About Javier Aparicio

Profesor de la División de Estudios Políticos del CIDE, en México. (Assistant professor in the Political Studies Division at CIDE).

Participación electoral 2009

Comienzan a hacerse públicos los resultados de las encuestas de salida de la elección 2009.  Si bien la participación fue mayor a la de 2003, lo cual puede atribuirse en parte al movimiento anulacionista y quizá también a la intensa campaña de medios del nuevo COFIPE, algunos sesgos en la participación se mantienen casi sin cambio.

Año 1997 2000 2003 2006 2009
Lista nominal 52,208,965 58,782,737 64,710,596 71,374,373 77,470,785
Votos válidos 29,251,017 36,782,000 25,738,637 40,588,729 32,636,198
No registrados 13,977 31,461 16,359 297,989 56,417
Nulos 855,227 788,157 896,649 904,604 1,867,729
Total 30,120,221 37,601,618 26,651,645 41,791,322 34,560,344
Participación 57.69% 63.97% 41.19% 58.55% 44.61%
Nulos/Total 2.84% 2.10% 3.36% 2.16% 5.40%

Parametría da a conocer algunos resultados interesantes de su encuesta de salida (nota: mis comentarios en cursiva).

Género. La participación de las  mujeres es 5% menor a la del padrón.  Y la de los hombres 5% mayor.  Esto puede tener un impacto importante en los triunfos o derrotas de las candidatas a diputadas.

Edad. Los jóvenes son los que menos votan el día de la jornada electoral. Sin embargo, en el 2000 ésta constante se cuestionó por la alta participación de los jóvenes. El segmento de 18 a 25 años, 16% del padrón, sólo representó 13% del voto. El diferencial es un poco mayor (26 vs. 22%) en el segmento de población de 26 a 35 a años.  En los segmentos que van de 36 a 45 años y de 46 a 55 años no se observan diferencias importantes con los votantes del 5 de julio. Pero los mayores de 55 años, el sesgo es de 4% más respecto a lista nominal.

Es por ello que, a pesar de la frescura que las plataformas “pro-jóvenes” y las iniciativas juveniles traen a las campañas, éste no es un segmento que, por sí mismo, garantice un triunfo electoral en una elección bipartidista (pero quizá sí lo sea en una elección multipartidista).  En efecto, el segmento de edad mediano del padrón está entre 36 y 45 años, pero el segmento mediano de votantes probables es un poco mayor–y tenderá a envejecer un poco más en los próximos años.

Escolaridad. Hay un claro sesgo entre los electores de mayor escolaridad. Los votantes sin ninguna instrucción formal están 2 puntos por abajo de lo que representa su segmento. Los de primaria y secundaria estuvieron 7 y 4 puntos respectivamente por abajo del peso de su segmento. Mientras que los votantes con preparatoria y universidad se ubicaron 4 y 7 puntos respectivamente por arriba de su promedio nacional.

Es por ello que, a pesar del sesgo negativo en participación, un partido o candidato que apela a un grupo de edad con nivel de estudios de secundaria o menos sí puede llevarse una mayoría de votos (7+27+24=58%).  Por otro lado, una plataforma “ilustrada/moderna/vanguardista” que apela a los votantes con estudios de al menos preparatoria no es suficiente para alcanzar una mayoría–ni siquiera considerando el sesgo positivo de su participación (20+21=41%).  El segmento escolar mediano del padrón es de secundaria–y tenderá a ser más educado en los próximos años.

Por último, también podemos especular sobre el efecto de esta conformación del electorado en el tipo de mensajes que escuchamos durante las campañas y los debates.  Si te ofende la oferta política nacional, es muy probable que no pertenezcas a alguno de los segmentos decisivos del electorado: quizá eres muy especial pero no eres pivotal… but time is on your side.

PSD, abstención y voto nulo

He recibido algunos comentarios por correo sobre mi columna “Lo que provocaron los votos” del jueves pasado.  He aquí algunas aclaraciones:

Mi hipotética afirmación sobre los anulistas que decía: “Asumiendo que al menos 1% de los anulacionistas podrían haber votado por PSD” se fundamentó en lo siguiente: según una encuesta de Berumen (levantada del 23 al 26 de junio de 2009) el perfil de los anulistas era, primordialmente, hombres de 18 a 39 años, con licenciatura y afinidad por partidos pequeños o sobre todo independientes (y con quien menos se identificaban era con PAN o PRI). 

Aunque no he visto exit polls a detalle, éste era un perfil similar al de quienes votaron por Alternativa Socialdemócrata en 2006.  En cierto modo, el perfil de votantes de ASDC/PSD coincide con quienes quieren votar por una opción “diferente a los partidos de siempre”, lo cual los hace similares a los anulistas, quienes también están hartos de los “partidos en general”. Esto es difícil de demostrar fehacientemente porque no sabemos mucho sobre las segundas preferencias de los anulistas ni mucho menos cómo votaron en 2006 (si acaso lo hicieron) pero lo planteo como una hipótesis plausible.  Quizá hubiera sido más preciso añadir que, sin el pleito que fragmentó a ASDC/PSD, quizá el PSD hubiera conseguido más votos y mantenido su registro.

Otra afirmación de mi artículo (“los cuatro diputados que hubiera ganado el PSD y los 12 del inexistente “partido anulacionista”, se acaban repartiendo entre los partidos con registro, y los partidos más grandes reciben relativamente más curules.”) si tiene un error aritmético: Debí decir “2 para PSD y 12 para el partido anulacionista”.  Entre PSD, nulos y no registrados sumaron alrededor de 7% del voto nacional, lo cual a groso modo se puede traducir en 14 curules RP.  Aquí no distingo entre nulos por error o por convicción porque quise transmitir la idea de que los votos nulos, al restarse del cómputo, acaban aumentando el porcentaje efectivo de los partidos con registro, y que los partidos más grandes se benefician más de esto en curules absolutas.

Yo no quise decir que los votos nulos produjeron el abultado triunfo priísta (eso es culpa de sus rivales PAN y PRD, creo).  Lo que sí quise decir era que los votos nulos habían contribuido a que la bancada de los partidos grandes, incluido el PRI, fuera más grande.  Al final de cuentas, el impacto neto del voto nulo en el resultado electoral es una especie de caja negra pues no sabemos cuál es el contrafactual relevante: o bien los anulistas podrían haberse abstenido o bien podrían haber votado por algún partido (pero no sabemos cuáles ni en que proporciones). Claro está, si todos los anulistas se hubieran abstenido de votar, el resultado hubiese sido justo el mismo que tenemos ahora.  Y si los anulistas hubieran votado por otros partidos en proporciones similares a las obtenidas el 5 de julio, el resultado también sería el mismo.

Mi principal objeción con el movimiento anulacionista es sobre los efectos directos del mecanismo elegido para protestar contra los partidos.  Creo que la protesta social es legítima, que nuestros decepcionantes partidos merecen un castigo, y vaya, que cada quien puede hacer con su voto lo que guste.  Una mayor participación es bienvenida, claro, pero una mayor participación que no premia ni castiga a un partido específico tiene efectos nimios. Pero no creo que el voto nulo haya sido el mejor mecanismo para producir tal castigo, toda vez que genera sobrerrepresentación y sólo castiga a los partidos menos relevantesLo mismo ocurre con los abstencionistas: su apatía o indiferencia contribuye a que, con un 37% del voto de un 45% del padrón, un partido se lleve la mayoría de las curules uninominales en la cámara.

Función de utilidad

Todos los que hemos impartido algún curso de microeconomía sabemos el reto que implica dibujar o transmitir la noción de que las curvas de indiferencia no son más que curvas de nivel de una función de utilidad que aumenta conforme aumenta el consumo de dos bienes.  He aquí una gráfica de una función de utilidad “bien comportada” entre ocio y consumo:

U = (ocio^0.5) (consumo^0.5)

Funcion de utilidad

Funcion de utilidad

Y esta es otra perspectiva de una función de utilidad:

Noten cómo la curva de indiferencia IC1 corresponde a un mayor nivel de utilidad que la curva IC0: U1 > U0. MRS se refiere a la tasa marginal de sustitución entre el bien X y el bien Y.  DU se refiere a la diferencial total de la función de utilidad, U.

Si necesitan mayor información sobre estos conceptos, pueden consultar las notas de mi curso de Principios de Microeconomía, impartido en 2007.  Estas notas han sido preparadas con base en: Varian, Hal.  Intermediate Microeconomics, 5ª ed., así como de otras fuentes selectas.

Lecturas sugeridas:

Estas son las notas de clase de mi curso de microeconomía, impartido por última vez en 2007: Parte 1. Parte 2.

Mind wandering

Stop Paying Attention: Zoning Out Is a Crucial Mental State

“(…) mind wandering is not useless mental static. Instead, Schooler proposes, mind wandering allows us to work through some important thinking. Our brains process information to reach goals, but some of those goals are immediate while others are distant. Somehow we have evolved a way to switch between handling the here and now and contemplating long-term objectives. It may be no coincidence that most of the thoughts that people have during mind wandering have to do with the future.

Even more telling is the discovery that zoning out may be the most fruitful type of mind wandering. In their fMRI study, Schooler and his colleagues found that the default network and executive control systems are even more active during zoning out than they are during the less extreme mind wandering with awareness. When we are no longer even aware that our minds are wandering, we may be able to think most deeply about the big picture.

Because a fair amount of mind wandering happens without our ever noticing, the solutions it lets us reach may come as a surprise. There are many stories in the history of science of great discoveries occurring to people out of the blue.”

The social value of academia

From Robin Hanson’s Overcoming Bias, a discussion on the social function of academia. This is Hanson:

“Academics get support from students, foundations, governments, media, and consulting clients.  Yes academics mainly publish papers, books, lectures, etc.; the question is why academics are paid to do this. The standard idealistic answer is that academics know useful and important things, things which students want to learn, media want to report, consulting clients want to apply, and which foundations and governments want to promote the creation and spread of, for the good of the everyone. (..) But not only are these idealistic theories pretty implausible from an evolutionary point of view, they also have detailed problems (…) it seems far simpler to me to just postulate that people care primarily about affiliating with others who have been certified as prestigious.”

But Andrew Gelman emphatically disagrees…

You can read the complete post  here.

Lo que provocaron los votos

Mis “primeras reacciones” a la elección del domingo pasado aparecen (updated, claro) en la edición de hoy de El Universal.  Mis “reacciones secundarias”, por cierto, tienen que ver con el papel del nuevo COFIPE, las trampas de nuestro sistema electoral y el efecto de “los medios” en el resultado de la elección, pero volveremos a este más adelante.

Lo que provocaron los votos

“Con los datos del cierre del PREP todo parece indicar que el PAN obtendrá 71 curules de mayoría relativa, 66 menos que las que obtuvo en 2006.  La coalición PRI-PVEM, por otro lado, obtendrá 187 diputaciones de mayoría relativa, 122 más que las que obtuvo hace tres años.  La distribución de curules de representación proporcional es algo más complicada puesto que el PRI llegará al tope de sobrerrepresentación que marca la ley (8 por ciento).

Las casas encuestadoras nos tendrán que explicar por qué casi ninguna de ellas pudo anticipar una brecha de más de 8 puntos porcentuales entre PRI y PAN.  Más allá de eso, comprender cómo 3 millones de votos se traducen en más de 100 curules de diferencia requiere un análisis más cuidadoso.

Tras nueve años en el poder, el PAN no ha podido construir un aparato electoral para contener la maquinaria priísta estatal. El desplome y/o fractura del PRD beneficiaría relativamente más al PRI que al PAN, esto se sabía hace meses y se pudo haber anticipado durante la campaña.  Y al final de cuentas, la crisis económica “que vino de fuera” cobró su factura voto por voto.  El ágil equipo de campaña panista de 2006 brilló por su ausencia.

La jornada electoral transcurrió sin mayores problemas. El PREP 2009 avanzó mucho más rápido porque sólo tuvo que contarse una boleta por ciudadano, en vez de 3, y a un mayor abstencionismo: menos votos que contar conduce a un llenado y captura de actas más rápido.  Al igual que antes, el PREP tiene un sesgo urbano.  En la medida en que los votos nulos “por convicción” son urbanos, el PREP sobreestimó el porcentaje de votos nulos en las primeras horas.  Por ello, los nulos iniciaron por arriba de 7% y cerraron en 5.4%.

El voto nulo también tuvo consecuencias no menores. Asumiendo que al menos 1% de los anulacionistas podrían haber votado por PSD –su perfil sociodemográfico sugiere que esto es plausible, pues muchos de ellos apoyaron a Alternativa/Patricia Mercado en 2006– puede decirse que el movimiento anulacionista hizo perder el registro al PSD.

La izquierda mexicana sigue en pleito consigo misma: En 2006 los votos de Patricia Mercado pudieron haberle costado la presidencia a López Obrador: Alternativa Socialdemócrata consiguió su registro sólo para quebrantarse pocos meses después. Y en 2009 puede decirse que los anulacionistas eliminaron del mapa al PSD. Por su lado, una vez más los perredistas se partieron en 2 o 3 facciones: PRD, PT y Convergencia. Cada líder tiene su partido, pero esto no los ayudará en nada en 2012.

Algunos celebraron haber borrado del mapa un pequeño partido parasitario.  Pero que nadie se confunda, el monto de financiamiento público a los partidos no se reducirá un centavo: éste depende ahora del tamaño del padrón, y no del número de partidos, como antes.  Tampoco disminuirá el número de spots, ni su aburrimiento, por cierto.

Lo que sí cambiará es la distribución de recursos, tiempos y curules entre los 7 partidos sobrevivientes.  Al eliminar del cómputo los votos nulos, no registrados así como los votos del PSD, el porcentaje efectivo de votos y curules de representación proporcional  de los otros partidos aumentará en alrededor de 7 por ciento.  Como bien sabemos, los votos nulos aumentan la sobrerrepresentación de los partidos que mantienen su registro: el porcentaje efectivo de votos del PRI pasó de 36.7 a 39.3% gracias a esto.

¿Eso es mucho o es poco?  Depende de cuánto “te duelan” los diputados de los partidos grandes: Como hay 200 curules de representación proporcional, cada 1% de votos adicionales para un partido equivalen a 2 diputados más.  De modo que los 2.6 puntos más que consiguió el PRI tras eliminar los votos inválidos se traducirán en 5 diputados más.  Para el PAN, el bono de sobrerrepresentación es menor: unas 4 curules más.  Dicho de manera más sencilla, los 4 diputados que hubiera ganado el PSD y los 12 del inexistente “partido anulacionista”, se acaban repartiendo entre los partidos con registro, y los partidos más grandes reciben relativamente más curules.

Pero una curul de más o de menos, o un pequeño partido de más o de menos quizá no son tan importantes.  Las consecuencias importan: el bono de sobrerrepresentación del “movimiento anulacionista” hará más factible que una coalición del PRI y del PVEM consiga la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, o algo muy cercano a ello.  Es la misma mayoría que perdió el PRI en 1997 y que muchos consideran una piedra angular de la transición democrática.  Viendo a futuro, si el PRI consigue la presidencia en 2012 no podremos descartar que también cuente con el Congreso.  Después de todo, ellos saben cómo hacerlo.”

Elección 2009: corte de caja

Es buen momento de hacer un corte de caja tras la elección y contrastar pronósticos vs. resultados.  Pocas casas encuestadoras pronosticaron una ventaja tan holgada para el PRI.  Se habló mucho del voto nulo como movimiento pero se debatió poco el impacto observable del efecto nulo en el umbral de sobrevivencia de los partidos, y su efecto en la sobrerrepresentación de los partidos grandes.  Este es un recuento de lo dicho y publicado por este autor durante la campaña, en orden cronológico. 

Evaluación presidencial. El Universal  (2 de abril, 2009)

“De modo que la popularidad o aprobación del Presidente son por ahora uno de los principales activos del PAN, y es natural que su campaña se concentre en difundir los logros y esfuerzos del gobierno panista. Pero si la campaña del PAN vuelve al Presidente el tema o asunto “central” de la elección intermedia, corre el riesgo de producir una reacción coordinada en su contra: perder el referéndum simbólico y con ello cierta fuerza en la Cámara de Diputados. El presumir logros, o incluso buenas intenciones, no siempre produce simpatías entre votantes ideológicamente contrarios al presidente.”

Preferencias Electorales 2009. El Universal (11 de mayo, 2009)

“(…) En 1997 el PRI perdió 61 curules; y en 2003 el PAN perdió 59 asientos de los 207 con que contaba. Sucede que es común observar que el partido del Presidente pierde fuerza en el Poder Legislativo por muy diversas razones: por un lado los efectos de arrastre de los candidatos presidenciales están ausentes y, por otro lado, se dice que el electorado hace una especie de referéndum sobre la gestión de un presidente que se desgasta más que sus opositores. (…) La ventaja del PRI no es imposible de acortar pero las intenciones de voto por circunscripción son bastante preocupantes para el PAN: el PRI lo aventaja en 3 de 5 circunscripciones por más de 13%; están empatados en una de ellas, y el PAN lleva la delantera en otra. Esta distribución geográfica de las intenciones de voto del PRI hace muy difícil que el PRI no vuelva a ser la primera fuerza en la Cámara de Diputados.”

Votar donde duele (8 de junio de 2009)

“(…) a mayor número de votos nulos, más votos serán necesarios para que cualquier partido sobreviva (a mayor número de nulos, mayor efecto umbral). Sin embargo, aquellos partidos chicos que superen el umbral de 2% de la votación total, acabarán recibiendo más curules RP con relación a las que obtendrían sin los votos nulos (a mayor número de nulos, mayor efecto RP).  El efecto umbral hace la vida difícil a los partidos pequeños. Pero el efecto RP les da más curules a los partidos que sobreviven.”

A un mes de la elección.  El Universal (9 de junio de 2009).

“(…) Hoy vemos que un tercio de los simpatizantes del PRD se inclina ya por otros partidos: 9.5% de ellos hacia el PRI e incluso 7.2% hacia el PAN. Pero quizá es más importante que 5.6% de simpatizantes panistas se inclina hoy por el PRI, mientras que sólo 3.1% de simpatizantes priístas lo hace por el PAN. Es decir, el PRI parece estar atrayendo más intenciones de voto de simpatizantes panistas y perredistas que sus rivales. (…) Las implicaciones de esto son que para el PRI resultará más fácil cosechar asientos de mayoría relativa que para el PAN, aun viéndose empatados en las preferencias nacionales.”

Adios a los spots. El Universal (1 de julio de 2009).

“Con la información disponible a la fecha, el PRI se perfila como la primera fuerza de la Cámara de Diputados, el PAN perderá varias decenas de curules, y entraremos a un complicado e inestable juego de coaliciones por controlar la mayoría del Congreso: esta pueda ser el PRI y algún otro partido (como el Partido Verde). (…) el voto nulo lastima muy poco a los partidos que menos impacto tienen en el proceso político de nuestro país.

“(…) para 2009 podemos hacer un cálculo rápido del impacto del voto nulo en el umbral de sobrevivencia de un partido político en México.  Con 30 millones de votos (digamos que sin ningún voto nulo), el umbral de sobrevivencia de un partido (2%) son 600 mil votos. Con 31 millones de votos (digamos, incluyendo 1 millón de “nuevos electores” que anulan su voto), el umbral sube a 620 mil votos.”   [addendum: al cierre del PREP, el PSD obtuvo poco más de 350 mil votos (aprox. 1% del voto total)]

Elección 2009: primeras reacciones

1. El PREP 2009 avanza mucho más rápido, y es más amigable, que el PREP 2006.  Esto se debe a que las casillas sólo tuvieron que contar 1 boleta para diputados en vez de 3 (presidente, senado, diputados), y a que hay menor participación que en 2006: menos votos que contar conduce a un llenado y captura de actas más rápido.

2. Como siempre, el PREP tiene un sesgo urbano.  En la medida en que los votos nulos “por convicción” son urbanos, el PREP sobreestimaría el porcentaje de votos nulos en las primeras horas.  Por ello, los nulos iniciaron por arriba de 7% en el PREP y cerrarán abajo de 6%… Pero ojo, casi la mitad de los votos “nulos por error” provienen de casillas rurales, así que los nulos podrían repuntar en la madrugada…

3. Asumiendo que al menos 1% de los anulacionistas podrían haber votado por PSD (su perfil sociodemográfico sugiere que esto no es imposible: muchos de ellos apoyaban a ASDC/Patricia Mercado en 2006), puede decirse que el movimiento anulacionista hizo perder el registro al PSD. 

4. La izquierda contra sí misma: En 2006 los votos de Patricia Mercado plausiblemente le “quitaron” la presidencia a AMLO pero ASDC consiguió su registro… para quebrantarse pocos meses después. En 2009, puede decirse que los anulacionistas “le quitaron” el registro al PSD… Mientras tanto, el PRD se parte en 2 o 3: PRD, PT y Convergencia.

5. Financiamiento a partidos. Algunos anulacionistas celebran haber borrado del mapa un partidito parasitario.  Pero ojo, el monto de financiamiento público a los partidos no se reducirá un ápice (pues este depende hoy del tamaño del padrón, y no del número de partidos, como antes).  Tampoco disminuirá el número de spots, por cierto.

6. Aritmética electoral. Lo que sí cambiará es la distribución de recursos y curules entre los 7 partidos sobrevivientes.  Algunos “analistas” calculan que el 36% de votos del PRI subirán en 7 puntos (36 + 7 = 43%) gracias a los nulos.  Esto es incorrecto e impreciso.  En efecto, al eliminar los votos nulos + no registrados + votos del PSD, el porcentaje efectivo de votos (y curules RP) de los otros partidos aumentará, pero “sólo” en alrededor de 7%:  36 x 1.07 = 38.52%, es decir, un aumento de 2.5 puntos porcentuales. 

7. ¿Eso es mucho o es poco?  Depende de cuanto “te duelan” los diputados: Como hay 200 curules de representación proporcional, cada 1% de votos adicionales equivalen a 2 diputados RP.  De modo que los 2.5 puntos más que consigue el PRI tras “eliminar” los votos nulos+NoReg+PSD se traducirán en 5 curules RP adicionales más.  Para el PAN, el bono de sobrerrepresentación de los nulos y desaparecidos es menor: 2 puntos más de votos (27.5 x 1.07 = 29.45%), que se traducen en unas 4 curules RP más.  Dicho de manera más sencilla: los 4 diputados que hubiera ganado el PSD y los 12 del “partido anulacionista”, se acaban repartiendo entre los partidos con registro, y los partidos más grandes reciben relativamente más curules.

8.  ¿So what? Pero una curul más o menos para cierto partido, o un partidito más o menos no son tan importantes.  Lo realmente importante es que el bono del “movimiento anulacionista” hará más factible que una coalición PRI+PVEM consiga la mayoría de la Cámara de Diputados, o algo muy cercano a ello.  ¿Eso es bueno o malo?

UPDATE: Con los datos del PREP a las 8am del lunes 6 de julio, éstas son las diferencias entre votos emitidos (totales o brutos) y votos efectivos (tras descontar nulos, no registrados y PSD)

Elección legislativa México 2009: porcentaje de votos brutos vs. efectivos
           
Partido Votos Porcentaje bruto Porcentaje efectivo* Diferencia Curules adicionales
PAN 9,329,281 27.9% 29.9% 1.99% 3.98
PRI 12,239,956 36.6% 39.2% 2.60% 5.21
PRD 4,089,938 12.2% 13.1% 0.87% 1.75
PVEM 2,187,684 6.5% 7.0% 0.47% 0.94
PT 1,199,172 3.6% 3.8% 0.26% 0.52
CONV 797,967 2.4% 2.6% 0.18% 0.35
NA 1,144,413 3.4% 3.7% 0.25% 0.49
PSD 345,790 1.0% 1.1%    
PRIPVEM 141,845 0.4% 0.5% 0.03% 0.07
PTCONV 82,790 0.2% 0.3% 0.03% 0.05
No Reg 61,642 0.2% 0.2%    
Nulos 1,810,139 5.4% 5.8%    
Voto Total 33,430,617 100.0% 107.1% 7.10% 14.21
Votos válidos* 31,213,046   100.0%    
Fuente: cálculos propios basados en el PREP (8am, 6-jul-09)
* Votos válidos = voto total  – nulos – no registrados – votos PSD (que perderá el registro)

Adios spots, bienvenida la reflexión

He aquí mi cuarta entrega para El Universal sobre las campañas federales de 2009. La campaña no tuvo sorpresas mayores, salvo que las preferencias efectivas prácticamente no cambiaron en los últimos dos meses. So much for the “new model of media access”: millions of boring spots and zero debates.

“A partir de mañana comienza el llamado “período de reflexión” en que se suspenden los actos de campaña y mensajes proselitistas, así como la difusión de encuestas en medios tradicionales. Resulta algo paradójico que esto ocurra en el momento preciso en que la información sobre candidatos, plataformas y posibilidades reales de triunfo es realmente importante para que la ciudadanía compare alternativas y decida su voto: hoy sería un buen día para sostener un debate entre candidatos locales o federales, por ejemplo.

…el tricolor tiene una ventaja de 6 puntos porcentuales, misma que se ha mantenido prácticamente sin cambio desde mayo a la fecha. Esto es notable porque, a pesar de lo poco atractivas que han resultado las campañas, sí ha habido un gran número de “eventos sorpresivos” (desde la influenza hasta el Michoacanazo, por ejemplo) los cuales uno esperaría que pudieran afectar las intenciones de voto—y que sin embargo no parecen haber tenido un gran impacto.

Por otro lado, destaca que el porcentaje de indecisos ha aumentado de 21.3 a 28.8% a tan sólo unos días de la elección, cuando lo que normalmente ocurre es que la fracción de indecisos se reduce paulatinamente conforme se acercan los comicios. Y es que no todos los indecisos son sofisticados electores esperando los últimos acontecimientos para decidir su voto: a muchos de ellos simplemente no les interesa la elección ni sus consecuencias.

…una ventaja en las urnas de 6%, o más, del PRI sobre el PAN puede traducirse en una mayor ventaja en el número de escaños de la próxima Cámara de Diputados. Como nuestro sistema electoral es mixto, independientemente de si se vota por un candidato ganador o perdedor en cierto distrito, todos y cada uno de los votos a favor de un candidato registrado tienen un impacto en la composición final de la Cámara.

Una novedad de esta elección intermedia es el llamado movimiento anulacionista. De acuerdo a la misma encuesta, la mayoría de ellos son jóvenes, sobre todo hombres, de entre 18 y 39 años, con estudios de licenciatura o más, y que no se identifican con ninguna de las tres principales fuerzas políticas: se trata de votantes sofisticados que tradicionalmente no votaban o lo hacían por partidos pequeños. Aquí la paradoja radica en que un grupo de votantes sofisticados eligen la alternativa de menor impacto en el resultado electoral propiamente dicho, y que es anular su voto. Hay que votar donde duele y el voto nulo lastima muy poco a los partidos que menos impacto tienen en el proceso político de nuestro país (y favorece un poco a los partidos grandes al aumentar su sobrerrepresentación).

Con la información disponible a la fecha, el PRI se perfila como la primera fuerza de la Cámara de Diputados, el PAN perderá varias decenas de curules, y entraremos a un complicado e inestable juego de coaliciones por controlar la mayoría del Congreso: esta pueda ser el PRI y algún otro partido (como el Partido Verde), o puede ser el PAN con algún grupo de partidos pequeños (como Nueva Alianza y, ¿por qué no?, el Partido Verde).

Hace algunas semanas dijimos en estas mismas páginas que no se requiere una gran cantidad de información para decidir por quién votar: Quienes piensen que el rumbo del país (o en su caso, estado, delegación o municipio) está en buenas manos bajo el partido hoy en el poder hoy, deberían apoyarlo. Quienes piensen lo contrario, deberían apoyar al partido con mejores posibilidades de ser un contrapeso a ese partido. Quienes piensen que el rumbo del país requiere un gobierno sin mayoría en el Congreso, no deben apoyar al PAN. Y quienes piensen lo contrario, deberían apoyarlo. Son preguntas acaso sencillas para cada ciudadano en particular, pero con grandes consecuencias en el agregado. Bienvenida sea la reflexión—¡adiós a los spots!—si tan sólo hubiera más (y mejor) información.”

La columna completa está aquí

Mankiw on health care reform in the US

The Pitfalls of the Public Option, by N. Gregory Mankiw
The New York Times, June 28, 2009

In the debate over health care reform, one issue looms large: whether to have a public option. Should all Americans have the opportunity to sign up for government-run health insurance?

President Obama has made his own preferences clear. In a letter to Senators Edward M. Kennedy of Massachusetts and Max Baucus of Montana, the chairmen of two key Senate committees, he wrote: “I strongly believe that Americans should have the choice of a public health insurance option operating alongside private plans. This will give them a better range of choices, make the health care market more competitive, and keep insurance companies honest.”

Even if one accepts the president’s broader goals of wider access to health care and cost containment, his economic logic regarding the public option is hard to follow. Consumer choice and honest competition are indeed the foundation of a successful market system, but they are usually achieved without a public provider. We don’t need government-run grocery stores or government-run gas stations to ensure that Americans can buy food and fuel at reasonable prices.

An important question about any public provider of health insurance is whether it would have access to taxpayer funds. If not, the public plan would have to stand on its own financially, as private plans do, covering all expenses with premiums from those who signed up for it.

But if such a plan were desirable and feasible, nothing would stop someone from setting it up right now. In essence, a public plan without taxpayer support would be yet another nonprofit company offering health insurance. The fundamental viability of the enterprise does not depend on whether the employees are called “nonprofit administrators” or “civil servants.”

In practice, however, if a public option is available, it will probably enjoy taxpayer subsidies. Indeed, even if the initial legislation rejected them, such subsidies would be hard to avoid in the long run. Fannie Mae and Freddie Mac, the mortgage giants created by federal law, were once private companies. Yet many investors believed — correctly, as it turned out — that the federal government would stand behind Fannie’s and Freddie’s debts, and this perception gave these companies access to cheap credit. Similarly, a public health insurance plan would enjoy the presumption of a government backstop.

Such explicit or implicit subsidies would prevent a public plan from providing honest competition for private suppliers of health insurance. Instead, the public plan would likely undercut private firms and get an undue share of the market.

President Obama might not be disappointed if that turned out to be the case. During the presidential campaign, he said, “If I were designing a system from scratch, I would probably go ahead with a single-payer system.”

Of course, we are not starting from scratch. Because many Americans are happy with their current health care, moving immediately to a single-payer system is too radical a change to be politically tenable. But for those who see single-payer as the ideal, a public option that uses taxpayer funds to tilt the playing field may be an attractive second best. If the subsidies are big enough, over time more and more consumers will be induced to switch.

Which raises the question: Would the existence of a dominant government provider of health insurance be good or bad?

It is natural to be skeptical. The largest existing public health programs — Medicare and Medicaid — are the main reason that the government’s long-term finances are in shambles. True, Medicare’s administrative costs are low, but it is easy to keep those costs contained when a system merely writes checks without expending the resources to control wasteful medical spending.

A dominant government insurer, however, could potentially keep costs down by squeezing the suppliers of health care. This cost control works not by fostering honest competition but by thwarting it.

Recall a basic lesson of economics: A market participant with a dominant position can influence prices in a way that a small, competitive player cannot. A monopoly — a seller without competitors — can profitably raise the price of its product above the competitive level by reducing the quantity it supplies to the market. Similarly, a monopsony — a buyer without competitors — can reduce the price it pays below the competitive level by reducing the quantity it demands.

This lesson applies directly to the market for health care. If the government has a dominant role in buying the services of doctors and other health care providers, it can force prices down. Once the government is virtually the only game in town, health care providers will have little choice but to take whatever they can get. It is no wonder that the American Medical Association opposes the public option.

To be sure, squeezing suppliers would have unpleasant side effects. Over time, society would end up with fewer doctors and other health care workers. The reduced quantity of services would somehow need to be rationed among competing demands. Such rationing is unlikely to work well.

FAIRNESS is in the eye of the beholder, but nothing about a government-run health care system strikes me as fair. Squeezing providers would save the rest of us money, but so would a special tax levied only on health care workers, and that is manifestly inequitable.

In the end, it would be a mistake to expect too much from health insurance reform. A competitive system of private insurers, lightly regulated to ensure that the market works well, would offer Americans the best health care at the best prices.  The health care of the future won’t come cheap, but a public option won’t make it better.

 

Mercadotecnia Política y Estrategia Electoral – Curso de Verano 2009

Este verano 2009 impartiré un breve curso de verano sobre marketing político junto con Jorge Buendía y Javier Márquez (de Buendía y Laredo, A. C.)

El objetivo del curso es estudiar diversas herramientas de mercadotecnia política y estrategia electoral, y cómo aplicarlas en el contexto político-electoral de México.
En el curso se analizará, desde un enfoque teórico y metodológico riguroso, la relación entre el sistema electoral, las preferencias de los votantes y la distribución del poder político en México.
Por otro lado, analizaremos diversas técnicas de segmentación del mercado electoral –ya sea basadas en la distribución territorial de preferencias o bien en las diferencias en opiniones y actitudes de ciertos grupos sociales– útiles para el diseño de estrategias de campaña efectivas.
Fechas: Del 7 al 10 de julio, de 16 a 20hrs.
Lugar: CIDE
Informes sobre el curso: javier.aparicio@cide.edu
Inscripciones: manoel.perez@cide.edu
You know you want to be there! (el que no anuncia no vende.)

Homo economicus strikes back

Is Behavioral Economics Doomed? The ordinary versus the extraordinary
By David K. Levine

“… behavioral economics is all the rage these days. The casual reader might have the impression that the rational homo economicus has died a sad death and the economics profession has moved on to recognize the true irrationality of humankind. Nothing could be further from the truth. Criticism of homo economicus is not a newtopic. In 1898 Thorstein Veblen wrote sarcastically described rational economic man as”a lightning calculator of pleasures and pains, who oscillates like a homogenous globule of desire of happiness under the impulse of stimuli.” This description had little to do with economics as it was practiced then – and even less now. Indeed, for a long period of time during the 60s and 70s, irrational economic man dominated economics. The much criticized theory of rational expectations was a reaction to the fact that irrational economic man is a no better description of us than that of a “lightning calculator of pleasures and pains.” In many ways the rational expectations model was a reaction to”[t]he implicit presumption in these … models … that people could be fooled over andover again,” as Robert Lucas wrote in 1995.

The modern paradigmatic man (or more often these days woman) in modern economics is that of a decision-maker beset on all sides by uncertainty. Our central interest is in how successful we are in coming to grips with that uncertainty. My goal in this lecture is to detail not the theory as it exists in the minds of critics who are unfamiliar with it, but as it exists in the minds of working economists. The theory is far more successful than is widely imagined – but is not without weaknesses that behavioral economics has the potential to remedy.”

You can read the whole thing here.

Aritmética del voto nulo

En 2003 hubo 3.36% de votos nulos y una tasa de participación de 41%. En 2009 la lista nominal será de 77,481,874 votantes. Redondeando estas cifras para 2009 podemos hacer un cálculo rápido del impacto del voto nulo en el umbral de sobrevivencia de un partido político en México.

Con 30 millones de votos (digamos que sin ningún voto nulo), el umbral de sobrevivencia de un partido (2%) son 600 mil votos. Con 31 millones de votos (digamos, incluyendo 1 millón de “nuevos electores” que anulan su voto), el umbral sube a 620 mil votos. Es decir que, por cada millón de votos nulos (3.3% del total), este umbral sube en 20 mil votos.

¿Vale la pena “movilizar” 1 millón de votos nulos para subirle el costo a un partidito en 20 mil votos?

Addendum:

A. Dicho de manera más general, si hay 5% o 10% de votos nulos, el umbral de sobrevivencia para los partidos también sube en 5% o 10%. Es por ello que haría falta un muy elevado porcentaje de votos nulos para elevar significativamente el umbral que enfrantan los partidos pequeños.

B. El cálculo anterior es algo simplificado pues asume que todos los votos nulos provienen de “nuevos electores” que de otro modo se hubieran abstenido de votar. El efecto del voto nulo puede ser diferente si, por ejemplo, algunos votantes que pensaban votar por un partido pequeño deciden anular su voto: esto afectaría el numerador del cociente de sobrevivencia (votos por el partido i / total de votos emitidos).

Participación electoral y voto nulo en México, 1997 – 2006

Año

Lista nominal

Votos válidos

No registrados

Nulos

Total

Participación

Nulos/Total

1997

52,208,965

29,251,017

13,977

855,227

30,120,221

57.69%

2.84%

2000

58,782,737

36,782,000

31,461

788,157

37,601,618

63.97%

2.10%

2003

64,710,596

25,738,637

16,359

896,649

26,651,645

41.19%

3.36%

2006

71,374,373

40,588,729

297,989

904,604

41,791,322

58.55%

2.16%

Fuente: http://www.ife.org.mx

A un mes de la elección

He aquí mi tercera entrega para El Universal sobre las campañas federales de 2009. Nada nuevo, pero la copio “for the record”.

“Para la mayoría de los votantes resulta lógico y natural no prestar mucha atención al
proceso político-electoral hasta que se acerca el momento de tomar dos
decisiones clave: acudir a votar o no y, en caso de hacerlo, qué opción elegir,
y como no se requiere una gran cantidad de información para tomar estas poco
costosas decisiones, basta hacer caso omiso del ruido electoral hasta unos días
antes de la elección.

Antes de este periodo las intenciones de voto reflejan principalmente la llamada afinidad partidista y existe una gran incertidumbre de hacia dónde se inclinarán los votantes indecisos o independientes —si acaso votan, claro está.

Las elecciones intermedias tienden a generar poco interés por parte del electorado: es una contienda con muchos candidatos (baste ver la lluvia de nombres y rostros en los pendones y bardas de cada pueblo o colonia), de quienes poco se sabe y poco se espera, toda vez que casi nadie conoce las funciones de un legislador. El Congreso es un poder colectivo sin nombre propio en el que la atribución de responsabilidad se diluye fácilmente: todo lo malo de la política se debe a la “bancada de enfrente”.

(…)

“Por último, existen ciertas voces a favor de anular el voto este 5 de julio. El argumento, al parecer, estriba en dar una señal fuerte a los partidos políticos del descontento e indiferencia que generan entre un grupo de ciudadanos. Tomarse el esfuerzo de acudir a las urnas y anular el voto resulta una intención acaso encomiable, como lo es el acto cívico de votar por quien sea, pero poco útil en cuanto a sus consecuencias reales. El porcentaje de votos es lo único que importa en una elección, y un voto por un partido rival es mucho más doloroso para cualquier partido que un voto nulo o una abstención.”

La columna completa está aquí