¿Tocando fondo?

El Universal de hoy, 1-marzo-2010, publica los resultados de la primera encuesta de evaluación presidencial del año.  Esta es mi opinión al respecto publicada en el mismo diario (y aquí encontrarán mis columnas previas):

¿Tocando fondo?

A los pocos meses de asumir el cargo el Felipe Calderón pasaba por un muy buen momento y contaba con niveles de aprobación del 68%, su máximo histórico. Casi tres años después, solamente 41% de la población en edad de votar aprueba algo o mucho el desempeño del presidente según la encuesta levantada por Berumen y Asociados entre el 19 y 22 de febrero pasado. Por primera vez en su mandato, hoy puede decirse que la mayoría de la población no aprueba el trabajo de Calderón.

El llamado “diferencial de aprobación (41%) vs. reprobación (36%)” del presidente es ahora de sólo de 5 puntos, cifra 43 puntos menor que en sus mejores momentos, cuando tenía un diferencial positivo de 48 puntos.  Este dato no sorprendernos dado que 68% de los encuestados opina que las cosas han empeorado en México en el último año. En este caso, percepción y realidad coinciden pues en el último año el PIB cayó en 6.5%.

Hace unos meses, cuando nos encontrábamos en los peores momentos de la recesión, sorprendía que la popularidad de Calderón no cayera en la misma proporción que la percepción de la economía. Quizá algunos ciudadanos valoraban los esfuerzos (reales o mediáticos) del mandatario más allá de los resultados; quizá otros simplemente no le atribuyen toda la responsabilidad del rumbo del país. Hoy resulta claro que la recesión tuvo un efecto rezagado en la aprobación presidencial: Calderón tiene su peor momento seis meses después del peor momento de la economía.

Continue reading

Encuesta sobre reforma política

El Universal de hoy domingo 24 de enero presenta los resultados de una encuesta telefónica sobre la iniciativa de reforma política presentada por Felipe Calderón.  En la misma edición se publica mi opinión sobre los resultados de la encuesta y sobre la iniciativa en general: “Las preguntas de la reforma política“. Estos son algunos resultados de interés:

La propuesta incluye diez puntos. Le voy a leer cada uno de ellos para que me diga si estaría

de acuerdo o en desacuerdo con la aprobación de cada uno de ellos:






De acuerdo En desacuerdo
Reducir el número de integrantes en el congreso 90% 7%
Incorporar la figura de la iniciativa ciudadana 86% 8%
Observaciones a los proyectos de ley presentados al Congreso 81% 11%
Sistema de elección presidencial por mayoría absoluta 78% 18%
Atribución a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para presentar iniciativas de ley 77% 16%
Aumentar el número de votos para que un partido político conserve su registro 72% 24%
Iniciativas preferentes al congreso 68% 23%
Candidaturas Independientes 65% 31%
Elección consecutiva de alcaldes, regidores y jefes delegacionales 53% 44%
Elección consecutiva de legisladores federales y locales 50% 46%
Nota: el porcentaje restante corresponde a las respuestas “No sade” y “No contestó”

Fuente: El Universal, 24 de enero de 2010

Aprobación presidencial a mitad del camino

¿Cómo llega Felipe Calderón a la mitad de su mandato?  El Universal de hoy, 30 de noviembre de 2009, publica su más reciente encuesta de evaluación presidencial y me invitaron a comentarla aquí.  Por razones de espacio, el artículo tuvo que ser recortado y, como uno no siempre controla esas cosas, quedó bastante telegráfico.  Esta es la versión completa:

Popularidad a mitad del camino

De acuerdo a la más reciente encuesta sobre el desempeño presidencial, levantada por Berumen y Asociados entre el 20 y 22 de noviembre, la mitad de la población aprueba el trabajo de Felipe Calderón, mientras que un tercio lo reprueba. Es la cifra más baja de su mandato pero, considerando que 73% opina que las cosas han empeorado en el país, su evaluación podría ser aún más baja. Quizá algunos valoran los esfuerzos del presidente, independientemente de los resultados, y quizá otros no le atribuyan toda la responsabilidad. Sin embargo, por cada ciudadano que piensa que Calderón ha hecho más de lo esperado hay más de cuatro que opinan lo contrario (12 vs. 55%).

En toda democracia es muy difícil mantener un alto nivel de aprobación–mucho menos en tiempos de crisis.  De hecho, cuanto más alto sea el nivel inicial, más fuerte puede ser el desplome: en Estados Unidos, Nixon, Carter o Bush vieron caer su popularidad en más de 40 puntos durante sus mandatos. Zedillo, por otro lado, tras comenzar con una crisis, terminó su mandato siendo bastante popular. Ejercer el poder bajo el escrutinio de la oposición desgasta y  pocos políticos están dispuestos a sacrificar su capital político so pena de perder el poder.

El presidente Calderón no es una excepción: su aprobación podría ser aún más baja pero ha seguido una cuidadosa estrategia de imagen. A diferencia de Fox, quien gustoso “le entraba a todas”, Calderón es cauto y delega en su gabinete la discusión de temas riesgosos: como en el caso de la influenza (salud), la extinción de LFC (gobernación y trabajo), así como el manejo de la crisis y el paquete económico (hacienda). Calderón no desaparece del todo, pero dosifica estratégicamente sus discursos y mensajes. Con todo, el ejercicio del poder lo desgasta.

Si hacemos un recuento del primer trienio de Felipe Calderón encontramos claroscuros. Por ejemplo, la reforma de pensiones de su primer año, el combate al narcotráfico, la respuesta ante la epidemia de influenza, la extinción de LFC, e incluso promover un alza de impuestos en medio de una recesión son, para bien o para mal, medidas costosas y acaso valientes.

Sin embargo, también se extraña un mayor liderazgo. Veamos. ¿Por qué no ha impulsado de manera más frontal su agenda de reformas frente al Congreso? ¿Por qué hasta ahora se decidió enfrentar al SME? ¿Por qué no se confrontan otros sindicatos igualmente onerosos? ¿Por qué  acusa a los empresarios de no pagar impuestos pero su propia iniciativa fiscal no propone eliminar exenciones? ¿Por qué evitar el tema económico por tantos meses mientras el resto del mundo reaccionaba con vigor?

A lo largo de este sexenio, el tema económico siempre ha sido más relevante y, desde hace más de un año, acaso más grave que el de la inseguridad.  Sin embargo, durante la campaña intermedia el PAN prefirió minimizarlo y concentrarse en la “guerra contra el crimen y el narcotráfico”, tema que favorece la imagen del mandatario.  No fue sino hasta la discusión del paquete económico de 2010 que la administración calderonista reconoció la urgencia de responder a la crisis con medidas fiscales drásticas.

En contraste, en Estados Unidos la crisis estalló en plena campaña presidencial y Bush anunció medidas económicas contundentes que, entre otras cosas, ayudaron al triunfo de Obama. En México no se hizo mucho, se pospuso la discusión de fondo hasta pasada la elección y, lo que es peor, tampoco se resolvió gran cosa con el paquete fiscal aprobado para el año próximo. Si bien puede ser cierto que “la crisis vino de fuera”, la respuesta a la crisis tiene que venir desde adentro. La inacción en este y otros temas es responsabilidad del presidente, por no impulsar un plan de acción en el momento oportuno, y también del Congreso por no atenderlo así sea de manera tardía.

En el mediano plazo es probable que la aprobación de Felipe Calderón siga bajando y que sea aún más difícil impulsar su agenda de reformas.  En adelante, tampoco deberá sorprendernos que algunos miembros del gabinete, preocupados por no lastimar posibles candidaturas, tampoco quieran arriesgarse en las batallas por venir. ¿Por qué nuestra democracia incentiva la miopía? Cuando un político no puede buscar la reelección, sus incentivos cambian de manera importante hasta hacerlo casi inútil: hacer un gran esfuerzo no vale la pena. Los problemas del presente los tiene que resolver algún líder futuro con capital político. Quizá por ello nuestra clase política parezca tan ineficaz y timorata.

 

Ingresos y Presupuesto 2010

Mi opinión sobre el paquete económico (ingresos y presupuesto) para 2010 aparece en El Universal de hoy (quizá añada un poco más de información más tarde).

Los costos de la hacienda

La discusión y aprobación tanto de los ingresos como del presupuesto de egresos del gobierno federal tiene una naturaleza eminentemente distributiva: produce ganadores y perdedores. A diferencia de otros asuntos que se posponen indefinidamente en el congreso, el debate anual en torno al presupuesto permite analizar como pocos la negociación entre el presidente y los legisladores. Más allá de la retórica donde todos dicen preocuparse por el bien del país, las decisiones hacendarias nos revelan las preferencias de nuestra clase política o los intereses que representa.

En México, los ingresos tributarios han sido históricamente bajos (alrededor de 10% del PIB), comparados con los promedios regionales y de países con ingresos per cápita similares.  La baja recaudación –y su dependencia de una renta petrolera volátil y no renovable– restringe la capacidad del estado, además de reflejar un equilibrio político perverso.  Por décadas, la renta petrolera ha permitido posponer una reforma fiscal “integral”. Y si el gobierno puede gastar sin exigir impuestos, los ciudadanos se acostumbran a recibir bienes y servicios públicos sin contribuir o sin reclamar demasiadas cuentas por ellos.

En otras latitudes, las izquierdas demandan mayores impuestos y gasto público, mientras que los partidos de derecha exigen una menor intervención del estado en la economía. Pero en México vivimos en un mundo al revés: el gobierno federal, supuestamente de derecha, propone mayores impuestos para preservar el gasto social mientras que la oposición rebate que es una mala idea aumentar impuestos durante una recesión. Pero los matices ideológicos en el debate hacendario resultan inútiles cuando la evasión fiscal y el dispendio públicos son la norma.

Para tener claro quién gana y quién pierde con el statu quo hace falta una discusión seria sobre la incidencia de los impuestos y el gasto público en México. Por un lado, se equivocan quienes se oponen a establecer un IVA generalizado aduciendo proteger a los más pobres: alrededor de la mitad del subsidio implícito en la exención del IVA a alimentos y medicinas favorece al 20% más rico de la población. Por otro lado, si bien el gasto social ha aumentado en los últimos 15 años, se equivocan también quienes afirman que este gasto, en su forma actual, contribuye a reducir la desigualdad: programas como Oportunidades son bastante progresivos, pero el grueso del gasto redistributivo (educación, salud, pensiones, subsidios agrícolas) es regresivo en términos absolutos, es decir, tiende a beneficiar a los menos pobres. Y ni hablar de la calidad del gasto.

De acuerdo con el Presupuesto de Egresos aprobado esta semana, el gobierno federal espera erogar este año 3.18 billones de pesos–casi 30 mil pesos por habitante. Y se ha dicho hasta el cansancio que cualquier ajuste brusco al presupuesto pondría en riesgo importantes y exitosos programas sociales como Oportunidades. Pero, ¿de qué tamaño es el compromiso con el combate a la pobreza? La propuesta inicial del Presupuesto de Egresos de la Federación contemplaba alrededor de 84.2 mmdp para SEDESOL, de los cuales 38.8 mmdp irían a Oportunidades, es decir, sólo 1.2% de los ingresos totales para 2010. ¿A dónde se va el resto?

El gasto en inversión física se estima en 536.7 mmdp y las transferencias a entidades en 920 mmdp. En contraste, los servicios personales del gasto programable ascenderían a 829 mmdp (26% de los ingresos). Sea cual fuere la rentabilidad social del gasto en burocracia, difícilmente puede considerarse un gasto progresivo.

El crecimiento económico es el mejor remedio contra la pobreza, pero la necesaria provisión de bienes públicos y redistribución del ingreso corresponden al estado. Sin embargo, por muy diversas razones las democracias tienden a favorecer políticas públicas económicamente ineficientes en aras de sostener coaliciones políticas de distinta índole. Nuestro sistema político es aún más proclive a proteger a grupos empresariales del pago de impuestos, y a beneficiar con el gasto a grandes burocracias antes que a la mayoría de los ciudadanos. En gran medida, la ineficiencia e injusticia de nuestra hacienda pública es legado del corporativismo del régimen priísta, pero 12 años de gobiernos sin mayoría en el congreso, y 9 del PAN, hacen corresponsables ya al resto de nuestros representantes. Y si no entendemos por qué las reglas del juego favorecen esto, podemos esperar sentados a que la democracia produzca resultados distintos.

Aprobación presidencial y agenda legislativa

La popularidad presidencial siempre es un buen tema de conversación pero no es muy claro cuáles son sus implicaciones en el proceso político (más allá de lo electoral).  El Universal de hoy, 20 de septiembre de 2009, publica su más reciente encuesta de evaluación presidencial y me solicitaron comentarla.  Pueden ver mi artículo aquí o líneas abajo. Algunas de mis columnas previas en El Universal están reunidas aquí y aquí (o bien den click a la categoría México a su derecha).

Aprobación presidencial y agenda legislativa

En la opinión de mucha gente el responsable último de buen o mal rumbo del país es el presidente de la República. Por ello, cuando la economía va por mal camino, los presidentes y sus partidos pierden fuerza y tienden a perder el poder, y viceversa. De acuerdo a la más reciente encuesta sobre desempeño presidencial, levantada por Berumen y Asociados entre el 11 y 13 de septiembre pasado, 55% de la población en edad de votar aprueba algo o mucho el trabajo de Felipe Calderón.  Esta cifra revela un declive importante respecto su nivel máximo de aprobación, de 68%, conseguido en abril de 2007. Por otro lado, 71% de los encuestados opina que las cosas han empeorado en México en el último año, y no les falta razón pues la caída del PIB para este año será mayor al 6%. 

Ante la severidad de la crisis económica, ¿por qué no ha caído tanto la popularidad del presidente, como ha sucedido en otros momentos?  Expertos en el tema, como Leo Zuckermann, han apuntado que el gobierno de Calderón ha logrado persuadir a la opinión pública de que la “crisis vino de fuera” y, por otro lado, la guerra contra el crimen organizado le ha dado buenos rendimientos al presidente.  Esta estrategia de imagen parece haber funcionado hasta ahora, pero no debe sorprendernos que, eventualmente, el “premio al esfuerzo de guerra” de Calderón se diluya y su popularidad caiga aún más.

La popularidad presidencial a menudo tiene efectos asimétricos: un presidente impopular le puede costar votos a su partido, como le ocurrió a Zedillo en 1997, o a Bush en 2008. Pero la buena imagen de un presidente no necesariamente se traduce en más votos para su partido: la popularidad de Fox y Calderón sirvieron de poco al PAN en sus respectivas elecciones intermedias.  Contra lo que muchos piensan, el efecto de los medios y las campañas es bastante moderado: aunque la campaña del PAN se centró en la imagen del presidente y el tema de seguridad, los votantes no tuvieron ningún reparo en castigar a este partido por los malos resultados económicos.

¿Qué otras consecuencias tiene la buena o mala administración del capital político del presidente?  Una muy relevante en estos momentos es la capacidad de negociación de la agenda legislativa del ejecutivo.  Junto con el amargo paquete económico para 2010, el presidente anunció una ambiciosa serie de reformas estructurales. ¿Por qué hasta ahora? Los estudios sobre el tema sugieren que siempre es más sencillo impulsar grandes reformas al inicio del mandato—cuando la oposición está desorganizada, el presidente cuenta con un notable apoyo popular y hay tiempo suficiente para diluir los costos iniciales y capitalizar sus resultados de mediano plazo.  Hacerlo a medio camino es mucho más difícil porque los costos políticos y electorales son sumamente elevados.  Por otro lado, por lo general es más sencillo reformar en tiempos de crisis, como los que vivimos ahora, toda vez que los costos de no hacer nada superan los costos políticos antes mencionados.  Y reformar en tiempos de crisis tiene otra consecuencia: de aprobarse, el partido que las impulsa tiende a perder en la siguiente elección.

Tanto Fox como Calderón cometieron un error similar: ambos presentaron una agenda legislativa moderada durante su primer trienio. Su apuesta parece haber sido, primero, consolidar su mandato sin mayores conflictos con el Congreso y, posteriormente, tratar de conseguir una mayoría legislativa en la elección intermedia que les permitiera empujar las reformas estructurales que habían prometido en sus campañas.  Fox decidió no enfrentar al PRI y nunca arriesgó su popularidad. Calderón postergó su agenda de reformas a pesar de que su principal adversario, López Obrador, prácticamente se había inmolado y el PRI estaba débil y fragmentado. 

A Zedillo le tocó iniciar su sexenio con una crisis económica, con niveles de aprobación ínfimos, y se vio obligado a introducir reformas y a hacer ajustes dolorosos con el apoyo del PAN. El electorado pasó factura al PRI tanto en 1997 como en 2000. Paradójicamente, Zedillo dejó la presidencia con niveles de aprobación del 70%. Hoy a Calderón le toca impulsar reformas en medio de una crisis económica y con una aprobación modesta pero en declive. Es posible que el PRI lo apoye en algunas iniciativas, sobre todo en aquellas que le den mayores réditos (como transferencias a estados y control del gasto social) e impliquen mayores costos al PAN (como mayores impuestos).  De nuevo, la factura llegará en 2012.

Lo que provocaron los votos

Mis “primeras reacciones” a la elección del domingo pasado aparecen (updated, claro) en la edición de hoy de El Universal.  Mis “reacciones secundarias”, por cierto, tienen que ver con el papel del nuevo COFIPE, las trampas de nuestro sistema electoral y el efecto de “los medios” en el resultado de la elección, pero volveremos a este más adelante.

Lo que provocaron los votos

“Con los datos del cierre del PREP todo parece indicar que el PAN obtendrá 71 curules de mayoría relativa, 66 menos que las que obtuvo en 2006.  La coalición PRI-PVEM, por otro lado, obtendrá 187 diputaciones de mayoría relativa, 122 más que las que obtuvo hace tres años.  La distribución de curules de representación proporcional es algo más complicada puesto que el PRI llegará al tope de sobrerrepresentación que marca la ley (8 por ciento).

Las casas encuestadoras nos tendrán que explicar por qué casi ninguna de ellas pudo anticipar una brecha de más de 8 puntos porcentuales entre PRI y PAN.  Más allá de eso, comprender cómo 3 millones de votos se traducen en más de 100 curules de diferencia requiere un análisis más cuidadoso.

Tras nueve años en el poder, el PAN no ha podido construir un aparato electoral para contener la maquinaria priísta estatal. El desplome y/o fractura del PRD beneficiaría relativamente más al PRI que al PAN, esto se sabía hace meses y se pudo haber anticipado durante la campaña.  Y al final de cuentas, la crisis económica “que vino de fuera” cobró su factura voto por voto.  El ágil equipo de campaña panista de 2006 brilló por su ausencia.

La jornada electoral transcurrió sin mayores problemas. El PREP 2009 avanzó mucho más rápido porque sólo tuvo que contarse una boleta por ciudadano, en vez de 3, y a un mayor abstencionismo: menos votos que contar conduce a un llenado y captura de actas más rápido.  Al igual que antes, el PREP tiene un sesgo urbano.  En la medida en que los votos nulos “por convicción” son urbanos, el PREP sobreestimó el porcentaje de votos nulos en las primeras horas.  Por ello, los nulos iniciaron por arriba de 7% y cerraron en 5.4%.

El voto nulo también tuvo consecuencias no menores. Asumiendo que al menos 1% de los anulacionistas podrían haber votado por PSD –su perfil sociodemográfico sugiere que esto es plausible, pues muchos de ellos apoyaron a Alternativa/Patricia Mercado en 2006– puede decirse que el movimiento anulacionista hizo perder el registro al PSD.

La izquierda mexicana sigue en pleito consigo misma: En 2006 los votos de Patricia Mercado pudieron haberle costado la presidencia a López Obrador: Alternativa Socialdemócrata consiguió su registro sólo para quebrantarse pocos meses después. Y en 2009 puede decirse que los anulacionistas eliminaron del mapa al PSD. Por su lado, una vez más los perredistas se partieron en 2 o 3 facciones: PRD, PT y Convergencia. Cada líder tiene su partido, pero esto no los ayudará en nada en 2012.

Algunos celebraron haber borrado del mapa un pequeño partido parasitario.  Pero que nadie se confunda, el monto de financiamiento público a los partidos no se reducirá un centavo: éste depende ahora del tamaño del padrón, y no del número de partidos, como antes.  Tampoco disminuirá el número de spots, ni su aburrimiento, por cierto.

Lo que sí cambiará es la distribución de recursos, tiempos y curules entre los 7 partidos sobrevivientes.  Al eliminar del cómputo los votos nulos, no registrados así como los votos del PSD, el porcentaje efectivo de votos y curules de representación proporcional  de los otros partidos aumentará en alrededor de 7 por ciento.  Como bien sabemos, los votos nulos aumentan la sobrerrepresentación de los partidos que mantienen su registro: el porcentaje efectivo de votos del PRI pasó de 36.7 a 39.3% gracias a esto.

¿Eso es mucho o es poco?  Depende de cuánto “te duelan” los diputados de los partidos grandes: Como hay 200 curules de representación proporcional, cada 1% de votos adicionales para un partido equivalen a 2 diputados más.  De modo que los 2.6 puntos más que consiguió el PRI tras eliminar los votos inválidos se traducirán en 5 diputados más.  Para el PAN, el bono de sobrerrepresentación es menor: unas 4 curules más.  Dicho de manera más sencilla, los 4 diputados que hubiera ganado el PSD y los 12 del inexistente “partido anulacionista”, se acaban repartiendo entre los partidos con registro, y los partidos más grandes reciben relativamente más curules.

Pero una curul de más o de menos, o un pequeño partido de más o de menos quizá no son tan importantes.  Las consecuencias importan: el bono de sobrerrepresentación del “movimiento anulacionista” hará más factible que una coalición del PRI y del PVEM consiga la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, o algo muy cercano a ello.  Es la misma mayoría que perdió el PRI en 1997 y que muchos consideran una piedra angular de la transición democrática.  Viendo a futuro, si el PRI consigue la presidencia en 2012 no podremos descartar que también cuente con el Congreso.  Después de todo, ellos saben cómo hacerlo.”

Elección 2009: corte de caja

Es buen momento de hacer un corte de caja tras la elección y contrastar pronósticos vs. resultados.  Pocas casas encuestadoras pronosticaron una ventaja tan holgada para el PRI.  Se habló mucho del voto nulo como movimiento pero se debatió poco el impacto observable del efecto nulo en el umbral de sobrevivencia de los partidos, y su efecto en la sobrerrepresentación de los partidos grandes.  Este es un recuento de lo dicho y publicado por este autor durante la campaña, en orden cronológico. 

Evaluación presidencial. El Universal  (2 de abril, 2009)

“De modo que la popularidad o aprobación del Presidente son por ahora uno de los principales activos del PAN, y es natural que su campaña se concentre en difundir los logros y esfuerzos del gobierno panista. Pero si la campaña del PAN vuelve al Presidente el tema o asunto “central” de la elección intermedia, corre el riesgo de producir una reacción coordinada en su contra: perder el referéndum simbólico y con ello cierta fuerza en la Cámara de Diputados. El presumir logros, o incluso buenas intenciones, no siempre produce simpatías entre votantes ideológicamente contrarios al presidente.”

Preferencias Electorales 2009. El Universal (11 de mayo, 2009)

“(…) En 1997 el PRI perdió 61 curules; y en 2003 el PAN perdió 59 asientos de los 207 con que contaba. Sucede que es común observar que el partido del Presidente pierde fuerza en el Poder Legislativo por muy diversas razones: por un lado los efectos de arrastre de los candidatos presidenciales están ausentes y, por otro lado, se dice que el electorado hace una especie de referéndum sobre la gestión de un presidente que se desgasta más que sus opositores. (…) La ventaja del PRI no es imposible de acortar pero las intenciones de voto por circunscripción son bastante preocupantes para el PAN: el PRI lo aventaja en 3 de 5 circunscripciones por más de 13%; están empatados en una de ellas, y el PAN lleva la delantera en otra. Esta distribución geográfica de las intenciones de voto del PRI hace muy difícil que el PRI no vuelva a ser la primera fuerza en la Cámara de Diputados.”

Votar donde duele (8 de junio de 2009)

“(…) a mayor número de votos nulos, más votos serán necesarios para que cualquier partido sobreviva (a mayor número de nulos, mayor efecto umbral). Sin embargo, aquellos partidos chicos que superen el umbral de 2% de la votación total, acabarán recibiendo más curules RP con relación a las que obtendrían sin los votos nulos (a mayor número de nulos, mayor efecto RP).  El efecto umbral hace la vida difícil a los partidos pequeños. Pero el efecto RP les da más curules a los partidos que sobreviven.”

A un mes de la elección.  El Universal (9 de junio de 2009).

“(…) Hoy vemos que un tercio de los simpatizantes del PRD se inclina ya por otros partidos: 9.5% de ellos hacia el PRI e incluso 7.2% hacia el PAN. Pero quizá es más importante que 5.6% de simpatizantes panistas se inclina hoy por el PRI, mientras que sólo 3.1% de simpatizantes priístas lo hace por el PAN. Es decir, el PRI parece estar atrayendo más intenciones de voto de simpatizantes panistas y perredistas que sus rivales. (…) Las implicaciones de esto son que para el PRI resultará más fácil cosechar asientos de mayoría relativa que para el PAN, aun viéndose empatados en las preferencias nacionales.”

Adios a los spots. El Universal (1 de julio de 2009).

“Con la información disponible a la fecha, el PRI se perfila como la primera fuerza de la Cámara de Diputados, el PAN perderá varias decenas de curules, y entraremos a un complicado e inestable juego de coaliciones por controlar la mayoría del Congreso: esta pueda ser el PRI y algún otro partido (como el Partido Verde). (…) el voto nulo lastima muy poco a los partidos que menos impacto tienen en el proceso político de nuestro país.

“(…) para 2009 podemos hacer un cálculo rápido del impacto del voto nulo en el umbral de sobrevivencia de un partido político en México.  Con 30 millones de votos (digamos que sin ningún voto nulo), el umbral de sobrevivencia de un partido (2%) son 600 mil votos. Con 31 millones de votos (digamos, incluyendo 1 millón de “nuevos electores” que anulan su voto), el umbral sube a 620 mil votos.”   [addendum: al cierre del PREP, el PSD obtuvo poco más de 350 mil votos (aprox. 1% del voto total)]

Adios spots, bienvenida la reflexión

He aquí mi cuarta entrega para El Universal sobre las campañas federales de 2009. La campaña no tuvo sorpresas mayores, salvo que las preferencias efectivas prácticamente no cambiaron en los últimos dos meses. So much for the “new model of media access”: millions of boring spots and zero debates.

“A partir de mañana comienza el llamado “período de reflexión” en que se suspenden los actos de campaña y mensajes proselitistas, así como la difusión de encuestas en medios tradicionales. Resulta algo paradójico que esto ocurra en el momento preciso en que la información sobre candidatos, plataformas y posibilidades reales de triunfo es realmente importante para que la ciudadanía compare alternativas y decida su voto: hoy sería un buen día para sostener un debate entre candidatos locales o federales, por ejemplo.

…el tricolor tiene una ventaja de 6 puntos porcentuales, misma que se ha mantenido prácticamente sin cambio desde mayo a la fecha. Esto es notable porque, a pesar de lo poco atractivas que han resultado las campañas, sí ha habido un gran número de “eventos sorpresivos” (desde la influenza hasta el Michoacanazo, por ejemplo) los cuales uno esperaría que pudieran afectar las intenciones de voto—y que sin embargo no parecen haber tenido un gran impacto.

Por otro lado, destaca que el porcentaje de indecisos ha aumentado de 21.3 a 28.8% a tan sólo unos días de la elección, cuando lo que normalmente ocurre es que la fracción de indecisos se reduce paulatinamente conforme se acercan los comicios. Y es que no todos los indecisos son sofisticados electores esperando los últimos acontecimientos para decidir su voto: a muchos de ellos simplemente no les interesa la elección ni sus consecuencias.

…una ventaja en las urnas de 6%, o más, del PRI sobre el PAN puede traducirse en una mayor ventaja en el número de escaños de la próxima Cámara de Diputados. Como nuestro sistema electoral es mixto, independientemente de si se vota por un candidato ganador o perdedor en cierto distrito, todos y cada uno de los votos a favor de un candidato registrado tienen un impacto en la composición final de la Cámara.

Una novedad de esta elección intermedia es el llamado movimiento anulacionista. De acuerdo a la misma encuesta, la mayoría de ellos son jóvenes, sobre todo hombres, de entre 18 y 39 años, con estudios de licenciatura o más, y que no se identifican con ninguna de las tres principales fuerzas políticas: se trata de votantes sofisticados que tradicionalmente no votaban o lo hacían por partidos pequeños. Aquí la paradoja radica en que un grupo de votantes sofisticados eligen la alternativa de menor impacto en el resultado electoral propiamente dicho, y que es anular su voto. Hay que votar donde duele y el voto nulo lastima muy poco a los partidos que menos impacto tienen en el proceso político de nuestro país (y favorece un poco a los partidos grandes al aumentar su sobrerrepresentación).

Con la información disponible a la fecha, el PRI se perfila como la primera fuerza de la Cámara de Diputados, el PAN perderá varias decenas de curules, y entraremos a un complicado e inestable juego de coaliciones por controlar la mayoría del Congreso: esta pueda ser el PRI y algún otro partido (como el Partido Verde), o puede ser el PAN con algún grupo de partidos pequeños (como Nueva Alianza y, ¿por qué no?, el Partido Verde).

Hace algunas semanas dijimos en estas mismas páginas que no se requiere una gran cantidad de información para decidir por quién votar: Quienes piensen que el rumbo del país (o en su caso, estado, delegación o municipio) está en buenas manos bajo el partido hoy en el poder hoy, deberían apoyarlo. Quienes piensen lo contrario, deberían apoyar al partido con mejores posibilidades de ser un contrapeso a ese partido. Quienes piensen que el rumbo del país requiere un gobierno sin mayoría en el Congreso, no deben apoyar al PAN. Y quienes piensen lo contrario, deberían apoyarlo. Son preguntas acaso sencillas para cada ciudadano en particular, pero con grandes consecuencias en el agregado. Bienvenida sea la reflexión—¡adiós a los spots!—si tan sólo hubiera más (y mejor) información.”

La columna completa está aquí

A un mes de la elección

He aquí mi tercera entrega para El Universal sobre las campañas federales de 2009. Nada nuevo, pero la copio “for the record”.

“Para la mayoría de los votantes resulta lógico y natural no prestar mucha atención al
proceso político-electoral hasta que se acerca el momento de tomar dos
decisiones clave: acudir a votar o no y, en caso de hacerlo, qué opción elegir,
y como no se requiere una gran cantidad de información para tomar estas poco
costosas decisiones, basta hacer caso omiso del ruido electoral hasta unos días
antes de la elección.

Antes de este periodo las intenciones de voto reflejan principalmente la llamada afinidad partidista y existe una gran incertidumbre de hacia dónde se inclinarán los votantes indecisos o independientes —si acaso votan, claro está.

Las elecciones intermedias tienden a generar poco interés por parte del electorado: es una contienda con muchos candidatos (baste ver la lluvia de nombres y rostros en los pendones y bardas de cada pueblo o colonia), de quienes poco se sabe y poco se espera, toda vez que casi nadie conoce las funciones de un legislador. El Congreso es un poder colectivo sin nombre propio en el que la atribución de responsabilidad se diluye fácilmente: todo lo malo de la política se debe a la “bancada de enfrente”.

(…)

“Por último, existen ciertas voces a favor de anular el voto este 5 de julio. El argumento, al parecer, estriba en dar una señal fuerte a los partidos políticos del descontento e indiferencia que generan entre un grupo de ciudadanos. Tomarse el esfuerzo de acudir a las urnas y anular el voto resulta una intención acaso encomiable, como lo es el acto cívico de votar por quien sea, pero poco útil en cuanto a sus consecuencias reales. El porcentaje de votos es lo único que importa en una elección, y un voto por un partido rival es mucho más doloroso para cualquier partido que un voto nulo o una abstención.”

La columna completa está aquí

Elecciones intermedias México 2009

El Universal del día de hoy, Lunes 11 de mayo de 2009, me publicó un breve artículo sobre las preferencias electorales al inicio de la campaña.

“Apenas comenzaron las campañas oficiales rumbo a la elección de diputados federales y ya es común preguntarnos cómo afectará la influenza el resultado del 5 de julio próximo y, sobre todo, si ésta beneficiará o perjudicará al PAN. Antes de especular vale la pena repasar lo que ha ocurrido en elecciones intermedias recientes. En 1997 el PRI perdió 61 curules; y en 2003 el PAN perdió 59 asientos de los 207 con que contaba. Sucede que es común observar que en elecciones intermedias el partido del Presidente pierde fuerza en el Poder Legislativo por muy diversas razones: por un lado los efectos de arrastre de los candidatos presidenciales están ausentes y, por otro lado, se dice que el electorado hace una especie de referéndum sobre la gestión de un presidente que se desgasta más que sus opositores…”

Pueden leer el resto aquí.

Una columna previa sobre popularidad presidencial, publicada el jueves 2 de abril de 2009, está aquí.

Gobernar sin mayoría, otra vez

La revista Expansión pidió mi opinión sobre el “balance político” de Calderón a los 365 días de haber iniciado su mandato.

Gobernar sin mayoría, otra vez

Felipe Calderón llegó a la presidencia tras una elección sumamente cerrada y un conflicto poselectoral más tenso aún. Con tales antecedentes, la expectativa natural era un primer año plagado de enfrentamientos y golpeteo con sus opositores: ¿podría el Presidente salir a la calle o mantener un control mínimo del gobierno?

Doce meses después, el escenario político no podía ser más contrastante. Es difícil negar que superó las previsiones de muchos: paradójicamente, cuanto más pesimistas eran las expectativas iniciales, mejor resulta el saldo aparente hoy día. ¿Cómo explicar esto? Vayamos por partes.

¿Importa tanto el Presidente? Sí. El Poder Ejecutivo y el Legislativo parten de una perspectiva diferente de la política: el Presidente busca implementar cierto programa de alcance nacional con el aparato administrativo bajo su control, mientras que el Congreso provee un foro de representación y negociación para los diversos partidos políticos. Más allá de sus facultades constitucionales, el Ejecutivo tiene un liderazgo clave para el país y frente al Legislativo.

El pasado importa. Los excesos del presidencialismo priista nos heredaron desconfianza en sus facultades: mala cosa si el Presidente puede hacer demasiado. Por otro lado, el errático gobierno foxista produjo desilusión: el Presidente no podría lograr nada sin una mayoría en el Congreso.

Tras nueve años de gobiernos sin mayoría, muchos apuntábamos que cierta parálisis era inevitable: no habría reformas grandes ni pequeñas hasta que las reglas del juego cambiaran los escasos incentivos para la negociación. Las reformas del primer año calderonista nos obligan a reconsiderar los alcances y límites de nuestro sistema presidencial.

No todos los gobiernos divididos son iguales. En 1997, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados pero no en el Senado. En 2000, el PRI dejó Los Pinos y la mayoría en ambas cámaras, pero se fue la primera fuerza legislativa. Hasta 2006 el PRI fue, por primera vez, tercera fuerza en diputados y segunda en senadores. Con un priismo debilitado, el poder de negociación del Ejecutivo favorece al panismo.

Errores de los rivales. Calderón aprovechó los errores de López Obrador durante la campaña y otro tanto en su primer año. Cuando el PRD se retira de la mesa de negociaciones, propicia el acuerdo entre PAN y PRI (pero no lo abarata). En vez de construir una coalición opositora, la estrategia del PRD facilitó una coalición gobernante: curiosamente, al desconocer al Presidente facilitó su legitimación.

Año de reformas. Las pensiones del ISSSTE, una reforma electoral constitucional, algo parecido a una reforma fiscal y un presupuesto aprobado en tiempo y forma, se pueden contar como éxitos tanto del presidente como del Legislativo. Se puede estar en contra o a favor del contenido, pero es difícil negar que evidencian una relación productiva entre ambos poderes.

El estilo personal. Sin tener gran carisma, Calderón sacó provecho de un buen manejo de imagen y discurso. Mostró una rápida capacidad de respuesta ante los imponderables, un celoso control de su gabinete y cierta disciplina y mesura en sus discursos. Basta contrastar la dupla  Fox-López Obrador con la de Calderón y Marcelo Ebrard para destacar cómo la clase política avanza en su profesionalismo.

Aún es muy pronto para saber si, en su afán por destrabar negociaciones, Calderón sacrificó demasiado en términos del contenido de las reformas o en otro tipo de concesiones. ¿Valen la pena reformas cocinadas al vapor?

El saldo electoral del panismo este año muestra un pobre esfuerzo o una estrategia: ¿acaso se decidió ceder algunas plazas con tal de contar con el apoyo del PRI? Será en 2009 cuando veamos si éste fue un precio muy alto.