Rational choice and the humanities

Este es el contenido del Volumen 1 de la revista interdisciplinaria Occasion (octubre 2009). No tiene desperdicio.

Chávez o el costo social de una terquedad

Blog de esta semana en Animal Político / Covarianzas.

Hugo Chávez o el costo social de una terquedad (13 marzo 2013)

Hace una semana falleció Hugo Chávez y las reacciones sobre su legado no se han hecho esperar. Para unos el comandante era el líder revolucionario que no sólo Venezuela sino toda América Latina esperaba. Para otros, no fue otra cosa que un caudillo más de una larga serie de líderes que, populares o no, carismáticos o no, casi siempre acaba mal.

Mucho se ha dicho de su carisma –que sin duda lo tenía, gajes pintorescos no faltan–, del liderazgo que representó para países de la región –a menudo necesitados de caridad petrolera–, o del heroísmo implícito en enfrentar al imperio yanqui con toda la fuerza de una retórica revolucionaria, mesiánica, bolivariana y socialista. Por desgracia, como ni el carisma ni la retórica producen bienestar, en este blog me concentraré en una pregunta más aburrida: Tras 14 años en el poder ¿Chávez dejó una democracia más consolidada y una economía más próspera? No.

Entre los ingredientes necesarios para una democracia están los siguientes: sostener elecciones periódicas, libres y justas mediante un sufragio lo más incluyente posible, en un ambiente donde ciudadanos y contendientes puedan expresarse con la mayor libertad posible. Es algo más que simples elecciones, y algo menos que la igualdad absoluta en todos los ámbitos. Cuando menos, se espera que en una democracia los políticos en el poder enfrenten una posibilidad real de perderlo. Cuando más, se espera una rendición de cuentas tanto vertical (voto de castigo) como horizontal (pesos y contrapesos). Cuando faltan estos ingredientes tenemos un régimen autoritario o una simulación: un autoritarismo con fachada electoral.

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Lean la nota completa aquí.

Lecturas sugeridas:

  • Javier Corrales y Michael Penfold.”Dragon in the Tropics: Hugo Chávez and the Political Economy of Revolution in Venezuela”, 2011.
  • Manuel Hidalgo. Hugo Chávez’s “Petro-Socialism” | Journal of Democracy http://t.co/5hAZYfLjm8
  • “The Price of Political Opposition: Evidence from Venezuela’s Maisanta” / El precio de la oposición política en Venezuela (el caso Maisanta) http://t.co/Rw5ZyI15
  • Resultados electorales (y referéndum) en Venezuela 2000-2010 http://t.co/zGw9QHZ2
  • Desproporcionalidad del sistema electoral Venezolano: Análisis de las elecciones parlamentarias 2010 http://t.co/DLe3TxZO
  • Venezuela: el legado autoritario de Chávez | Human Rights Watch http://t.co/hIN6GPJu1U 

La historia del sistema electoral del Vaticano

Les comparto la primera nota de mi blog en Animal Político, Covarianzas.

La aritmética del sistema electoral del Vaticano (6 de marzo 2013)

Tras la sorpresiva renuncia del papa Benedicto XVI, en los próximos días iniciará el cónclave para elegir al nuevo papa. Como no soy experto en asuntos eclesiales, no dedicaré este blog a analizar las probabilidades o consecuencias de que llegue uno u otro aspirante. Más bien, quiero aprovechar la coyuntura papal para discutir el sistema electoral del Vaticano.

¿Cuál es la mejor forma de elegir a un papa o a un jefe de Estado? La toma de decisiones colectivas –entre las cuales las reglas electorales son un caso prominente– es una de las áreas de investigación más sólidas de la ciencia política y permite ofrecer una respuesta tentativa: la verdad, no lo sabemos. Veamos por qué.

Si pensamos en el papa como el líder de la población católica en el mundo, una primera intuición sugeriría un papa representativo de las regiones con mayor población católica. Hoy día se estima que casi la mitad de los católicos viven en América Latina o Norteamérica, mientras que la proporción de católicos europeos es de menos de una cuarta parte. Y aunque San Pedro era de Galilea, de unos siglos a la fecha, prácticamente todos los papas han sido italianos o europeos. ¿Por qué?

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Pueden leer la nota completa aquí

Lecturas relacionadas:

Ciencias sociales

Hace unos cinco años la revista de alumnos del CIDE, Contrapunto, me pidió unas líneas sobre lo que era y no era ser académico. Hoy me topé con ellas casi por accidente. Van.

Cómo no cambiar el mundo y divertirse en el intento.
(Revista Contrapunto, otoño 2007).

Si  bien no existe una prueba de fuego para distinguir entre lo que es o no es ciencia, me quedo con una definición mínima: el científico, social o no, sigue un método suficientemente confiable para responder preguntas.  El científico necesita una lámpara (la teoría) para distinguir causas de efectos, lo fundamental de lo contingente y, por otro lado, un criterio para discriminar entre la evidencia disponible (medición).  Aventurar grandes preguntas o sesudas respuestas sin tales herramientas es cualquier cosa menos un científico.

Los principales obstáculos del científico social son la subjetividad y los sesgos cognitivos tanto propios como los de su público: a todos nos encanta contar y escuchar historias.  Y el principal aliado es ese irritante lector, colega o estudiante que te hace ver tus errores.

A menudo las ciencias sociales atraen jóvenes apasionados que quieren cambiar el mundo.  Lo cual es bueno porque sin pasión no se llega muy lejos en ninguna empresa.  Y es malo por lo difícil que resulta anteponer el rigor del método a la terquedad de tus sueños e ilusiones.

Pasado este punto la ambición del científico es más bien modesta: plantear preguntas más o menos interesantes cuya respuesta es marginalmente útil.  Es así como, casi sin querer buscar verdades últimas, con más vanidad que rigor y entre divertidas guerritas interdisciplinarias, avanza la ciencia.  Sospecho que un mundo sin científicos sociales no sería muy distinto del que tenemos ahora: ¿pero entonces quién pelearía contra esos rudos llamados intelectuales?