Mi blog de esta semana en Animal Político, Covarianzas, discute algunos problemas del “modelo chino” y la difícil relación entre democracia y desarrollo.
Con la visita del presidente chino a México, Xi Jinping, no se han hecho esperar las discusiones sobre las ventajas y desventajas del “modelo chino” de desarrollo. Para algunos comentaristas, el rápido crecimiento de la economía china es evidencia suficiente de que el “modelo chino” es superior al “decadente capitalismo de occidente”. Para otros observadores más cuidadosos, la experiencia reciente de China y otros países asiáticos es un verdadero reto ante la creencia común de que “sin democracia no hay desarrollo”. En este blog discutiré algunas ideas sobre ambos temas: el modelo chino vs. el capitalismo occidental, y la difícil relación entre democracia y desarrollo.
Los admiradores del modelo chino enfatizan su impresionante récord de crecimiento: el PIB de China ha crecido, en promedio, a una tasa anual de 10% en los últimos 30 años (1981-2011, para ser más precisos). Todo un milagro económico. Por otro lado, la superpotencia Estados Unidos ha promediado tasas de crecimiento de sólo 2.7% en el mismo período. Entretanto, en México este promedio ha sido de un mediocre 2.5% anual. Visto así, vaya que hay que deprimirnos: el partido comunista chino descubrió una receta que ni Salinas, Calderón, Reagan u Obama han encontrado.
El crecimiento económico es quizá la mejor receta para combatir la pobreza: 680 millones de chinos dejaron de ser pobres entre 1980 y 2010. Tras el milagro chino, y otro tanto en la India, el mundo hoy es menos pobre y menos desigual que hace 30 años. Pero nada es gratis: se estima que la desigualdad del ingreso ha aumentado tanto en China como en India. Y para combatir la desigualdad hacen falta políticas públicas redistributivas como las que esperan y exigen los votantes de casi todas las democracias más o menos funcionales.
A menudo se dice que el PIB per cápita no lo es todo, pero lo cierto es que casi cualquier indicador de bienestar social tiene una fuerte asociación con el ingreso per cápita: escolaridad, expectativa de vida, acceso a internet, etc. La siguiente gráfica ilustra la evolución del PIB per cápita en seis países selectos entre 1960 y 2011 (con base en datos del Banco Mundial): China, India, Brasil, México, Estados Unidos y Japón (como en los chistes: 2 ricos, 2 latinos y 3 asiáticos). En 2011: el PIB per cápita de China fue de 5,400 dólares, el de México 10 mil y el de Estados Unidos 48 mil. Es claro que China aún tiene un largo camino por recorrer (y lo está corriendo rápido).
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