Peña Nieto en contra de la reelección

Peña Nieto opina sobre la minuta de reforma política del Senado en el El Universal de hoy (Trascendencia de la Reforma Política, 18 julio 2011). Le gusta casi todo excepto la reelección legislativa y extraña una “cláusula de gobernabilidad” para el Congreso. Según él, la reelección legislativa “estrecharía de manera desmedida la relación entre grupos de interés” y legisladores, además de que impediría la “renovación de cuadros políticos”.

  • La trampa del argumento radica en referirse a dos posibles desventajas de la reelección sin considerar su peso relativo frente a una amplia lista de sus ventajas.
  • Salvo Estados Unidos, se refiere vagamente a la experiencia de otros países sin decirnos cuáles ni cómo mide su desempeño legislativo. Si el argumento es comparativo, resulta que la mayoría de las democracias del mundo permiten la reelección: ¿acaso tenemos mejores legisladores en México que otros países?
  • Sin reelección, los legisladores tienen un horizonte corto de planeación y no rinden cuentas ante el electorado que los llevó a la curul. Por ello, son más susceptibles a la influencia de los grupos de interés públicos o privados. ¿Acaso hoy no tenemos telebancadas o diputados que sólo responden al SNTE, a su líder de partido o a los gobernadores que los apadrinaron?
  • El congreso no es una tómbola donde cada 3 años se deban renovar todos cargos. Ninguna organización, pública o privada, funciona así. Se trata de que se queden los mejores legisladores y de que éstos tengan los mejores incentivos para responder ante el electorado.
  • A Peña le preocupan las altas tasas de reelección de Estados Unidos, pero no considera que en América Latina éstas son mucho más bajas: en Argentina, Brasil y Chile, la tasa de reelección fluctúa entre 50 y 63%. Pero de nuevo: si la reelección es un premio al buen desempeño, bienvenida sea (¿acaso no fue por eso que ganó Eruviel?).
  • En cambio, la cláusula de gobernabilidad –fórmula que no tiene ninguna democracia consolidada del mundo– le parece una vía democrática porque, después de todo, ya la tenemos en la ALDF. ¿Por qué para este caso se omite la experiencia de “otras latitudes”?

Recordemos que, desde el 16 marzo de 2010, Peña Nieto explicaba que: “el principal reto de nuestro sistema político es formar mayorías para gobernar.” En aquel artículo, Peña sugería 3 vías: eliminar el tope de sobrerrepresentación del 8%, una cláusula de gobernabilidad del 35% (hoy sólo pide 40%), o bien disminuir plurinominales.

Para decirlo claro, Enrique Peña Nieto quiere un Congreso con mayor sobrerrepresentación pero sin una mayor rendición de cuentas ante el electorado (porque eso y no otra cosa es la reelección legislativa). Habrá que ver cuántos expertos consigue para secundar ese argumento.

Este es un extracto del artículo de Peña Nieto de hoy:

(…) no me parece evidente la conveniencia de la reelección legislativa. Muchos analistas argumentan que la reelección consecutiva mejoraría la vinculación entre la ciudadanía y sus representates. Sin embargo, en la práctica, como se ha observado en otras latitudes, más que estrecharse la vinculación con los ciudadanos, la reelección consecutiva podría estrechar de manera desmedida la relación entre grupos de interés económico y los representantes populares, lo que podría llevar a que el Congreso quedara capturado por un conjunto de intereses particulares que, además de desvirtuar la esencia de la representación popular, dificultarían aún más la construcción de acuerdos para reformas de gran trascendencia.

Por otro lado, también me preocupa que la reelección consecutiva perpetúe en posiciones clave a los mismos actores sin permitir la renovación de los cuadros políticos. En EU, por ejemplo, la tasa de reelección de los miembros del Congreso es de alrededor del 90%, mientras que la aprobación de su trabajo oscila en el 20% (Gallup, 2010). De igual forma, aceptar la reelección legislativa consecutiva podría abrir la puerta, como ha sucedido en muchos países de América Latina, a la reelección del Ejecutivo, la cual, como lo ha mostrado nuestra historia, tiene el potencial de convertirse en una fuente de conflictos políticos y tentaciones autoritarias.

Por último, el caso de la cláusula de gobernabilidad de la Asamblea Legislativa del DF me remite al gran tema faltante: la construcción de mayorías parlamentarias. En el Senado, los grupos parlamentarios del PAN, PRI, PRD, Convergencia y el PVEM votaron mayoritariamente por elevar el porcentaje de votación necesaria para obtener mayoría absoluta en la ALDF. Al hacerlo, avalaron este mecanismo democrático para construir mayorías.

Como lo he dicho anteriormente, la cláusula de gobernabilidad, que permitiría alcanzar la mayoría absoluta al partido que obtuviera una mayoría relativa de alrededor del 40% de la votación, es un mecanismo democrático viable para alcanzar mayorías parlamentarias. Otra opción, la más necesaria, sería eliminar la cláusula que limita la sobrerrepresentación del 8% en la Cámara de Diputados. En un contexto plenamente democrático, resulta absurdo poner un freno a la formación de mayorías. Estas y otras fórmulas para construir mayorías, como la reducción de legisladores plurinominales, deberían de ser incorporadas al debate.

 

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