noroeste y el tardío pero seguro voto rural pro-PRI. Si la ventaja incial de FC era suficientemente amplia, no tendría por qué haber habido cruce… tal como ocurrió.

En cuanto al conteo distrital, pronostico que los computos avanzaron mas rápido en los distritos o estados pro-AMLO, que en los estados pro-Calderón. Esto no es aleatorio, sino fruto de que los comités distritales donde ganó Calderón sostuvieron mayores debates casilla por casilla que los de su rival–lo cual retardó su captura. Al final, si el PREP y el conteo rápido no mintieron, tenia que haber cruce en favor de FC… tal como ocurrió.

(a ver si tengo tiempo de probar estas hipótesis)

Expertos y supuestos equivocados
De manera más general hay que aclarar otras cosas. Muchos expertos han analizado el flujo de datos del PREP y el CDA como si ambos fueran producto de procesos 1) aleatorios, 2) independientes o 3) muestrales. Los tres supuestos son falsos.

NO ALEATORIEDAD. Es obvio que el flujo de datos depende de factores no aleatorios como el huso horario de los estados y la urbanizacion de los distritos y casillas. Además, la capacidad de escrutinio, cómputo y llenado de actas de los funcionarios de casilla tampoco está distribuida aleatoriamente en nuestro país–por las mismas tristes razones que la escolaridad tampoco es uniforme a lo largo del país. Otras cosas si son mas o menos aleatorias: la tasa de participación, si la casilla abrió y cerró a tiempo, si había cola a las 6pm, o si llovía esa noche.

DEPENDENCIA. No se deben analizar los votos o porcentajes de un candidato de manera independiente al de otros. Existen muy claros sesgos partidistas y de participacion que varían entre regiones, estados y distritos. Esto es evidente cuando se comparan los histogramas de frecuencias de FC y AMLO: cuando el voto de un candidato es más disperso el del otro es más concentrado. Por ejemplo, en algunos estados el voto priísta afectó más al PRD que al PAN y viceversa. Incluso el voto por partidos chicos como NA y ASDC a veces afectó o benefició a PAN y PRD.

NO MUESTRAL. Algunos expertos insisten en que debió haber habido múltiples cruces en el PREP y en el CDA, dada la aleatoriedad del proceso. Pero aún en una eleccion reñida como esta, si las condiciones inciales del flujo de datos favorecían suficientemente a un candidato no tiene por qué haber cruces o bien, dado el caso, sólo un cruce (es decir, más que random walks, hubo path dependence en el flujo de datos). Como explique más arriba es posible que el PREP haya comenzado con tal ventaja para Calderón que esta solo se redujera sin revertirse; por otro lado el CDA favoreció inicialmente a AMLO… hasta que hubo uno y sólo un cruce.

Finalmente, poco se ha dicho del conteo rápido–instrumento muestral que, a diferencia del PREP, en efecto estaba diseñado para pronosticar el resultado. El conteo rápido SI fue una muestra aleatoria y representativa de las casillas y, en efecto, mostró muchos cruces conforme las casillas reportaban sus datos–tal y como era obvio esperar.

El conteo rápido hubiera podido detectar un “vencedor probable” el mismo domingo si el margen de diferencia era mayor a 0.6%. Pero los ciudadanos decidieron dar una ventaja ligeramente menor: 0.58%… que dejó mudo al conteo. De nuevo, algunos verán en este hecho una prueba más de la maquinación fraudulenta. Yo lo que veo es una elección apretadísima como las que ocurren de vez en vez a lo largo del planeta.

Sólo EL sabe sumar

Federico Reyes Heroles, en Reforma (11/jul/06), lo dice mejor que muchos:

PERDER GANANDO

¿Cuál es el límite? La alianza por el Bien de Todos está en su derecho de impugnar las supuestas irregularidades habidas en la elección. Auténticamente es por el bien de todos: sólo desnudando anomalías y posibles delitos electorales es como podremos arrinconarlas. Todo sistema electoral se perfecciona por actos de tracto sucesivo. En el 88 las actas no quedaban en manos de los partidos. En el 91 los partidos carecían de representantes en un buen número de las casillas. Las zonas alejadas tuvieron que ser cubiertas por un auténtico ejército de observadores. La fiscalía especial es otro paso. Denunciar irregularidades y anomalías es obligado e imprescindible para el avance democrático. Allí no hay discusión. Pero se plantea algo distinto.

¿Cuál es el límite, dónde está la frontera que divide lo que es un acto jurídico responsable de una treta política para desorientar a la opinión pública? ¿De verdad creen que hubo irregularidades intencionales en 50 mil de las 130 mil casillas? De verdad creen que el PREP, el conteo y el cómputo distrital -cuyos resultados coinciden al dedillo- fueron manipulados? Piensan entonces que hubo un silencioso golpe de Estado en el IFE que involucró a cientos de servidores públicos, incluidos científicos de gran renombre, golpe de Estado del cual nadie se dio cuenta, por cierto, ni ellos. Una operación central de ese tipo involucraría a decenas de miles de ciudadanos. Allí el asunto no cuadra. ¿Ignorancia o perversidad? No todas las aventuras que parecen quijotescas terminan bien. Don Quijote leyó novelas de caballería, AMLO encuestas a destiempo.

Convertido en Presidente virtual durante dos años, se vio mucho tiempo en la silla presidencial. Los medios colaboraron a ello mes a mes: 10, 15, 20 puntos de ventaja. Pero, ¿quiénes eran los competidores reales, en qué situación? Faltaba mucho por definir. ¡Voy ganando! Soy indestructible, acabaré con las pensiones de ex presidentes, aumentaré el gasto social, construiré refinerías, trenes, carreteras, abajo los ricos, vivan los pobres, ¡viviré en Palacio!

Convencido por las remotas cifras, inició su marcha a la Presidencia desde el corazón del país que ya gobernaba. Pero había un pequeño problema: las verdaderas campañas comenzaron en enero y, por supuesto, las tendencias se movieron. No iba solo. Ésa realidad ya no gustó: “cuchareadas”, “manipuladas”. Amañadas las contrarias, válidas las favorables, una grave y delatadora negación de la realidad. Las cifras mostraron una competencia reñida, por eso AMLO estuvo arriba en varias ocasiones y no protestó. También estuvo abajo y fingió demencia. Fue entonces cuando habló de esas encuestas fantasmales que le daban 10 puntos de ventaja. ¿Existían, les creía? Embebido en sus lecturas nocturnas, el caballero cabalgaba hacia la Presidencia. Nada lo detendría.

Llegó el día de la verdad: casi 1 millón de representantes de partidos, más de 900 mil ciudadanos involucrados en las casillas, todos testigos de primera mano; mil 800 consejeros distritales; 24 mil observadores nacionales y, por si fuera poco, casi 42 millones de votantes que saben por quién votaron: 65 de cada 100 no lo hicieron por él. En el camino AMLO arroja lodo a los consejeros electorales del IFE, al padrón electoral, al PREP, al conteo rápido, al cómputo distrital. ¡Todo es una porquería! Los 236 mil votos a favor de Calderón no valen. Nada de que un voto es un voto. Los más de 27 millones que votaron en su contra tampoco, él es el elegido, tiene que serlo. Quien no lo sepa vive en el error. Síganme los valientes ¡Vamos contra todo y todos! ¡Fraude, fraude, fraude!

Es la mejor elección histórica del PRD, hoy es segunda fuerza en el Legislativo. Una vez más, muy holgadamente, se lleva la capital y más de 14 millones de votos para la Presidencia. Pero el caballero andante declara fraude generalizado, llama “traidor” a Fox y “pelele” a Calderón y, en pocas palabras, se regresa a la política cerril que cuestiona al marco institucional. Como la realidad no me gusta, abro lanzas contra todos. De los costos para el PRD mejor ni hablamos: pueden perder habiendo ganado.

Es hora de definiciones. Esperemos y que el tribunal haga su trabajo. Si AMLO gana, todos a defenderlo. Pero como dice el dicho, no se puede mamar y dar de topes: o el PRD se define como una oposición leal o regresaremos a la duda válida sobre su lealtad institucional que tan malos resultados les dio en las urnas. ¡Ha sido un gran triunfo del PRD! ¿Qué va primero: las imaginerías o las instituciones que el PRD ayudó a construir durante décadas? Si no se corrige el rumbo y se convoca a la descalificación a priori, sin pruebas, de las instituciones estaremos ante uno de los más grandes retrocesos de la vida política del país. Los auténticos demócratas no pretenden subvertir las instituciones, no mienten a sabiendas del daño general que causan.

Ahora resulta que no vale el sufragio de decenas de millones de mexicanos; tampoco las actas firmadas por decenas de miles de ciudadanos; ni los números a los que arribaron miles, ni los ojos vigilantes de otros tantos. “Respeten nuestros resultados” fue la consigna de AMLO el 2 de julio. Sólo él conoce la verdad. Sólo él sabe lo que es justicia. Sólo él accede a los deseos de los mexicanos. Sólo él se preocupa por los pobres. Sólo él puede ser el próximo Presidente. Sólo él es demócrata. Sólo él es honesto y, finalmente, sólo él sabe sumar.

Elecciones competidas

La elección presidencial de 2006 tuvo un margen de 0.58% equivalente a 243,934 votos. 
 
El marco institucional y la cultura política (whatever that means) de algunos países aguanta pequeños márgenes de victoria sin mucho aspaviento. 
 
En la elección presidencial de 2000 en los Estados Unidos el margen en el voto popular fue de 0.51% equivalente a 543,816 votos–a favor de Al Gore.  Pero el margen de Florida, estado decisivo para el colegio electoral que favoreció a Bush, fue aún menor: 537 votos, es decir 0.01%.

En algunos países márgenes tan pequeños producen un recuento de manera automática.  Ahora bien, aún cuando no haya prácticas fraudulentas, los recuentos a menudo cambian las cifras definitivas porque revelan gran cantidad de “errores humanos” al contar, validar o anular ciertos votos.  El error humano al contar papeletas es tan común que por ello muchos países han optado por métodos más precisos como tarjetas perforadas o, más recientemente, votos electrónicos.
 
Si el error humano al contar papeletas es aleatorio, el resultado de un recuento no cambiara el resultado final.  Pero si existe un mínimo sesgo en el error de conteo en favor de cualquier candidato, no es difícil revertir el resultado final. 
 
Preguntas incómodas:
¿Quién tiene más probabilidades de contar mal los votos, un jefe de casilla del sur o del norte, urbano o rural? 
¿Quién tiene más probabilidades de haber intentado inflar los votos de su candidato, el PRD, el PAN, o el PRI?
 

Conteo rapido IFE

Esta es una de las estimaciones del conteo rápido del IFE–mismo que no se difundió el domingo en la noche. Las líneas sólidas son las estimaciones de FC y AMLO, y las líneas puntueadas son el intervalo de confianza al 95%. Cuando la muestra era pequeña, los intervalos se traslapan y no sabemos quién va arriba. Sin embargo, la tendencia en favor de Calderón era clara desde alrededor de las 9pm: noten como los intervalos de confianza se despegan y estabilizan a partir de esa hora.


El comité técnico del IFE hizo tres estimaciones distintas para su conteo rápido. Como había un traslape en los intervalos de confianza en dos de tres estimaciones, el consejo prefirió no declarar un ganador más probable.

Tal postura fue conservadora y me parece lo más recomendable en una elección cerrada como esta. Hoy el PRD dice que este silencio fue cómplice de un fraude cibérnetico y que el PREP estaba amañado. Sobra decir que es virtualmente imposible amañar un método muestral como el conteo rápido a la par de un método censal como el PREP y hacer que ambos lleguen al un resultado tan similar. Si hacemos una lectura integral del PREP, del conteo rápido del IFE así como las encuestas de salida de otras casas encuestadoras creo que la evidencia es clara en favor de Calderón–AMLO perdió por otras razones.

Una explicación más amplia del conteo rápido del IFE está disponible en:

http://pac.ife.org.mx/download/08/pac_down_informe_Comite-ConteoRapido.pdf

The Myth Of Creativity

This is Robin Hanson going at it again, this time in Business Week:

The Myth Of Creativity: “Make no mistake: Innovation matters. Nothing is more essential for long-term economic growth. But to get more innovation we may want less, not more, creativity.

The sobering truth is that the dramatic artistic creations or intellectual insights we most admire for their striking ‘creativity’ matter little for economic growth. Creative new clothes or music may change fashion, but are soon eclipsed by newer fashions. Large and lasting economic innovations, like steam engines or cell phones, are rare and tend to be independently ‘invented’ by many people. One less visionary would matter little.

Instead, the innovations that matter most are the millions of small changes we constantly make to our billions of daily procedures and arrangements. Such changes do not require free-spirited self-expression. Instead, people quite naturally think of changes as they go about their routine business and social lives.
(…)
“To succeed in academia, my graduate students and I had to learn to be less creative than we were initially inclined to be. Critics complain that schools squelch creativity, but most people are inclined to be more creative on the job than would be truly productive. So schooling is mostly about selecting the smarter and more diligent, and learning to show up day after day to somewhat boring jobs with ambiguous instructions.

What society needs is not more creativity or suggestions for change but better ways to encourage people to focus on important issues, identify the most promising ideas, and tell the right people about them. But our deification of creativity gets in the way.”