Esta es mi última columna del año para Excélsior, “Voto razonado” (28 diciembre 2013).
La próxima semana el Tratado de Libre Comercio de América del Norte cumplirá 20 años de haber entrado en vigor. Como país, ¿estaríamos mejor o peor de no haberse firmado el TLCAN? Para muchos, el tratado era una idea buena o mala desde el comienzo; para otros, seguirá siéndolo así, independientemente de 20 años de evidencia. Lo cierto es que se trata de una pregunta (contrafactual) de difícil respuesta, puesto que resulta imposible observar a México con y sin Tratado. Lo único que podemos observar es a México antes y después del TLCAN y comparar su desempeño con el de otros países, tratando de distinguir lo que ocurrió gracias al Tratado y lo que de todos modos hubiera ocurrido sin él.
El comercio es benéfico para los países en general y para los individuos en particular. Después de todo, si el intercambio voluntario de bienes y servicios entre dos partes no fuera mutuamente conveniente, difícilmente ocurrirían tales transacciones. Sin embargo, no es lo mismo hablar de las “ganancias del comercio”, las cuales casi siempre son positivas, que de la “distribución de las ganancias del comercio”, misma que depende de muchos factores. Lo que incomoda a muchos críticos del comercio es la distribución inequitativa de sus ganancias. Es por ello que detrás del TLCAN hay un potencial conflicto distributivo. Continue reading