About Javier Aparicio

Profesor de la División de Estudios Políticos del CIDE, en México. (Assistant professor in the Political Studies Division at CIDE).

Cuotas de género en México

El 26 de mayo pasado se presentó mi trabajo “Cuotas de género en México: candidaturas y resultados electorales para diputados federales 2009” en la Feria del Libro Jurídico, en Guanajuato. El texto forma parte de la serie “Temas selectos de derecho electoral“, editada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

“Este artículo examina, desde una perspectiva de género, el proceso electoral federal en México en el año 2009. En concreto, se analiza el impacto de las cuotas de género en tres aspectos clave del proceso electoral: primero, la distribución de género en las candidaturas a diputado federal, tanto por el principio de mayoría relativa como por el principio de representación proporcional; segundo, la relación entre el género de las candidaturas y la competitividad electoral de los distritos de mayoría relativa en que son postuladas las candidatas de los principales partidos políticos; y tercero, el efecto de las cuotas en el resultado electoral propiamente dicho y la composición de las bancadas de cada partido político nacional.”

Más notas sobre género y elecciones en este blog.

Alternancia municipal en México

El día de hoy, Esteban Guzmán Saucedo defendió la tesina “Determinantes de la alternancia política a nivel municipal en México, 1988 a 2008” para obtener el título de Licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE.

Si bien la (posibilidad de) alternancia se considera un elemento sustancial de una democracia, hay pocos estudios sistemáticos que nos permitan estimar con cierta generalidad los determinantes de la alternancia en los municipios mexicanos. A partir de los datos electorales de CIDAC, Esteban construyó una base de datos con los resultados electorales municipales entre 1988 y 2008, y a partir de ella construyó un indicador binario de alternancia para cada municipio. Esta variable se actualiza cada tres años dependiendo del calendario electoral de los estados.

¿Hay estados con más alternancia que otros? Un primera aproximación puede hacerse calculando la proporción de municipios de cada estado que han tenido alternancia en un período dado. La siguiente figura ilustra los estados con alternancia alta, moderada, poca o nula–medido en el período 1988 – 2008. Vale la pena destacar, por ejemplo, que hay una mayor proporción de municipios con alternancia en estados como Veracruz, Michoacán y Guerrero, que en estados como Nuevo León o San Luis Potosí. Hasta 2008, 240 municipios mexicanos no habían tenido alternancia.

La proporción de municipios con alternancia al interior de un estado también cambia a lo largo del tiempo. En México, en general ésta aumentó a lo largo de los noventas para luego estabilizarse en algunos estados, o incluso disminuir en otros. La siguiente figura ilustra la historia de la alternancia municipal en cada estado entre 1988 y 2008.

Evidentemente, la variable dependiente de interés es la probabilidad de alternancia de cada municipio, misma que puede estimarse con un modelo panel logit. En su tesina, Esteban estimó el efecto de diferentes factores que, según la literatura exitente, pueden producir alternancia: participación electoral, cultura cívica, gobiernos yuxtapuestos y niveles de marginación, controlando por otros factores (población, número efectivo de partidos, coaliciones, efectos municipales y anuales). Los principales resultados son: 1. Tanto participación como mayores niveles de educación (proxy de cultura cívica) aumentan la alternancia esperada. 2. La yuxtaposición entre estado y municipio tiene un mayor impacto que aquella entre gobierno federal y municipal. 3. Una vez que se controla por educación y población, la marginacion no tiene un impacto significativo en la probabilidad de alternancia. Hay más resultados interesantes, pero mejor léanla.

Elecciones en España 2011

Cada elección cuenta una historia.  En las elecciones municipales de 2007, la votación total del PP apenas superó al PSOE por 0.7%. Con ese estrecho margen a nivel agregado, el PSOE gobernaba en 23 capitales de provincia y el PP en 22. En la elecciones del 22 de mayo de 2011, el margen entre el PP y el PSOE en la votación total aumentó a 9.7% –una brecha nunca antes vista en años recientes– con lo que el PSOE tuvo derrotas en un gran número de ciudades y provincias (como Barcelona, por ejemplo).

Sin ser conocedor de la política local en España destacan varios aspectos:

  • Una alta participación electoral en elecciones locales: 66.2 vs. 63.3% en 2007. En elecciones parlamentarias el promedio histórico es aún mayor: 74% entre 1977 y 2008.
  • Entre 2007 y 2011, el voto del PP sólo aumentó en 1.5 puntos, al pasar de 36 a 37.5%–pero suficiente para conseguir el triunfo en la gran mayoría de las capitales de provincia (sobra decir que el dato promedio oculta la dispersión regional del voto).
  • Por otro lado, el voto del PSOE se desplomó de 35.3 a 27.8%. Al parecer, estos votos se fueron a partidos pequeños como el IU, CIU y a votos nulos o en blanco.
  • El voto nulo o en blanco aumentó de 3.12 a 4.23%, por lo que no se le puede atribuir el grueso del desplome del PSOE.
  • Estos datos ponen de relieve la mayor eficacia del voto de castigo frente al voto nulo. Sin duda muchos alcaldes del PSOE captaron una señal clara del descontento ciudadano: perdieron su chamba.
  • También destaca que los partidos minoritarios y regionales suman más de 34% de votos pero no cosecharon triunfos de manera proporcional.
  • El sesgo bipartidista del sistema electoral Español es mucho más claro en las elecciones parlamentarias. Se trata de un sistema con representación proporcional que, sin embargo, induce un sesgo mayoritario y una sobrerrepresentación regional. Pero eso vendrá después.

Partido

%2007

%2011

Dif.

PP

36.01%

37.53%

1.52%

PSOE

35.31%

27.79%

-7.52%

IU

5.54%

6.31%

0.77%

CIU

3.29%

3.45%

0.16%

Otros

19.85%

24.92%

5.07%

Nulos+blanco

3.12%

4.24%

1.12%

Participación

63.27%

66.23%

2.96%

Voto nulo ¿otra vez?

¿A quién benefician los votos nulos? Al partido dominante en la contienda electoral. ¿Por qué? Simple: los votos nulos no cuentan en el porcentaje de votos válidos. De modo que si algún partido político está sobrerrepresentado, ésta aumentará conforme haya más votos nulos.

En 2009 el porcentaje de votos nulos, más el de candidatos no registrados, más los votos por el PSD  (5.4%, 0.18% y 1.03%, respectivamente) sumó 6.6%.  Al eliminarse estos votos, el porcentaje de votación válida de cada partido subió en esa proporción: así, el 36.7% de la votación total del PRI se convirtió en 39.3% del voto válido. Nadie sabe para quién tabaja.

Algunos anulistas aducen que el “valor simbólico” del voto en blanco bien vale un “poquito” de sobrerrepresentación. Otros de plano ignoran este efecto aritmético. Otros disfrutan haber ayudado a la desaparición del PSD (el voto nulo eleva el umbral de representación de un partido). Otros aducen que la reforma política no hubiera llegado hasta donde está (atorada en Toluca, según dicen) de no ser por el látigo del voto nulo. ¿Será?

¿De haber querido hacerlo, por qué partido hubieran votado los anulistas del 2009? ¿Eran abstencionistas o tenían alguna preferencia partidista latente? La respuesta no es nada sencilla. Una primera aproximación consiste en analizar la correlación entre votos nulos y resultados electorales. La siguiente gráfica ilustra la correlación entre el porcentaje de votos nulos observado en 2009 y los resultados electorales para el PRI, PAN y PRD en ese mismo año. Como se aprecia, la correlación más importante entre voto nulo y voto partidista se da con el PRI (-0.53). por otro lado, existe una correlación positiva entre el voto nulo y el voto del PRD (0.23).

La siguiente gráfica contrasta el el voto nulo 2009 con los votos obtenidos en 2006 en la elección de diputados de mayoría relativa. La correlación entre nulos 2009 y voto PRI 2006 ahora es de -0.60. En general, ambas gráficas son muy similares e indican que el voto nulo fue mayor en los distritos donde el PRD tenía mayor fuerza electoral, y donde el PRI era relativamente más débil. Por otro lado, la relación entre voto PAN y voto nulo es la más tenue de las tres. Así las cosas, ¿de dónde salieron los anulistas del 2009? (But remember: correlation is not causation!)

Estas son las matrices de correlación que sintetizan los resultados de los diagramas de dispersión anteriores:

Matriz de correlaciones entre %votos nulos 2009 y % votos MR 2009  
             | shnulos09  shpan09  shprd09  shpri09
-------------+------------------------------------
   shnulos09 |   1.0000
     shpan09 |  -0.1026   1.0000
     shprd09 |   0.2306  -0.6958   1.0000
     shpri09 |  -0.5360  -0.0868  -0.4591   1.000

Matriz de correlaciones entre %votos nulos 2009 y % votos MR 2006
             | shnulos09 shpan06  shprd06  shpri06
-------------+------------------------------------
   shnulos09 |   1.0000
     shpan06 |  -0.0063   1.0000
     shprd06 |   0.3261  -0.8227   1.0000
     shpri06 |  -0.6061  -0.1584  -0.4077   1.0000

Aquí encontrarán más entradas en este blog sobre el voto nulo. José Merino también analizó este tema con detalle, por cierto.

Los matorrales de la Reforma Política

Lo que sigue es un rant. Creo que hay un argumento subyacente pero hoy no tengo tiempo de pulirlo. Bajo advertencia no hay reclamación.

Un argumento común en el debate en torno a la reforma política tiene la siguiente forma: “La reforma política X no es suficiente (¿qué lo es?) / no es varita mágica (¿en serio?) / no resuelve nada (¿así de plano?). Por lo tanto mejor A) quedémonos como estamos, o B) esperemos a que alguien diseñe la reforma- integral-que-resuelva-todo rápido y bien con el consenso-de-todos-y-sobretodoyo”

El diablo está en los detalles, sí, pero a veces da mucha flojera tener que discutir una y otra vez con argumentos que se pierden en los efectos de segundo orden (“qué difícil sería acomodar X en el COFIPE” / “los principales beneficiarios de X son malos”) antes que ver los de primer orden (“los actores políticos tendrían mejores incentivos con X que sin X y eso beneficia a los votantes”). Aún así, nunca falta el experto que te quiere apantallar con su conocimiento profundo… de los matorrales.

Ejemplo 1: La reelección no es buena idea porque algunos caciques se enquistarían en el poder. No es suficiente porque no hay rendición de cuentas. Además mira el COFIPE: ¿cómo asignar financiamiento público y acceso a medios cuando hay incumbents? ¿Quién vigilaría los “actos anticipados de campaña” en un mundo con reelección? ¿Cuándo empieza la precampaña de un incumbent? Esas cosas funcionan en otros países pero no estamos listos…

Ejemplo 2: Las candidaturas ciudadanas no son buena idea porque sólo los ricos, los narcos o los famosos se beneficiarían de ellas. No son suficientes porque pueden producir ingobernabilidad. Es más, son irrelevantes porque, a la hora de la hora, actuarían igualito que los políticos partidistas. Además el COFIPE dice que…

Pues sí. Es complicado. Implementar X toma tiempo. Quizá no funcione al principio (¡es lo más seguro!). Quizá X beneficie más a un partido que a otro en el corto plazo. Quizá haya que rehacer el COFIPE una-vez-más.

Por supuesto que estas y otras complicaciones importan (unas más que otras, debo decir). Sin embargo, hay un cúmulo de literatura teórica y empírica que sugiere que algunos mecanismos y reglas son mejores que otros. Un sistema con reelección induce un mejor comportamiento de los representantes políticos. Menores barreras a la entrada, como las candidaturas independientes, producen mayor competencia. Y mayor competencia política entre representantes con mejores incentivos es mejor para los votantes que menos competencia y peores incentivos.

Pero si sólo miramos a nuestros políticos tal y como hoy actúan (bajo las reglas vigentes), o nos perdemos en los vericuetos del COFIPE y sus parches, siempre será fácil encontrar una falacia que sirva de pretexto a los beneficiarios del statu quo.

El derecho a votar y poder reelegir a nuestros representantes es más importante que los matorrales. El derecho a ser votado con o sin partido y, en su caso, buscar la reelección, también.

[Addendum 12 mayo 2011: Por si no lo han notado, el truco de mi alegato es asumir que las desventajas de  X son de segundo orden, mientras que las ventajas  son de primer orden. Habría que explicarlo o demostrarlo en vez de asumirlo. Por eso advertí que esto era un rant. Si hay tiempo y ganas, intentaré hacerlo más adelante.]

¿Ejército como policía?

Según la más reciente encuesta del Latin American Public Opinion Project (LAPOP) para México (febrero 2010), una mayor proporción de mexicanos confían en el ejército (72%) que en la policía (36%), mientras que la confianza en el gobierno (60%) y el sistema judicial (48%) se ubica entre ambos extremos.

Confianza institucional: LAPOP 2010

¿Qué ocurre cuándo se le encargan al ejército funciones policiales? ¿mejora o empeora la confianza en el ejército y en las instituciones en general? Esta pregunta fue analizada por John Bailey, Pablo Parás y Dinorah Vargas (presentación powerpoint en pdf) en el Seminario Desafíos de la Política Mexicana: Visiones desde el Barómetro de las Américas, en enero pasado.

¿Cómo interpretar esta evidencia? Podrían preguntarle a Sandra Ley (CIDE 2006 / hoy candidata al doctorado en Ciencia Política en Duke University).

Cláusula de gobernabilidad

Todo parece indicar que está por desatarse una renovada discusión sobre la llamada “cláusula de gobernabilidad”–o lo que en ciencia política se conoce como majority-assuring electoral systems. ¿Es democrática este tipo de regla? Según Shugart y Wattenberg (Mixed-Member Electoral Systems: The Best of Both Worlds?, 2003, pág. 14), muy pocos países tienen cláusulas de gobernabilidad. México la tuvo entre 1988 y 1991, y Corea del Sur entre 1987 y 1996. En años más recientes, Camerún y Chad también la tuvieron. Según los mismos autores, estos sistemas son raros y a menudo se encuentran en países con dudosas credenciales democráticas.

El contrasentido de la cláusula de gobernabilidad es obvio: si se quiere garantizar o “facilitar” una mayoría, vayamos a un sistema electoral mayoritario y punto.  Pero tener un sistema electoral mixto –que precisamente busca dar una mayor proporcionalidad y pluralidad al Congreso– y parcharlo con este tipo de cláusulas es un despropósito.  No hace falta ser un “proporcionalista puro” para darse cuenta que la cláusula de gobernabilidad implica quitarle curules a un partido (ganadas con votos, por cierto) para dárselos a otro que no las ganó, violando un principio básico de un sistema electoral: que contar con mayores votos nunca implique menos asientos. Acaso eliminar el tope de sobrerrepresentación del 8% (otra rareza en un sistema mixto) aumentaría la probabilidad de que algún partido consiguiera una mayoría legislativa pero sin “quitarle” votos o curules a otros partidos, tal y como lo hace la cláusula de gobernabilidad.

Pongamos un ejemplo “con manzanitas”. La siguiente tabla presenta un caso hipotético de tres partidos bajo un sistema con y sin cláusula de gobernabilidad del 35%. En el panel superior la primera fuerza política consigue 34% de votos y 34% de curules (asumiendo una regla proporcional) y las fuerzas menores están empatadas con 33% de votos (¿sounds familiar?).  En el panel inferior, bajo cláusula de gobernabilidad, el partidote consigue 35% de votos y el partidito 32%: al aplicar la cláusula el primer partido recibiría 251 curules o 50.2% de la cámara. Por otro lado, la segunda y tercera fuerzas de este ejemplo, y que sólo recibieron 2 y 3% de votos menos que el partidote, reciben 25.2 y 24.6% de los asientos, respectivamente (asumiendo una regla proporcional entre las 249 curules restantes).

A. Sistema proporcional SIN cláusula de gobernabilidad
Partido % Votos # Curules % Curules
PARTIDOTE 34% 170 34%
PARTIDO 33% 165 33%
PARTIDITO 33% 165 33%
B. Sistema proporcional CON cláusula de gobernabilidad
Partido % Votos # Curules % Curules
PARTIDOTE 35% 251 50.2%
PARTIDO 33% 126 25.2%
PARTIDITO 32% 123 24.6%

Dos preguntas para los defensores de esta regla: ¿Cómo justificar una penalización tan desproporcional ante un cambio de 1% en las preferencias entre un ejemplo y otro? ¿Bajo qué teoría democrática este sería un resultado deseable?

EL CASO DE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL DF

Curiosamente, la implementación de las cláusulas de gobernabilidad puede generar complicaciones y, de hecho, no siempre acaba beneficiando a quien las propone inicialmente. El mejor ejemplo es la ALDF, donde aún existe una cláusula de gobernabilidad para el partido que gane más curules de mayoría y que reciba al menos el 30% de votos. Esta cláusula fue introducida por el PRI (es un decir) en 1990 como una manera de “controlar la Asamblea” aún en caso de perder fuerza electoral en el DF.

Pero a la larga el cálculo salió mal y de un tiempo a esta parte es el PRD quien se ha beneficiado por dicha cláusula (hoy este partido propone un congreso 100% proporcional, por cierto). En el año 2000 pasó algo no previsto por los ingenieros electorales del pasado: dos partidos consiguieron más de 30% de votos y un número similar de curules ganados en coalición (por un lado el PAN-PVEM con 21, y el PRD y compañía con 18, por el otro). Al final de un largo litigio, ni PAN ni PRD se pudieron beneficiar de la cláusula en ese año. En el año 2003 ocurrió otro galimatías: el PRD ganó 56% de la Asamblea antes del reparto de plurinominales, de modo que el aplicar la cláusula implicaba quitarle curules al mismo PRD. Esto es lo que pasa cuando se introducen reglas electorales con componentes no lineales.

La minuta de reforma política que hoy está en San Lázaro propone elevar la cláusula de gobernabilidad de la ALDF de 30% a 40%–lo cual afectaría principalmente al partido hoy dominante en el DF, el PRD. Dicen que el que las hace no las consiente.

Casar: Mayorías inútiles

El artículo de hoy de María Amparo Casar no tiene desperdicio y pone en evidencia el tipo de “eficacia legislativa” que tiene en mente Enrique Peña Nieto.

Mayorías inútiles
María Amparo Casar
(3 Mayo 2011, Reforma)

Algo pasa que no nos deja avanzar. Y no es precisamente la ausencia de mayorías. El cierre del periodo de sesiones del Congreso nos hizo un favor. Nos mostró que el problema no es de mayorías sino del uso que se hace de ellas y, en su ausencia, de la posibilidad de armarlas, cuando hay voluntad y liderazgo. Las mayorías pueden servir para proponer, aprobar y avanzar pero también para vetar, rechazar y paralizar.

En el Senado no hay partido que tenga mayoría y sin embargo han dado mayores muestras del arte de la negociación para formarlas. Sin mayoría alguna aprobaron reformas constitucionales importantes como la de derechos humanos y la política y varias leyes secundarias.

En la Cámara de Diputados sí hay mayoría: la conforman la alianza PRI-Verde con 258 legisladores y a la que se suma el PANAL para llegar a 267. Y qué hicieron con su mayoría: se negaron a discutir la reforma fiscal, se rehusaron a llevar al pleno la laboral y la de seguridad nacional, vetaron la reforma política e impidieron los acuerdos para nombrar a los tres consejeros del IFE.

Lo que ocurrió con las cuatro reformas demostró para qué sirven las mayorías. La reforma fiscal fue planteada por un senador de su propio partido, pero sus colegas en la Cámara de Diputados le dijeron clarito que no. Les incomodaba su denominación de origen -el senador Beltrones- y el impacto electoral sobre su más seguro candidato. La reforma laboral se negoció con el PAN, se llegó a un dictamen de consenso y al final los priistas la retiraron. Josefina Vázquez Mota acompañada de su bancada los exhibió: retiró la iniciativa del PAN y le firmaron la suya, sin modificación alguna, al PRI. No les importó. Pesó más la amenaza de parte del PRD y de AMLO de hacer movilizaciones que pudieran empañar las elecciones del Estado de México y el costo frente al sector obrero. La de seguridad nacional que recibieron del Senado tampoco les gustó a los diputados del PRI. Propusieron un dictamen alternativo liderado por el diputado mexiquense Navarrete Prida. Los votos les alcanzaban para aprobar una iniciativa con las modificaciones que ellos quisieran pero evaluaron los costos de hacerlo y se arrepintieron. Argumentaron que no se podía legislar al vapor en un tema tan importante. ¿Al vapor? ¡Pero si los senadores se las enviaron hace un año! La reforma política también fue frenada. Necesitaba una mayoría de dos tercios (330 diputados). A la bancada del PRI no le alcanzaban sus votos pero el PAN que tiene 142 diputados le ofreció los suyos. El PRI volvió a quedar exhibido en su negativa. Curiosamente esta iniciativa también llevaba la denominación de origen del presidente del Senado.

La democracia tiene entre sus ventajas la transparencia. Permite conocer la conducta de los políticos. Sabemos quién vota a favor y quién en contra de las iniciativas. Sabemos quién tiene la mayoría para aprobarlas o rechazarlas. Sabemos quién es responsable de que las cosas sucedan o dejen de suceder. Haga usted las cuentas.

La aritmética no miente: el PRI tiene la mayoría de diputados para pasar las reformas legales que hubiesen querido. Si no les parecían las del Presidente, los otros partidos o las de sus propios senadores, bien podían haber propuesto y aprobado las que fueran de su gusto o conveniencia. Pero no. Usaron su mayoría para paralizar, vetar y rechazar.

Lo que sorprende es que Peña Nieto -a quien por error político se ha presumido como el pastor de la bancada- ha planteado públicamente su posición respecto a las mayorías (“Mayorías en el Congreso para un Estado eficaz“, El Universal, 16/03/2010). Él afirma que “México ha vivido más de una década sin grandes reformas porque nuestro sistema dificulta la construcción de mayorías” y que “sin mayorías se pierde la capacidad de decidir y transformar …”. Propone como alternativa para generar esas mayorías eliminar el tope de sobrerrepresentación del 8% que admite la legislación electoral mexicana o introducir la cláusula de gobernabilidad para dar al partido que obtenga el 35% de la votación una mayoría absoluta en el Congreso.

El gobernador debería replantearse el tema. Primero porque ningún país con credenciales democráticas ha optado por la cláusula de gobernabilidad en atención a que implica quitarle votos/asientos a un partido que los ganó para dárselos a otro que no lo hizo. La han tenido Camerún, Chad y Corea del Sur. Segundo porque ha quedado demostrado que la mayoría de su partido en la Cámara de Diputados no ha servido para “decidir y transformar” mientras que la no mayoría en el Senado ha demostrado mayor capacidad para hacerlo.

Reforma Política: dictámenes

  • Minuta del Senado sobre Reforma Política enviada a la Cámara de Diputados el 28 de abril: http://bit.ly/l8j3mp.  Contiene los cambios hechos en el pleno del Senado. En esta versión las candidaturas independientes se permiten desde 2012 y se posibilita la reelección de alcaldes.
  • Dictamen discutido en el pleno del Senado el 27 abrilhttp://bit.ly/kEYWZC.  Incluye resumen de otras iniciativas y exposición de motivos pero no contiene los cambios votados en el pleno. En esta version se permiten candidaturas independientes desde 2012 pero no se permite la reelección de alcaldes.
  • Dictamen del 14 de abril de 2011 discutido en comisiones el 26 de abril  (incluye resumen de otras iniciativas y exposición de motivos). En esta version la reelección legislativa y las candidaturas independientes se permitían hasta 2015 (ver artículos transitorios).
  • En los últimos meses he publicado varias notas sobre reforma política en el blog. Pueden encontrarlas aquí.

Temor a los votantes

No se puede estar en contra de la reelección legislativa y, a la vez, en contra de las candidaturas independientes. Veamos por qué.

Hay quien teme a la reelección porque a) no hay rendición de cuentas suficiente para garantizar que el desempeño legislativo será premiado o castigado adecuadamente. Otros temen que b) las maquinarias clientelares locales producirán fuertes incumbents que no podrán ser derrotados a pesar de un mal desempeño.

Por otro lado, hay quien teme a las candidaturas independientes porque c) serán aprovechadas por candidatos de origen oscuro o indeseable (¡habrá inequidad!). Otros aducen que d) los candidatos independientes serán irrelevantes porque, incluso si ganan una elección, a la hora de legislar o gobernar tendrán que pactar con otros partidos o, peor aún, serán contraproducentes porque estarán “muy solitos” (¡habrá ingobernabilidad!).

Por separado, estos cuatro argumentos son discutibles pero, a grandes rasgos, los argumentos contra la reelección temen al abuso de “partidos ambiciosos” y los argumentos contra los candidatos independientes temen al oportunismo de “ciudadanos ambiciosos”. Considerar estos cuatro argumentos en conjunto equivale a temer tanto a partidos como a ciudadanos, lo cual es una contradicción.

En lo que sí coinciden ambos tipos de argumentos es en esto: no confían en los votantes y su capacidad para premiar o castigar a los candidatos, con o sin partido. La verdad, con tanto temor a los votantes resulta difícil defender cualquier democracia. Pero si le damos el beneficio de la duda a los votantes, resulta obvio que:

  • La reelección fortalece al legislativo frente al Ejecutivo y al legislador frente a los líderes partidistas, al tiempo que acerca a representantes con representados.
  • Las candidaturas independientes, por su parte, fortalecen al ciudadano como votante (le dan más opciones) pero también como aspirante (fortalecen su derecho a ser votado)–tal cual, aunque se incomode el COFIPE y los defensores del mantra “no-hay-democracia-sin-partidos”.
  • Curiosamente, tanto la reelección como las candidaturas independientes inducen a los partidos a buscar mejores candidatos y challengers, al tiempo que incentivan un mejor desempeño de los incumbents.

Nada nuevo aquí: así funcionan la inmensa mayoría de las democracias. Pero vale la pena repasar el librito de texto en estos días en que se discute (lo que queda de) la reforma política.

Más entradas en este blog sobre reforma política.

¿Habrá reforma política?

Mañana se votará en el pleno del Senado una versión modificada del “Dictamen de las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales, de Reforma del Estado y de Estudios Legislativos con Proyecto de Decreto que reforma y adiciona diversos artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de reforma política.”

Aunque todo parece indicar que la reforma será aprobada en el pleno del Senado, ignoro si ésta sobrevivirá a la cámara revisora. Aunque la cobertura noticiosa no lo indique, ni los mismos senadores quieran anunciarlo con bombo y platillo, el aspecto fundamental de la reforma consiste en permitir la reelección legislativa a partir de 2015. Otras medidas destacadas pero, en mi opinión, de menor impacto en el mediano y largo plazo, son la iniciativa preferente para el Ejecutivo y las candidaturas independientes o ciudadanas. Otras buenas ideas, como la segunda vuelta, han quedado en el camino.

De último minuto, el dictamen del Senado se modificó mediante un voto particular para permitir las candidaturas independientes desde 2012, mientras que el dictamen original las planteaba hasta el 2015 (ver pág. 50). Si bien las candidaturas independientes son normativa y positivamente deseables, su implementación requiere profundas revisiones al COFIPE.  Entre otras cosas, la regulación electoral vigente en México está diseñada para proteger y subsidiar, directa e indirectamente, a los partidos políticos y sus candidatos. Por ejemplo, tan sólo revisar el financiamiento y acceso a medios para candidatos independientes bastaría para poner en serios aprietos el diseño actual del COFIPE. Más allá de estas dificultades, resulta dificil imaginar que Peña Nieto y/o los diputados del PRI quieran modificar las reglas electorales a estas alturas del juego (o quizá sí, pero ya no hay tiempo suficiente). Es por ello que este tema puede convertirse en la “píldora venenosa” (poison pill, en el argot legislativo) de la reforma política en general.

Así las cosas, si la propuesta de reforma llega a la Cámara de Diputados con candidaturas independientes para el 2012, es posible que, ante el reto de realizar al vapor una reforma al COFIPE antes de que inicie el proceso electoral 2011-12, la cámara revisora prefiera a) rechazar la propuesta del Senado, dándole fin al tema por lo que resta de este sexenio, o bien b) modificarla sustantivamente, lo cual obligaría a reenviarla al Senado para una nueva votación para la cual tampoco hay mucho tiempo.

Con esto no quiero decir que, como la implementación de candidaturas ciudadanas es “complicada”, entonces es una mala idea. Pero si el asunto de las candidaturas ciudadanas en 2012 se vuelve el meollo del debate en San Lázaro, se puede poner en peligro la aprobación de la reforma en general. Y esto sería lamentable pues la reelección urge mucho más que las candidaturas ciudadanas.

Tampoco hay que olvidar, por cierto, que a los líderes partidistas no les gusta mucho ninguno de estos temas pues ambos debilitan su poder relativo. En enero de 2010 dije que la reforma política tenía menos de 10% de probabilidad de prosperar. Ojalá me haya equivocado y lo que queda de la reforma sea aprobado en este período legislativo.

He aquí algunas notas previas sobre la reforma política, composición del congresoreelección y candidaturas independientes. Y, por cierto, les recomiendo comprar este libro antes de que se agote el tiraje (o el tema).

Update 28 de abrilMinuta del Senado enviada a la Cámara de Diputados el Jueves 28 de abril de 2011. Este mismo día, el diputado mexiquense Alfonso Navarrete Prida opinó que “no da tiempo” de revisarla en este período y que, vaya sorpresa, las candidaturas ciudadanas son un peligro.

Posner on pundits

Quote of the day, from Judge Richard Posner: “Ordinary people can say stupid things. Brilliant people do it brilliantly.”

(…) Foner and Laqueur are not representative—except in their willingness to make fools of themselves in public by writing precipitately about matters outside their area of professional specialization. That willingness has become widespread among academics.

(…) Academics are smart and fast, and, in nonscientific fields such as law and history, they can be glib. They are able to supply plausible commentary at short notice on pretty much any subject that engages the interest of the public. The greater that interest, the greater the outpouring of instant commentary. But when academics speak off the cuff, especially about matters outside their areas of expertise, quality tends to go to hell. And there is no accountability for their pratfalls. A tenured professor who makes a fool of himself in the media can always retreat to the security of the academy.

Also related, Robin Hanson: Social scientists know lots (“but most public talk by social experts reflects little social science.”)

En busca del Programa 3×1

Covadonga Meseguer y yo llevamos un buen rato estudiando el Programa 3×1 para migrantes. En un primer estudio abordamos la regresividad del programa. En un segundo artículo abordamos el sesgo político-partidista en los proyectos financiados por el Programa. En un tercer documento, bajo un enfoque más cualitativo, reportamos los hallazgos de una serie de entrevistas realizadas a diferentes actores involucrados en el programa en diversas localidades. Tres papers después es fácil perderse “entre los matorrales” pero, en resumen, hemos aprendido lo siguiente:

  1. ¿El programa 3×1 es regresivo? .
  2. ¿Existe un sesgo político en el programa 3×1? Sí.
  3. ¿Este sesgo se debe a las preferencias de los clubes de migrantes (demanda) o a la acción estratégica de los actores gubernamentales involucrados (oferta)? Al parecer, se debe a la oferta.
  4. ¿Y si el sesgo se debe a los políticos, este proviene de la federación, de los estados o los alcaldes, o todos por igual? Al parecer, se debe a los alcaldes… pero hay muchos peros.

La evidencia estadística permite responder fácilmente las primeras dos preguntas. Sin embargo, la tercera y cuarta preguntas no se pueden responder del todo con la información estadística disponible (aunque tenemos varias pistas). Por ello recurrimos al trabajo de campo. La narrativa cualitativa es densa y larga, pero podríamos comenzar con una tabla cruzada y una gráfica.

Cada año, alrededor de 350 municipios han participado con al menos un proyecto 3×1. En 2002, sólo 247 municipios participaron y esta cifra ascendió a 443 para 2007. A lo largo de este período, 24.4% de los municipios fueron gobernados por el PAN (2941 observaciones municipio-año). Sin embargo los municipios panistas representan 32.3% de los municipios beneficiados por el programa. Los municipios perredistas también están ligeramente sobrerrepresentados entre los beneficiarios del programa, mientras que los municipios del PRI están subrepresentados (53% de observaciones vs. 42.9% de participación).

Una prueba chi cuadrada indica que la filiación partidista y la participación no soon independientes. ¿A qué puede deberse este sesgo partidista? ¿Acaso se debe a que dos de los estados de mayor migración y participación, Jalisco y Zacatecas, no son priístas? ¿Acaso los migrantes de municipios panistas están más organizados o interesados en el programa?

Otra forma de abordar el asunto es comparar estados panistas con no panistas. La siguiente figura ilustra la proporción de recursos 3×1 destinados a cada uno de los 4 estados con mayor participación en el 3×1 entre 2002 y 2007. Como se aprecia, Zacatecas fue la punta de lanza del programa pero paulatinamente fue alcanzado por Jalisco. La participación de Guanajuato, otro estado panista, también ha crecido aunque en menor medida que Jalisco. ¿Cómo explicar esta evolución diferenciada entre un estado y otro?

Para estimar el efecto partidista controlando por otros factores relevantes –tales como población, ingreso, migración, marginación, etc.– ajustamos modelos de regresión. Estimamos modelos panel, modelos Heckman, modelos zero inflated negative binomial, propensity score matching (sí, la evidencia indica que nos gusta estimar regresiones).

El resultado central de los modelos de regresión es este: la filiación partidista del municipio afecta sobre todo la selección (o participación) en el programa, pero no así los montos recibidos: los municipios panistas tienen una mayor probabilidad de participar en el programa pero no reciben más fondos que otros municipios participantes. Por otro lado, los bastiones de cualquier partido invierten más recursos en el programa que los municipios electoralmente más fragmentados.

Este resultado coincide –por si pensaban que “no tenemos una teoría subyacente”– con la predicción de Cox & McCubbins (1986) y contradice la de Dixit & Londregan (1996): el programa 3×1 parece favorecer a core supporters.  Pero ¿por qué los alcaldes (o los clubes de migrantes) de un municipio reñido o electoralmente fragmentado no buscarían beneficiarse de este programa? Nuestro tercer paper ofrece una respuesta tentativa…

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