Elecciones intermedias México 2009

El Universal del día de hoy, Lunes 11 de mayo de 2009, me publicó un breve artículo sobre las preferencias electorales al inicio de la campaña.

“Apenas comenzaron las campañas oficiales rumbo a la elección de diputados federales y ya es común preguntarnos cómo afectará la influenza el resultado del 5 de julio próximo y, sobre todo, si ésta beneficiará o perjudicará al PAN. Antes de especular vale la pena repasar lo que ha ocurrido en elecciones intermedias recientes. En 1997 el PRI perdió 61 curules; y en 2003 el PAN perdió 59 asientos de los 207 con que contaba. Sucede que es común observar que en elecciones intermedias el partido del Presidente pierde fuerza en el Poder Legislativo por muy diversas razones: por un lado los efectos de arrastre de los candidatos presidenciales están ausentes y, por otro lado, se dice que el electorado hace una especie de referéndum sobre la gestión de un presidente que se desgasta más que sus opositores…”

Pueden leer el resto aquí.

Una columna previa sobre popularidad presidencial, publicada el jueves 2 de abril de 2009, está aquí.

Swine flu, measurement error, and policy responses

Is the Mexican government overreacting to the swine flu virus outbreak? It is still to soon to know. So far, in the first week of the “contingency”, most of the actions taken by the Mexican government have been backed by the WHO, and by a majority of the public opinion.

We also have witnessed a parade of numbers trying to assess the evolution and riskiness of the virus. How can we measure this? An important statistict in epidemiology is the Case Fatality Ratio (CFR = number of deaths / number of cases). The latest figure of “suspected” swine flu-deaths is 159 but only 7 of them have been confirmed as positive cases by laboratory tests. Also, the latest estimate of atypical neumonia cases in this period is about 2500 (April 29th, 2009). Thus, making the extreme assumption that all deaths become positive cases (and keeping all else equal) results in an estimated (upper bound) CFR of 159/2500 = 6.36%. Clearly, these figures will change as more positive cases and/or swine-related deaths occur (see update below).

It is important to note that measurement error on either the numerator or the denominator affect any CFR estimate, thereby making the virus to appear more or less deadly. For instance, if the virus is very contagious but not deadly, the CFR will become approximately close to zero (not too risky a ratio, but consider that seasonal influenza kills 36,000 people in the US every year). On the other hand, if the virus turns more deadly but not very contagious, the CFR will increase (for instance, SARS has a CFR of about 50%, very deadly indeed).

But then again, is the Mexican government overreacting? Do we really need to close schools and restaurants, or should we focus instead on revamping our health services? We don’t know yet. Oddly enough, the more deadly this virus becomes (ie, the higher the CFR worldwide), the better our government will look in retrospective for properly reacting to a serious risk.

Alas, if the swine flu virus ends up being more deadly here than elsewhere (ie, with a CFR higher in Mexico than abroad), the worse our overall health system will look and the more off-target the Mexican reaction will be. It may be the case that Mexico’s poor health care services and limited coverage turn more deadly than a new found virus. I truly hope to be wrong on this.

Related links:

Swine Flu and the Mexico Mystery: Why does the swine flu seem to be more deadly in Mexico? from Slate
Mexico’s High Death Rate Poses Key Question on Virus from the Wall Street Journal
Swine flu: what do CFR, virulence and mortality rate mean? from Effect measure
Swine flu: Questions and answers from the Virology blog
Disease Outbreak News from the World Health Organization.

May 6 Update:
In Mexico: 29 deaths / 942 confirmed cases = 3.07% CFR
In the US: 2 deaths / 642 confirmed cases = 0.311 CFR

Gobernar sin mayoría, otra vez

La revista Expansión pidió mi opinión sobre el “balance político” de Calderón a los 365 días de haber iniciado su mandato.

Gobernar sin mayoría, otra vez

Felipe Calderón llegó a la presidencia tras una elección sumamente cerrada y un conflicto poselectoral más tenso aún. Con tales antecedentes, la expectativa natural era un primer año plagado de enfrentamientos y golpeteo con sus opositores: ¿podría el Presidente salir a la calle o mantener un control mínimo del gobierno?

Doce meses después, el escenario político no podía ser más contrastante. Es difícil negar que superó las previsiones de muchos: paradójicamente, cuanto más pesimistas eran las expectativas iniciales, mejor resulta el saldo aparente hoy día. ¿Cómo explicar esto? Vayamos por partes.

¿Importa tanto el Presidente? Sí. El Poder Ejecutivo y el Legislativo parten de una perspectiva diferente de la política: el Presidente busca implementar cierto programa de alcance nacional con el aparato administrativo bajo su control, mientras que el Congreso provee un foro de representación y negociación para los diversos partidos políticos. Más allá de sus facultades constitucionales, el Ejecutivo tiene un liderazgo clave para el país y frente al Legislativo.

El pasado importa. Los excesos del presidencialismo priista nos heredaron desconfianza en sus facultades: mala cosa si el Presidente puede hacer demasiado. Por otro lado, el errático gobierno foxista produjo desilusión: el Presidente no podría lograr nada sin una mayoría en el Congreso.

Tras nueve años de gobiernos sin mayoría, muchos apuntábamos que cierta parálisis era inevitable: no habría reformas grandes ni pequeñas hasta que las reglas del juego cambiaran los escasos incentivos para la negociación. Las reformas del primer año calderonista nos obligan a reconsiderar los alcances y límites de nuestro sistema presidencial.

No todos los gobiernos divididos son iguales. En 1997, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados pero no en el Senado. En 2000, el PRI dejó Los Pinos y la mayoría en ambas cámaras, pero se fue la primera fuerza legislativa. Hasta 2006 el PRI fue, por primera vez, tercera fuerza en diputados y segunda en senadores. Con un priismo debilitado, el poder de negociación del Ejecutivo favorece al panismo.

Errores de los rivales. Calderón aprovechó los errores de López Obrador durante la campaña y otro tanto en su primer año. Cuando el PRD se retira de la mesa de negociaciones, propicia el acuerdo entre PAN y PRI (pero no lo abarata). En vez de construir una coalición opositora, la estrategia del PRD facilitó una coalición gobernante: curiosamente, al desconocer al Presidente facilitó su legitimación.

Año de reformas. Las pensiones del ISSSTE, una reforma electoral constitucional, algo parecido a una reforma fiscal y un presupuesto aprobado en tiempo y forma, se pueden contar como éxitos tanto del presidente como del Legislativo. Se puede estar en contra o a favor del contenido, pero es difícil negar que evidencian una relación productiva entre ambos poderes.

El estilo personal. Sin tener gran carisma, Calderón sacó provecho de un buen manejo de imagen y discurso. Mostró una rápida capacidad de respuesta ante los imponderables, un celoso control de su gabinete y cierta disciplina y mesura en sus discursos. Basta contrastar la dupla  Fox-López Obrador con la de Calderón y Marcelo Ebrard para destacar cómo la clase política avanza en su profesionalismo.

Aún es muy pronto para saber si, en su afán por destrabar negociaciones, Calderón sacrificó demasiado en términos del contenido de las reformas o en otro tipo de concesiones. ¿Valen la pena reformas cocinadas al vapor?

El saldo electoral del panismo este año muestra un pobre esfuerzo o una estrategia: ¿acaso se decidió ceder algunas plazas con tal de contar con el apoyo del PRI? Será en 2009 cuando veamos si éste fue un precio muy alto.

Campaign Advertising and Election Outcomes

The recent electoral reform in Mexico will surely change the use of TV and radio ads in political campaigns.  Will this make “media effects” larger or smaller?  The Brazilian experience seems to say larger.
 
 

By: Bernardo S. da Silveira (Department of Economic, New York University)
João Manoel Pinho de Mello (Department of Economics, PUC-Rio)
URL: http://d.repec.org/n?u=RePEc:rio:texdis:550&r=pol
Despite the “minimal effects” conventional wisdom, the question of whether campaign advertising influence elections outcome remains open. This is paradoxical because in the absence of a causal link from advertising to candidate performance, it is difficult to rationalize the amounts spent on campaigns in general, and on TV advertising in particular. Most studies using US data, however, suffer from omitted variable bias and reverse causality problems caused by the decentralized market-based method of allocating campaign spending and TV advertising. In contrast with received literature, we explore a quasi-natural experiment produced by the Brazilian electoral legislation, and show that TV and radio advertising has a much larger impact on election outcomes than previously found by the literature. In Brazil, by law, campaign advertising is free of charge and allocated among candidates in a centralized manner. Guber natorial elections work in a runoff system. While in the first round, candidates’ TV and radio time shares are determined by their coalitions’ share of seats in the national parliament, the two most voted candidates split equally TV time if a second round is necessary. Thus, differences in TV and radio advertising time between the first and second rounds are explored as a source of exogenous variation to evaluate the impact of TV advertising on election outcomes. Estimates suggest that a one percentage point increase in TV time causes a 0.241 percentage point increase in votes. Since TV advertising is the most important item in campaign expenditures, this result sheds light on the more general question of the effect of campaign spending on elections outcome.
Keywords: Campaign Expenditures, Election Outcomes, Endogeneity, Quasi-Natural Experiments
JEL: G12 C22 C53 E44

 

Il liberismo è di sinistra?

In Mexico the so called right-wing ruling party wants to raise higher tax revenues (to increase social spending, for instance), to allow private investments in energy (to promote growth and employment)–and many more so called neoliberal reforms—all of which the lefty oppositon party adamantly oppose.  Granted, such means and ends are somewhat debatable but remind me again which party is more concerned about the poor?  Indeed, the “left vs. right-wing” policy label brings more confusion than clarity in many countries.  This VoxEU short op-ed by Alesina and Giavazzi (authors of The future of Europe, MIT 2006) is right on the mark.  (By the way, I will surely refer back to VoxEU, the new and notable blog with “research-based policy analysis and commentary from Europe’s leading economists”, in my political economy class.)

 

Why the Left should learn to love liberalism

By Alberto Alesina  and Francesco Giavazzi (5 October 2007)

 

“Anti-reformists in Europe claim to be protecting Europe’s weak and poor. Nothing could be further from the truth. Labour-market flexibility, deregulation of the service industry, pension reforms and greater competition in university funding might harm the interest of well-connected, privileged citizens but it would open up opportunities for Europe’s youth and disadvantaged groups. A real left-wing agenda would embrace reform.

Continental Europe is in the midst of a burning discussion about the pros and cons of market-friendly reforms and greater economic liberalism. We all know what the package contains – competition, labour-market flexibility, liberalisation of services, lower taxes, and privatisations.

The traditional debate runs as follows. These reforms are “right wing” policies. They may increase efficiency – perhaps even economic growth – but they also tend to increase inequality and to be detrimental for the poorest in society. Therefore – and here comes the typical “socially compassionate” European argument – be very careful moving in that direction. Governments should proceed cautiously and be ready to backtrack at any point.

Much of this reasoning is fundamentally wrong. Labour-market flexibility, deregulation of the service industry, pension reforms and greater competition in university funding is not anti-equality. Such reforms shift financing from taxpayers to the users themselves and, as such, tend to eliminate rents. They tend to increase productivity by basing rewards on merit rather than on being an insider. They tend to open up opportunities for younger workers who are not yet well-connected. Pursuing pro-market reforms does not imply facing a trade-off between efficiency and social justice. In this sense, pro-market policies are “left wing”, if that means reducing the economic privileges enjoyed by “insiders”.

 

Read the whole thing.

 

Coasian bargains and structural reforms

The (im)possibility of political Coasian bargains?

The fact that second generation reforms have stalled since divided government came about in Mexico, poses the crucial question of why, if the net benefits of these reforms are so high, political key players cannot successfully bargain to implement them? A related question is how come the PRI was able to push reform in so many areas, while current government faces gridlock? The puzzles of political Coasian bargains actually permeate policy-making everywhere and deserve some clarification here.

A simplified Coasian bargain looks like this: “If the long run net efficiency gains of policy A exceed transaction costs B, policy A should be implemented”.  Under ideal situations, when property rights are well defined, and as long as transaction costs are low enough, such bargains should be made.  If they are not made, we pose two possible explanations:

1. Property rights of reform are not well defined.  Reforms imply clear political costs to key players, as well as economic costs to specific groups.  Following Olson (2000), the beneficiaries of the status quo (reform) are concentrated (diffuse) whereas its burden is diffuse (concentrated).  If the economic and political payoffs are not easily transferable between transacting parties, bargains are more difficult: how do you translate future economic payoffs into present value political compensation?

2. Lack of credible commitment devices.  A hypothetical contract, where reforms are agreed upon in exchange for some political and economical compensation, requires credible commitments, and equally important, they need to be enforceable.  In private bargains, it is easy to rely on explicit contracts and third party enforcement.  But in matters of public policy, such explicit contracts are rare, and the likely enforcer, the electorate, faces collective action problems.

In the case of Mexico, the inability of legislators to be reelected in consecutive terms, for instance, limits the time horizons of the political bargains that can credibly be made.  In the PRI era, centralized policymaking allowed for some political bargains, but they also faced limits and trade offs, which often turned into unsustainable policies.  It is possible that as political competition consolidates, some commitment devices will develop in the current PMP arenas—but such devices are not here yet.

 

Casillas rurales vs. urbanas en el PREP

La semana pasada estuve en un seminario sobre el PREP en el IFE.  En una de las mesas en las que participé surgió la pregunta: “¿Cómo sabemos si la demora de las casillas rurales en verdad tuvo un impacto significativo en el flujo de datos del PREP?”

 

En el análisis de estadística descriptiva que hice meses antes era obvio que las casillas urbanas llegaron antes, en promedio, que las rurales… y que este sesgo ayudaba a explicar la ventaja inicial (y decreciente) de Calderón sobre AMLO durante la duración del PREP. 

 

¿Cómo podemos verificar esto estadísticamente, más allá de las gráficas?  Comparemos el tiempo promedio de cada tipo de casillas en ingresar al PREP:

 

. by casilla: summ horasdec  (# horas que tardó cada casilla en ingresar al PREP)

———————————————————————-

-> casilla_rural = 0   (casillas urbanas)

    Variable |       Obs        Mean    Std. Dev.       Min        Max

————-+——————————————————–

    horasdec |     85221    5.115121    2.764698          0      24.87

-> casilla_rural = 1   (casillas rurales)

    horasdec |     32066    7.436029    3.501121          0       24.9

 

Como vemos las casillas urbanas llegaron 7.43 – 5.11 = 2.32 horas antes que las rurales.   La varianza de las casillas rurales es mayor, además. ¿Será una diferencia significativa? Podemos hacer un t-test de medias o bien una regresión: 

 

Dep Var: num. de horas que tarda casilla en aparecer en el PREP…

IndepVar: Dummy  casilla_rural/urbana  

 

. regress  horasdec casilla_rural  

      Source |       SS       df       MS              Number of obs =  117287

————-+——————————           F(  1,117285) =14093.54

       Model |  125504.017     1  125504.017           Prob > F      =  0.0000

    Residual |   1044431.6117285  8.90507397           R-squared     =  0.1073

————-+——————————           Adj R-squared =  0.1073

       Total |  1169935.62117286  9.97506622           Root MSE      =  2.9841

——————————————————————————

    horasdec |      Coef.   Std. Err.      t    P>|t|     [95% Conf. Interval]

————-+—————————————————————-

casilla_ru~l |   2.320909   .0195501   118.72   0.000     2.282591    2.359226

       _cons |   5.115121   .0102222   500.39   0.000     5.095085    5.135156

——————————————————————————

 

 

Como se aprecia, las casillas rurales “nada más” están a 118 errores estándar de distancia de las urbanas…  Pero seamos más rigurosos: Veamos si la dummy rural sobrevive al controlar por 32 dummies estatales–a la mejor la heterogeneidad estatal elimina la dicotomía rural/urbano:

 

. areg horasdec casilla, abs(edo)

                                                       Number of obs =  117287

                                                       F(  1,117254) =12373.15

                                                       Prob > F      =  0.0000

                                                       R-squared     =  0.1945

                                                       Adj R-squared =  0.1942

                                                       Root MSE      =   2.835

 

——————————————————————————

    horasdec |      Coef.   Std. Err.      t    P>|t|     [95% Conf. Interval]

————-+—————————————————————-

casilla_ru~l |   2.228325   .0200327   111.23   0.000     2.189061    2.267589

       _cons |   5.140433    .009926   517.88   0.000     5.120978    5.159888

————-+—————————————————————-

         edo |     F(31, 117254) =    409.380   0.000          (32 categories)

 

El coeficiente de diferencia entre casillas rurales y urbanas baja de 2.3 a 2.2 horas.   Pero si esto aún no nos convence, podemos controlar por 300 dummies distritales–quizá la heterogeneidad distrital elimina o absorbe la dicotomía rural/urbano:

 

. areg horasdec casilla, abs(edodist)

                                                       Number of obs =  117287

                                                       F(  1,116986) = 4269.59

                                                       Prob > F      =  0.0000

                                                       R-squared     =  0.3432

                                                       Adj R-squared =  0.3415

                                                       Root MSE      =  2.5629

——————————————————————————

    horasdec |      Coef.   Std. Err.      t    P>|t|     [95% Conf. Interval]

————-+—————————————————————-

casilla_ru~l |   1.373901   .0210263    65.34   0.000      1.33269    1.415112

       _cons |    5.37403   .0094366   569.49   0.000     5.355535    5.392526

————-+—————————————————————-

     edodist |    F(299, 116986) =    140.532   0.000         (300 categories)

 

 

Como vemos, resulta que aún controlando por heterogeneidad distrital, el factor rural añade 1.37 horas de demora promedio frente a las casillas urbanas. Es decir, al interior de cada distrito, las casillas rurales demoraron 1.37 horas más en ser procesadas que las urbanas.  En los tres casos analizados arriba, este impacto es estadísticamente significativo a niveles (muy) inferiores al 1%.

 

Sobra decir que este no es el análisis más exahustivo posible, pero sí es el análisis más básico y sencillo que podemos hacer con los datos del IFE disponibles a la fecha.  Con más datos, podría estimarse un modelo mucho mejor especificado.

De Long on NAFTA and Mexico

De Long is not alone in wondering about the so-called Mexican puzzle (neoliberal reforms without large enough growth). Also, Tyler Cowen offers some possibilities here. Both are missing the big omitted variable here: Rule of law. Two more: we are a rather young democracy and interest groups are stronger than we think.

Has Neo-Liberalism Failed Mexico? / J. Bradford DeLong

Six years ago, I was ready to conclude that the North American Free Trade Agreement (NAFTA) was a major success. The key argument in favor of NAFTA had been that it was the most promising road the United States could take to raise the chances for Mexico to become democratic and prosperous, and that the US had both a strong selfish interest and a strong neighborly duty to try to help Mexico develop.

Since NAFTA, Mexican real GDP has grown at 3.6% per year, and exports have boomed, going from 10% of GDP in 1990 and 17% of GDP in 1999 to 28% of GDP today. Next year, Mexico’s real exports will be five times what they were in 1990.

It is here – in the rapid development of export industries and the dramatic rise in export volumes – that NAFTA made the difference. NAFTA guarantees Mexican producers tariff and quota-free access to the US market, the largest consumer market in the world.

Without this guarantee, fewer would have invested in the capacity to satisfy the US market. Increasing trade between the US and Mexico moves both countries toward a greater degree of specialization and a finer division of labor in important industries like autos, where labor-intensive portions are increasingly accomplished in Mexico, and textiles, where high-tech spinning and weaving is increasingly done in the US, while Mexico carries out lower-tech cutting and sewing.

Such efficiency gains from increasing the extent of the market and promoting specialization should have produced rapid growth in Mexican productivity. Likewise, greater efficiency should have been reinforced by a boom in capital formation, which should have accompanied the guarantee that no future wave of protectionism in the US would shut factories in Mexico.

The key word here is “should.” Today’s 100 million Mexicans have real incomes – at purchasing power parity – of roughly $10,000 per year, a quarter of the current US level. They are investing perhaps a fifth of GDP in gross fixed capital formation – a healthy amount – and have greatly expanded their integration into the world (i.e., the North American) economy since NAFTA.

But the 3.6% rate of growth of GDP, coupled with a 2.5% per year rate of population and increase, means that Mexicans’ mean income is barely 15% above that of the pre-NAFTA days, and that the gap between their mean income and that of the US has widened. Because of rising inequality, the overwhelming majority of Mexicans live no better off than they did 15 years ago. (Indeed, the only part of Mexican development that has been a great success has been the rise in incomes and living standards that comes from increased migration to the US, and increased remittances sent back to Mexico.)

Intellectually, this is a great puzzle: we believe in market forces, and in the benefits of trade, specialization, and the international division of labor. We see the enormous increase in Mexican exports to the US over the past decade. We see great strengths in the Mexican economy – a stable macroeconomic environment, fiscal prudence, low inflation, little country risk, a flexible labor force, a strengthened and solvent banking system, successfully reformed poverty-reduction programs, high earnings from oil, and so on.

Yet successful neo-liberal policies have not delivered the rapid increases in productivity and working-class wages that neo-liberals like me would have confidently predicted had we been told back in 1995 that Mexican exports would multiply five-fold in the next twelve years.

To be sure, economic deficiencies still abound in Mexico. According to the OECD, these include a very low average number of years of schooling, with young workers having almost no more formal education than their older counterparts; little on-the-job training; heavy bureaucratic burdens on firms; corrupt judges and police; high crime rates; and a large, low-productivity informal sector that narrows the tax base and raises tax rates on the rest of the economy. But these deficiencies should not be enough to neutralize Mexico’s powerful geographic advantages and the potent benefits of neo-liberal policies, should they?

Apparently they are. The demographic burden of a rapidly growing labor force appears to be greatly increased when that labor force is not very literate, especially when inadequate infrastructure, crime, and official corruption also take their toll.

We neo-liberals point out that NAFTA did not cause poor infrastructure, high crime, and official corruption. We thus implicitly suggest that Mexicans would be far wose off today without NAFTA and its effects weighing in on the positive side of the scale.

That neo-liberal story may be true. But it is an excuse. It may not be true. Having witnessed Mexico’s slow growth over the past 15 years, we can no longer repeat the old mantra that the neo-liberal road of NAFTA and associated reforms is clearly and obviously the right one.

Bovero sobre Elecciones Cuestionadas

Este es Michelangelo Bovero disertando, en Excelsior, sobre elecciones competidas en sistemas parlamentarios y presidencialistas. (copio algunas secciones particularmente relevantes a nuestro caso):
(…)
II. Cuando el resultado electoral es cuestionado, plantea –para los contendientes, los estudiosos, los observadores y los ciudadanos– dos tipos de problemas. En primer lugar: ¿cómo se puede y cómo se debe establecer con certeza quién ha sido el verdadero vencedor de las elecciones? En segundo lugar: acaso el vencedor, quien quiera que éste sea ¿triunfó realmente? Y dado que sólo representa a la mitad del país, ¿cómo puede pretender imponer su política a la otra mitad? Digamos de una vez por todas que esta última pregunta, en el plano formal, de la legitimidad jurídica y política, carece de sentido. Aquel candidato y/o coalición política que haya prevalecido, aunque sólo sea por un voto, tiene el derecho-deber de gobernar, esto es, de ejercer el poder de iniciativa y orientación política y además de asumir las competencias que las diversas constituciones atribuyen a los titulares de la máxima función ejecutiva. Lo que no equivale sin más a imponer la propia política. No obstante, la pregunta conserva sentido en el plano sustancial, cuando perduran las condiciones de un conflicto radical: por ejemplo, si uno de los dos contendientes rechaza de cualquier modo y obstinadamente el reconocimiento de la victoria del otro.
III. Así se hace más urgente y apremiante responder a la primera pregunta: ¿cómo se determina quién fue el vencedor? Errores de cálculo, imprecisiones en la transmisión de los datos, pero también controversias en torno a la asignación de numerosos votos, en particular a las boletas nulas, se verifican en cualquier procedimiento electoral. Es verdad que éstos y otros factores pueden ganar importancia cuando el margen es estrecho. No obstante, la experiencia enseña que afectan en una medida casi igual a todas las partes. Es, más bien, la radicalización del conflicto la que lleva a evocar (con razón o sin ella) el fantasma de la conspiración, de los fraudes. Pero, sobre éstos, como sobre los otros elementos cuestionables, ciertamente no es la presunta víctima la que tiene el poder de juzgar. Nemo iudex in causa sua. Cualquier ordenamiento constitucional democrático prevé normas para la solución de las controversias electorales y atribuye a un órgano institucional, con rango de magistratura, el poder de decidir sobre el mérito del asunto apoyándose en dichas normas. La legislación en la materia puede ser más o menos completa o con lagunas, más o menos adecuada o mediocre. Pero a un juez –quienquiera que sea– no se le puede y no se le debe pedir otra cosa sino aplicarla. Ciertamente, no se le debe pedir que la viole. Mucho menos que invente normas inexistentes, pues será eventualmente tarea de la nueva legislatura mejorar las leyes en vigor. Y menos admisible todavía, además de insensato, es pedirle al juez que decida a condición de que lo haga de un modo determinado, porque eso sería como decirle “me someto a tu juicio si me das la razón”. Lo que equivale indudablemente, sin más, a desautorizar a dicho juez.
(…)
en las elecciones estadunidenses de 2000, la controversia estalló precisamente por el resultado numérico de la votación. Es probable que el candidato declarado perdedor, Al Gore, haya conservado la firme convicción de haber obtenido mayores apoyos que su adversario. Pero, frente al pronunciamiento de las autoridades competentes, se retiró de la contienda, en buena lid. Ciertamente ni siquiera acarició la idea de organizar una protesta popular. La democracia de Estados Unidos es muy imperfecta; más aún, en mi opinión, es insuficientemente democrática. Pero las instituciones son sólidas. Y fuera de las instituciones constitucionales, o peor aún, en contra de ellas, sólo puede existir una caricatura de democracia.
En Italia, hace pocos meses, en presencia de una ventaja reducidísima de votos a favor de la coalición de centro-izquierda, el líder de la coalición de centro-derecha, el premier saliente, Berlusconi, héroe emblemático del neopopulismo mediático, príncipe de la antipolítica posmoderna, denunció la conjura y habló de fraudes. Declaró haber sufrido “el robo de una victoria limpia”, levantando la sospecha de decenas o centenas de miles de votos arrebatados fraudulentamente por la izquierda, y de innumerables boletas a su favor injustamente anuladas. Afirmó que iba a “exigir” el recuento total de los votos. Lo que, sencillamente, no está permitido por la ley. Amenazó con llenar las plazas (alternando las acusaciones y las amenazas con propuestas de “gran coalición” al estilo alemán, mas la coherencia no es una virtud de los demagogos). Pero luego, después de la sentencia de la magistratura competente que confirmaba la victoria del centro-izquierda, mientras continuaba ocasionalmente con sus amenazas, se fue adaptando más o menos al papel de jefe de la oposición, persiguiendo un objetivo bien preciso: aprovechar cada ocasión para hacer caer al gobierno de Prodi, objetivamente débil en el ámbito parlamentario.
¿Y México? Hasta donde logro recabar informaciones periodísticas, me parece que se puede decir (y corríjanme si me equivoco) que López Obrador ha realizado, al menos en parte y a su modo, lo que Berlusconi sólo había amenazado. Ha convocado a sus seguidores a llevar a cabo una protesta masiva, que ha adquirido también el significado de una presión pública sobre el Tribunal Electoral. Me pregunto si ésta no es una típica estrategia antipolítica: el pueblo frente al poder, la plaza frente al palacio. No se me malentienda: la protesta colectiva corresponde perfectamente a la dialéctica de la vida democrática, sólo que bajo ciertas condiciones. Y no siempre, aun cuando sea formalmente legítima, una protesta tiene motivaciones y fines aceptables desde un punto de vista democrático. A veces puede representar un peligro para la salud de la democracia.
No me permito disertar de lejos sobre una cuestión tan delicada. Pero algo debe decirse acerca de la forma en que López Obrador (hasta donde estoy enterado) ha manejado hasta ahora su relación con la masa, presentándola como un ejercicio de “democracia directa”. La decisión de una multitud que responde a las preguntas del líder con un sí o con un no, o que aprueba levantando la mano, no es una decisión democrática. Es más bien equiparable a la aclamación, que constituye (según decía Bobbio) precisamente la antítesis de la democracia, porque los eventuales disidentes no cuentan para nada ni tienen una verdadera manera para expresarse y además sufren la presión, por lo menos psicológica, de quien está junto a ellos. Se puede definir democrática la decisión de una asamblea sólo si cada uno de sus miembros tiene la misma posibilidad de discutir las propuestas de los demás y de presentar y argumentar propuestas alternativas. Esto sucedía en la democracia directa ateniense y es también lo que ocurre, toda diferencia guardada, en un parlamento bien ordenado. No tengo la intención de ofender a nadie, quisiera solamente despertar de manera modesta y serena una interrogante en el ánimo de quienes estuviesen demasiado seguros de encontrar la democracia en la multitud, pasando por encima de las instituciones. Pero a quien conoce la historia del siglo XX italiano la imagen de una multitud que responde “¡Sííí!” a la pregunta del líder: “¿Estamos de acuerdo en eso?”, evoca terribles recuerdos.
En el caso mexicano, en suma, tal parece que el rechazo radical al resultado de las elecciones se relaciona con una forma particularmente acentuada de liderismo: expresiones exacerbadas, ambas –el rechazo al resultado y el liderismo–, por un lado, de la interpretación conflictual de la política como duelo y, por el otro, de la concepción verticalizada y personalizada del poder. Son una exaltación extrema de las mismas patologías degenerativas a las que tiende, por su naturaleza, el régimen presidencial.
Desde hace tiempo vengo afirmando que en América Latina es necesario mover el eje del poder desde el gobierno presidencial hacia el parlamento. ¿Qué piensa el parlamento recién electo en México? ¿En particular aquellos legisladores que fueron elegidos en la misma coalición política de López Obrador? Me gustaría saberlo.

Nulidad abstracta vs. 41 millones de votos

Es probable que los magistrados hagan una larga serie de juicios de valor cualitativos antes de calificar la elección presidencial.
Por un lado, quizá el presidente Fox, el apoyo de la CCE, y los spots negativos restaron votos a AMLO. Además, el escándalo Hildebrando, los spots del FOBAPROA, quizá también restó votos a FC. Pero al mismo tiempo quizá la campaña a ras de tierra, el cállate chachalaca, no asistir al primer debate, el discurso clasista, y la lenta respuesta a la campaña negativa de FC también restaron votos a AMLO.
¿Cómo ponderar los errores de campaña de AMLO (¿algún perredista acaso los menciona?) contra los éxitos relativos de la campaña de FC. ¿Cómo calcular el impacto de todos estos factores en la decisión ciudadana de ir o no a las urnas y por qué candidato votar? ¿De verdad hace falta que alguien le diga al electorado qué mensajes debió o no debió escuchar antes de decidir su voto?

Algunos analistas dicen que más vale anular la elección que exacerbar la crisis política. ¿De verdad la opinión de un experto analista vale más que la decisión de más de 40 millones de ciudadanos?

Entre tantas incógnitas quizá sea mejor darle el privilegio de la duda a la ciudadanía: ¿pueden o no pueden tomar una decisión sensata y respetable dada la información que tuvieron disponible durante una larga campaña?

Errores de calculo

La estrategia de AMLO comete varios errores de cálculo: Uno, atacar a un presidente medio bonachón e ineficaz pero al fin y al cabo popular, al tiempo que mantienen secuestrada la capital, es sumamente impopular. Dos, el contradictorio argumento original de que la elección fue “fraudulenta y/o inequitativa”, según convenga, tampoco tiene un consenso mayoritario entre la población. Tres, que los casi 15 millones de mexicanos que votaron por él el 2 de julio están dispuestos a seguirlo en su arriesgada aventura por “purificar la república”: la población en general quizá acepta líderes carísmáticos pero no parece querer más héroes revolucionarios en sus libros de texto gratuito.

Durante su campaña, mediante un reclamo legítimo de atender la pobreza / desigualdad / corrupción, AMLO consiguió gran fuerza y representatividad—y casi gana la elección. Con su nueva estrategia, reclamando un fraude improbable, sitiando la ciudad y llamando a derruir las instituciones (arrebata la mesa, lincha al árbitro y de plano rompe con las reglas del juego), AMLO consigue menos fuerza, menos representatividad y menor apoyo… en resumen, menos legitimidad.

Una simple prueba del ácido: Si toda la elección se anulara y de inmediato tuviéramos nuevas elecciones, AMLO perdería contundentemente y el PRD volvería a su acostumbrado tercer lugar en las cámaras.

En el largo plazo, la estrategia de AMLO quizá le permita sobrevivir como líder de su partido (o de un nuevo partido convencionista) y llegar al 2012. Pero los riesgos y costos iniciales son enormes. Un AMLO alternativo bien podría haber dado una mejor pelea legal hasta que el TEPJF fallará y, de inmediato, cambiar su discurso por un moderado reconocimiento de su derrota y una creíble promesa de “continuar luchando desde cualquier trinchera por el proyecto alternativo de nación”–no hacía falta quemar las naves ni hacer que su bancada se inmolara.

El error de medición (no muestral) de una elección

En esta elección presidencial la ventaja de FC sobre AMLO es de 1.8 votos por casilla y tiene un error estándar de 0.20–este es el error muestral, por asi decirlo, y nos dice que FC está a casi diez errores estándar de distancia de AMLO: estadísticamente AMLO está lejísimos de su rival.

En su columna de hoy, José Antonio Crespo se refiere a lo que también se conoce como “error de medición” o “error no muestral”: una encuesta puede tener una muestra suficiente pero aún así está el error de no respuesta, respuesta  malinterpretada o mal capturada, etc.  Para el caso de una elección escrutada por ciudadanos elegidos al azar lo que preocupa no es el error muestral (130 mil casillas son una muestra igual al universo) sino el error de medición.

Estadísticamente, si el error muestral es mínimo y el margen FC-AMLO es pequeño tenemos que fijarnos en el error de medición que proviene de errores de escrutinio o llenado de actas.  Este error fluctúa entre 1 y 1.5% de las votos de cada casilla (aunque es una medición muy tentativa con datos limitados, ojo).  ¿Es mucho o poco?  Todo depende de cómo está distribuido: si está distribuido de manera aleatoria a lo largo del país, aún si el error de medicion fuese de 5% o 10%, no tendemos mucho problema: todo mundo perdió o ganó un poquito en cada casilla y los errores se cancelan mutuamente.  Pero si el error de medición está sesgado hacia algún lado, tenemos un problema serio.

El TEPJF, a petición de parte, ordenó recontar una muestra muy sesgada de casillas (90% panistas).  Independientemente de lo allí encontrado, de esa muestra sólo podemos inferir el error de medición en cierto tipo de casillas panistas, y no más. Por su parte, la coalición hace cuentas entre alegres con estos errores aduciendo que evidencian irregularidades insoslayables. El problema aquí es que la única forma de saber si este error de medición es alto, bajo o insesgado es comparándolo con una muestra equivalente de casillas perredistas (ie, un grupo de control). Es decir, de un recuento sesgado, como fue el ordenado por el TEPJF, sólo pueden salir inferencias sesgadas.

Algunos juristas  dicen que el TEPJF no extrapolará nada más allá de la evidencia del recuento de casi 12 mil casillas por las mismas razones que no extrapoló los alegatos de AMLO hacia un recuento total–y por tanto no abrirá niguna casilla más… De ser así, un nuevo problema es que en la práctica el TEPJF le estaría dando argumentos al PRD para hacer extrapolaciones sesgadas, que pueden ser falsas, pero sin darle a un observador imparcial elementos para confirmar o desmentir tales extrapolaciones.  Noten que si el PRD lográ anular 4,000 casillas bien seleccionadas (3% del total nacional), la elección se voltearía en favor de AMLO.

Viendo los datos parciales disponibles a la fecha, parece que los errores de medición son tan aleatorios como los errores aritméticos de las actas: pero sin evidencias claras difícilmente el público lo creerá. Curiosamente, las cosas se perfilan hacia que el PAN sea ahora el interesado en un recuento muestral y representativo.  Una vía sencilla de resolver estas dudas sería que el TEPJF recontará una muestra representativa de casillas–como la del conteo rápido del IFE–para verificar si los errores humanos de medición de la elección tuvieron algún sesgo o no.  De no encontrarlo, la coalición difícilmente podría seguir alegando un fraude sistemático en su contra.

¿Qué impacto puede tener un recuento parcial de votos?

Durante el cómputo distrital se abrieron y recontaron 2,864 paquetes electorales, produciendo un ajuste en la votación de todos los rubros y una ligera mejoría en el margen entre PAN y PBT (de 0.58 a 0.583%).

El resultado de este recuento no es representativo de tendencias a nivel nacional, pero sí ofrece indicios del tipo de ajustes que pueden darse en un recuento adicional. Sin ser representativas de diferencias a nivel nacional, los paquetes recontados ofrecen evidencia indirecta sobre el ajuste de votos que puede obtenerse al recontar casillas en zonas panistas o perredistas.

Se trató de una muestra sesgada y no representativa de casillas pues fueron factores políticos y las inconsistencias de las actas los que produjeron su apertura y recuento: 62 y 66% de los 2,864 paquetes recontados fueron de estados y distritos panistas, respectivamente, y en ellos FC tuvo un margen de 5.17% sobre AMLO.

Sin embargo, al clasificar los paquetes por la filiación partidista de sus distritos surgen asimetrías significativas. En casillas de distritos perredistas, el ajuste promedio fue de 13.3 votos menos para AMLO, y de 1.9 votos menos en distritos panistas. Por otro lado, en casillas de distritos panistas, el ajuste promedio fue de 4.7 votos menos para FC, y de 5.8 votos menos en distritos perredistas. Esto resultó en que el margen de votos FC-AMLO disminuyó en 2.9 votos promedio en distritos panistas, pero aumentó en 7.5 votos en distritos perredistas.

De nuevo, al no ser una muestra representativa, NO se puede afirmar que estas tendencias se reproducirían en un recuento a nivel nacional. Pero SI se puede decir que dentro de la muestra de casillas recontadas, las casillas “azules” tuvieron un ajuste distinto al de las “amarillas”.

La moraleja es que si se hace un recuento sesgado, el ajuste obtenido también será sesgado. El sesgo puede provenir de recontar casillas de cierta región, urbanidad o filiación política particulares. Un recuento de una muestra aleatoria y representativa de casillas ayudaría a dilucidar tales sesgos y descubrir si hubo erroreres o diferencias sistemáticas durante la elección.

Si el recuento muestral es legalmente injustificable (poco construible, dicen) entonces los resultados de un recuento parcial deben tomarse con cautela. Si se encuentra un ajuste de +/- 2 votos en una muestra sesgada de casillas, no podemos generalizarlo y decir que si abrimos más casillas seguiremos encontrando el mismo ajuste. De hecho, la evidencia de las 2864 casillas apunta a que, dependiendo del tipo de distrito recontado, será el ajuste hallado.

Es muy probable que existan errores de conteo en múltiples casillas. Siempre los ha habido pero es hasta ahora que se ponen bajo la lupa. También es probable que el error sea aleatorio y se cancele entre unas y otras casillas a nivel nacional. Pero puede ocurrir que el error no sea aleatorio y no se cancele mutuamente a nivel regional.

Los resultados de este análsis preliminar están aqui:
http://www.cide.edu/investigadores/aparicio/elecciones/recuento.ppt

Representantes de casilla y voto presidencial

En los últimos días se ha dicho que una evidencia adicional de irregularidades durante la elección es el hecho de que en zonas donde AMLO no tuvo representantes de casilla, sus votos fueron inusualmente bajos.

Hice un análisis preliminar con datos a nivel estatal y distrital y resulta que lo dicho por la Coalición es parcialmente cierto… pero no sólo para AMLO sino también para Felipe Calderón y Roberto Madrazo: El voto de AMLO, FC y RM es menor en zonas donde tuvieron menos representantes de casilla. Y si esto sucedió a los tres principales candidatos deja de ser una anomalía y se vuelve una regularidad empírica.

¿De donde proviene la relación entre representantes de casilla y niveles de voto presidencial?

Resulta que tanto los representantes de casilla como los votos obtenidos por un partido son proxies de un mismo fenómeno: la fuerza electoral de un partido a nivel local. Si un partido tiene presencia importante en un estado o distrito, seguramente tendrá no sólo votos sino también simpatizantes suficientes para fungir como representates de casilla. Y viceversa, si un partido no tiene presencia en un estado o distrito, seguramente tendrá pocos votos y le será aún más difícil conseguir representantes de casilla.

Así, RC y votos son variables endógenas. En estudios empíricos, decimos que dos variables son endógenas cuando una causa a la otra y viceversa, o bien cuando ambas variables están determinadas simultáneamente por un tercer factor. Matemáticamente estaríamos hablando de un sistema de ecuaciones.

También se dijo que donde había pocos RC había más votos nulos de lo normal. De nuevo, usando datos a nivel estatal y distrital vemos que la relación entre RC y porcentaje de votos nulos es, valga la redundancia, nula (estadísticamente indistinguible de cero, decimos). Un muy buen predictor de votos nulos, en cambio, es el porcentaje de casillas rurales en un distrito: el 60% de los votos nulos provienen de casillas rurales. Por qué ocurre esto es una pregunta importante a futuro.

Pueden ver estos resultados aqui:
http://www.cide.edu/investigadores/aparicio/elecciones/repcasillas.ppt

Especulaciones sobre PREP y Conteo Distrital

Circulan en internet diversos análisis sobre las supuestas anomalías del PREP y del conteo distrital. Sin hacer un juicio sumario sobre la calidad de estos estudios, la mayoría de ellos han sido usados como argumentos para sustentar la hipótesis del fraude cibernético. Celebro estos análisis que explotan la transparencia (a veces tardía, pero transparencia al fin) y los datos divulgados por el IFE. Lo malo del asunto es que ni los medios ni los ciudadanos comunes saben mucho de estadística y entonces es fácil que unos y otros se vayan con la finta… Otro problema no menor es que aún los expertos pueden ver moros con tranchete si parten de supuestos equivocados. Veamos.

¿Anomalías o sesgo urbano y partidista?
Dos hipótesis sugeridas por muchos pero que casi nadie ha puesto a prueba, o de plano la descartan prima facie, es 1) el sesgo urbano en el flujo de datos del PREP y 2) el sesgo partidista en el conteo distrital.

Los datos planos del PREP, hechos disponibles recientemente por el IFE, incluyen una variable donde distinguen entre casillas rurales y urbanas. El PAN aventajó en zonas urbanas y no tanto en las rurales. Ex-post, tambien sabemos en qué estados o distritos ganó FC y en cuáles AMLO. Con tales datos se pueden hacer fácilmente las siguientes pruebas:

  1. Comparar medias de votos PAN/PRD/PRI en casillas rurales y urbanas
  2. Ritmo y velocidad de captura en PREP en casillas rurales y urbanas
  3. Velocidad de captura en CDA en estados donde gano AMLO vs. FC.

Mi pronostico es que los flujos iniciales del PREP provinieron de casillas urbanas, donde se favoreció a FC. El margen sobre AMLO disminuyó paulatinamente conforme llegaron datos mas típicos del resto del país… pero luego volvió a aumentar un poco al llegar las boletas del noroeste y el tardío pero seguro voto rural pro-PRI. Si la ventaja incial de FC era suficientemente amplia, no tendría por qué haber habido cruce… tal como ocurrió.

En cuanto al conteo distrital, pronostico que los computos avanzaron mas rápido en los distritos o estados pro-AMLO, que en los estados pro-Calderón. Esto no es aleatorio, sino fruto de que los comités distritales donde ganó Calderón sostuvieron mayores debates casilla por casilla que los de su rival–lo cual retardó su captura. Al final, si el PREP y el conteo rápido no mintieron, tenia que haber cruce en favor de FC… tal como ocurrió.

(a ver si tengo tiempo de probar estas hipótesis)

Expertos y supuestos equivocados
De manera más general hay que aclarar otras cosas. Muchos expertos han analizado el flujo de datos del PREP y el CDA como si ambos fueran producto de procesos 1) aleatorios, 2) independientes o 3) muestrales. Los tres supuestos son falsos.

NO ALEATORIEDAD. Es obvio que el flujo de datos depende de factores no aleatorios como el huso horario de los estados y la urbanizacion de los distritos y casillas. Además, la capacidad de escrutinio, cómputo y llenado de actas de los funcionarios de casilla tampoco está distribuida aleatoriamente en nuestro país–por las mismas tristes razones que la escolaridad tampoco es uniforme a lo largo del país. Otras cosas si son mas o menos aleatorias: la tasa de participación, si la casilla abrió y cerró a tiempo, si había cola a las 6pm, o si llovía esa noche.

DEPENDENCIA. No se deben analizar los votos o porcentajes de un candidato de manera independiente al de otros. Existen muy claros sesgos partidistas y de participacion que varían entre regiones, estados y distritos. Esto es evidente cuando se comparan los histogramas de frecuencias de FC y AMLO: cuando el voto de un candidato es más disperso el del otro es más concentrado. Por ejemplo, en algunos estados el voto priísta afectó más al PRD que al PAN y viceversa. Incluso el voto por partidos chicos como NA y ASDC a veces afectó o benefició a PAN y PRD.

NO MUESTRAL. Algunos expertos insisten en que debió haber habido múltiples cruces en el PREP y en el CDA, dada la aleatoriedad del proceso. Pero aún en una eleccion reñida como esta, si las condiciones inciales del flujo de datos favorecían suficientemente a un candidato no tiene por qué haber cruces o bien, dado el caso, sólo un cruce (es decir, más que random walks, hubo path dependence en el flujo de datos). Como explique más arriba es posible que el PREP haya comenzado con tal ventaja para Calderón que esta solo se redujera sin revertirse; por otro lado el CDA favoreció inicialmente a AMLO… hasta que hubo uno y sólo un cruce.

Finalmente, poco se ha dicho del conteo rápido–instrumento muestral que, a diferencia del PREP, en efecto estaba diseñado para pronosticar el resultado. El conteo rápido SI fue una muestra aleatoria y representativa de las casillas y, en efecto, mostró muchos cruces conforme las casillas reportaban sus datos–tal y como era obvio esperar.

El conteo rápido hubiera podido detectar un “vencedor probable” el mismo domingo si el margen de diferencia era mayor a 0.6%. Pero los ciudadanos decidieron dar una ventaja ligeramente menor: 0.58%… que dejó mudo al conteo. De nuevo, algunos verán en este hecho una prueba más de la maquinación fraudulenta. Yo lo que veo es una elección apretadísima como las que ocurren de vez en vez a lo largo del planeta.